Etiquetas

, , ,

Eran cerca de las cuatro de la tarde del domingo cuando recibí el llamado de Paula al celular, mientras hablaba por el teléfono fijo de casa con Moni I. Hacía media hora me había llamado Marisa y al cortar con Paula recibí un mensaje de texto de Marcela. Ante la mirada de un resignado Juan comencé a vestirme; en ese sentido, las mujeres podemos ocuparnos de hablar con una amiga por teléfono, contestar un mensaje de texto y colocar rimmel en las pestañas, todo ello con la debida atención.

María Elena y Paula ya estaban instaladas en la vereda de “Corso” cuando llegué, pero el avance de las nubes de tormenta hizo que nos trasladáramos al interior del lugar. Ellas pidieron su segunda ronda de café y me dispuse a divertirme con las aventuras de ambas, que se encuentran en ese estado intermedio de quiénes han dejado de estar en pareja desde hace tiempo, sin hijos y sin necesidad de volver a convivir con otra persona.

Es un estado intermedio porque fluctúan entre la romántica idea de recomponer sus vidas al lado de alguna persona de sexo masculino, y la certeza de que no desean ocuparse de nadie que no sea ellas mismas. En tal sentido, se pronuncian categóricamente respecto de las bonanzas de la vida en pareja y del placer que genera una buena compañía; para contradecirse al narrar que desestiman una invitación que han anhelado de algún personaje masculino por no dejar de lado la peluquería, o porque el desubicado pretendiente no tiene en cuenta que esa noche algún canal de cable proyecta una película de especial interés.

En consecuencia, María Elena recibió finalmente la invitación para salir a tomar un café de un hombre que le agrada desde hace tres años, y la rechazó porque era jueves y debía concurrir a la sesión de mantenimiento de las extensiones; en tanto que Paula concurrió al homenaje a Astor Piazzolla en el Teatro Colón con un extraño personaje, cuyo sueño es tener una casa rodante de dos pisos para trasladar a turistas a lugares elegidos por él, quien dormiría en lo alto mirando las estrellas. No nos quedó claro por qué alguien iría de vacaciones a un lugar elegido por otra persona; tampoco si el segundo piso tendría techo o estaría descubierto, de manera similar a los autobuses turísticos que circulan por las diversas ciudades del mundo.

Quizás un día alguna de ellas o ambas conozcan a alguien, que sea lo suficientemente importante como para dejar de lado gustos personales y necesidades cosméticas. Mientras tanto, espero que sigan transitando con la coherencia de obedecer únicamente a su voz interior, para compartir entre carcajadas nuevas anécdotas en las tardes de domingo.

Un lobo de las finanzas

Wolf (fuente IMDB)Con la llegada de los días previos a otoño se produce una mutación en mis hábitos: en lugar de las salidas nocturnas comienzo a retraerme naturalmente hacia la caverna hogareña, y el sillón del living con una manta a mano es el sitio elegido para mirar una película, con Juan al lado y nuestros gatos durmiendo alrededor.

El lobo de Wall Street” fue la película elegida la noche del sábado para instalarnos cómodamente, a fin de apreciar la última creación de Scorsese protagonizada por Leonardo DiCaprio, ya consagrado como actor pese a su imagen de niño rubio que los años no han variado en demasía.

La historia reproduce la vida real de Jordan Belfort, corredor de bolsa de Wall Street que se hizo millonario a finales de los ´80 y tuvo su cenit en el curso de los ´90. Belfort comienza su carrera en el despiadado mundo de la bolsa muy joven y recién casado con su novia peluquera, cuando se produce el crack de 1987 y se queda sin trabajo. No obstante, en el breve tiempo que duró su empleo aprenderá los postulados básicos para mantenerse y llegar a la cumbre: ambición desmedida, empleo de drogas y alcohol para resisitir la presión y sexo desenfrenado utilizado como paliativo, ante la ansiedad frenética que genera el mundo del dinero.

Empleado luego del crack en una agencia que vendía acciones de tercera y cuarta clase presentándolas como grandes oportunidades desde un garage, su indudable carisma y el don para la venta telefónica le permiten ganar una fortuna y termina adquiriendo la agencia, a la que bautiza Stratton Oakmont.

Sin prurito alguno a la hora de enriquecerse con métodos fraudulentos a costa del empobrecimiento de sus clientes, con el dinero a mansalva se multiplican las drogas, el alcohol, las propiedades y las mujeres. Su esposa peluquera queda forzosamente atrás: aún tiene escrúpulos respecto de los métodos de Belfort y en su camino se cruza una hermosa y sensual mujer, más acorde al “sueño americano” que ha cumplido con creces.

Pero a todo ascenso fulminante le suele seguir una caída estrepitosa y Belfort ingresa en la mira del F.B.I., hasta que en el año 1998 es detenido por estafas múltiples y lavado de dinero. Colabora con los federales, brinda información entregando a sus colaboradores más cercanos (aunque debe reconocérsele  que no se siente cómodo en el papel de delator), y finalmente lo condenan a pasar algo más de dos años en prisión. Hoy se gana la vida dando conferencias sobre tácticas de venta y motivación en los negocios; sus memorias seguramente se convertirán en best seller a partir de la película.

Scorsese ha recreado la atmósfera de las bacanales romanas en las explícitas y obscenas escenas de sexo de este film; donde el exceso, la vulgaridad y el histrionismo de los personajes son las máscaras con las que suplen una existencia vacía de contenido espiritual. El correlato está dado por la vida sombría del investigador del F.B.I., quien luego de cumplir con su deber se encuentra en el metro con otros tantos seres humanos grises, similares a los que concurren a la conferencia de Belfort y lo observan encandilados, ansiosos por encontrar la fórmula que les permita enriquecerse rápidamente

Una película para reflexionar sobre las sociedades, los valores que las rigen y los personajes que encumbran, prototipos de aquello que en el imaginario popular se vincula con el éxito. En tal sentido, Scorsese describe el descarnado sistema capitalista que, tal como ha ocurrido con otros imperios, se encuentra al borde de su propia disolución.

La fotografía corresponde a la imagen publicitaria de la película.

Accesorios serranos

MandarinaCuando mi madre era adolescente, una prima suya porteña de la misma edad que se trasladó a pasar el verano en la ciudad fue mordida por una víbora de la cruz. El largo trayecto hasta el dispensario tuvo en vilo a mis abuelos: la pierna se inflamaba y pronto el color de la piel viró del rojo al violeta intenso. El veneno circuló rápidamente por la sangre, pero el antídoto la salvó de la amputación. El lugar geográfico donde la prima de mi mamá se cruzó en el camino del ofidio era Sierra de los Padres.

Las sierras que componen este sistema orográfico pertenecen al sistema de Tandilia, y en los últimos años se han hecho en las estribaciones laterales descubrimientos arqueológicos que aún se están procesando. Algunas pinturas rupestres y la cueva Tixi podrían arrojar precisiones sobre los antepasados que habitaron el lugar.

Hoy Sierra de los Padres es una localidad que ha tenido un desarrollo inmobiliario y comercial importante, sobre todo en los últimos años. De paseo campestre con un restaurant que abría los fines de semana, a barrio residencial con múltiples opciones gastronómicas y pequeños centros comerciales que ofrecen delicias para el paladar y opciones en vestimenta, accesorios y cosmética.

El Paseo de la Cumbre es un sitio obligado para descender y dar unas vueltas entre los múltiples negocios, antes de salir del circuito para tomar un té reparador en L´Erbe. Y entre los lugares donde descubrir accesorios originales tanto para hacer un regalo como para autoobsequiarnos, se encuentra Mandarina.

De allí son estos aros color verde esmeralda y la original pulsera que se han plasmado en la fotografía, elegida con ayuda de Adriana ya que resulta difícil decidirse ante la variedad de colores de las piedras. Para tener en cuenta y elegir alguna artesanía labrada para una fecha especial, envuelta para regalo a fin de provocar la sonrisa de la destinataria.

Anuncios