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Conocí a Caro hace varios años una noche de verano en el sótano musical “Elvis”, mientras estábamos con Adriana escuchando a la banda que hacía covers de Sabina, algo de Serrat y algún que otro tango. Luis era el pianista del grupo en ese momento, y tanto Caro como sus amigas se habían convertido en groupies del sonido del instrumento y de su intérprete.

Volvimos a cruzarnos en otros reductos nocturnos, nos hicimos amigas y Luis comenzó a viajar a Buenos Aires, donde Caro residía en aquel momento. Con el tiempo se trasladó a la ciudad, comenzaron a convivir y llegó una pequeña amorosa de grandes ojos oscuros como los de su madre. Fui a ver a Catalina horas después de su llegada al mundo.

Hacía varios meses que no veía a Caro. Hablamos seguido por teléfono, cruzamos mensajes de texto, pero no podíamos coincidir en horarios y días para sentarnos frente a una taza de café. Finalmente lo logramos una bella tarde de fin de verano en la terraza del bar de Puerto Cardiel,  para mudamos al interior a medida que transcurría el tiempo y el sol comenzaba a caer.

Hay épocas en las que alguna energía oscura que se encuentra cerca nos fagocita, y parece que todo alrededor se derrumba. Creo que, aunque dolorosos, son momentos que vistos retrospectivamente resultan necesarios para evolucionar, trascender alguna situación o saltar de rango holístico.

La conversación con Caro giró alrededor del imprescindible retiro al interior de nuestra conciencia, para tomar contacto con las oscuridades internas que tienen su correlato en el exterior. La terapia y el trabajo con el cuerpo, coincidimos, resultan cruciales para cambiar la energía densa en sutil: del caos, necesariamente, va a emerger un nuevo orden purificado.

Nos despedimos con la promesa de volver a vernos la semana próxima, a fin de continuar desgranando nada menos que nuestras maneras de estar en el mundo. Más livianas y en paz, porque una reunión con una amiga frente al mar café por medio, puede causar el mismo efecto que un rito sagrado.

Las brujas de Cayetano

Tulipanes Salvajes en Agua de RosasConcluí “Tulipanes salvajes en agua de rosas” la inolvidable noche en que Jorge Asís Jorge Asís estuvo en la ciudad y junto con Apre emprendimos el camino de Cayetano. En realidad, la novela fue adquirida y leída para hacer una reseña respecto de nuestro admirado escritor, cuando inesperadamente se materializó ante nosotras.

“Tulipanes…” ha sido caracterizada como “la novela de amor” de Jorge Asís. Pero conforme al mundo interior de su autor, hay más para descubrir en este pequeño libro que se puede leer de un tirón en una tarde de playa en la comodidad de una reposera, o bien en la cama si hay tormenta con un té a mano en la mesa de luz. De jazmín, si fuera posible, para respetar el mandato respecto de las flores.

Con el trasfondo del conflicto en Medio Oriente y el marco de la elegante París, el profesor Fahd sucumbe ante la juventud de su alumna Yashira, quien se enamora perdidamente del catedrático y detesta a Jalil, periodista del Líbano amigo de Fahd. El profesor es previsiblemente teórico: un conquistador que se despliega en los claustros docentes, moderado y sobrio en su vida salvo por los deslices con las alumnas. Jalil es extravagante y expansivo, admirador de Omar Khayyam y amante de los cafés, la Normandía y las damas elegantes.XVI Arrondisem

Incitado por el libanés, el deslucido (a mi gusto) profesor comienza a concurrir a fiestas y reuniones y conoce a otra fémina, desatando una tormenta de celos en Yashira. Pero la joven no es una mujer común: su progenitora es una bruja del Magreb. Ojalá te enamores, maldecía Kadisha a sus enemigos: como buena hechicera, la madre de Yashira sabía que el amor es sinónimo de dolor.

Pese a las infidelidades de Fahd, Yashira volverá a hervir rosas blancas y rojas en agua durante una hora y luego en el mismo recipiente introducirá tulipanes salvajes. Después de ducharse, con el agua tibia resultante del líquido obtenido de las rosas y los tulipanes desplegará una vez más el ritual perfumado sobre su cuerpo. Yashira es digna hija de su madre: el profesor volverá a sus brazos, cabe imaginar que para siempre.

Jalil le había advertido a Fahd sobre las brujas del Magreb, pero el catedrático consideraba los poderes de estas mujeres meras creencias supersticiosas de la cultura diferente en la que se creía experto. La erudición a veces va de la mano con la estupidez: no deben menospreciarse los dones de las brujas. Al contrario, al cruzarse con una de ellas conviene estar atento, en aras de la propia preservación.

Estrenos con reminiscencias gitanas

Blusa & FaldaEl verano se está terminando y he comenzado a ordenar las prendas de vestir correspondientes a la estación, a fin de guardarlas cuando llegue el momento hasta el próximo estío. En este cometido he dado con aquellas que han sido estrenadas en distintas ocasiones y cada una evoca un recuerdo diferente de algún momento vivido.

Tanto la falda como la túnica incluídas en la fotografía tienen aires zíngaros y  me remontan a dos eventos agradables y placenteros: la presentación de Ludovica en Villa Victoria y posterior cena con Apre en Cayetana; así como la noche increíble en que gozamos de los encantos del Cigala. Con distintos accesorios en ambas ocasiones emulé a las gitanas.

La falda, colorida y original, fue motivo de elogio por parte de Adriana, quien estaba convencida de que la había adquirido en algún viaje por Latinoamérica. La túnica vino de Italia y se la compré a Susana, una bella mujer que comenzó vendiendo en forma particular trajinando con una valija y con el tiempo montó su propio showroom, decorado de manera exquisita y con café siempre listo para convidar.

Susana viaja periódicamente a diversos países a fin de  traer modelos originales y diferentes; la facilidad para pagar en cuotas deviene en un verdadero ejercicio de autocontrol para no sucumbir ante las tentaciones de los percheros ordenados por color. A fin de cada temporada su objetivo es que no le quede remanente alguno, por lo cual las liquidaciones son más que convenientes.

Como suele suceder en estos casos, los sillones floreados de Susana se convierten en diván de psicoanalista para sus clientas, quienes entre pruebas de colores desgranan los últimos acontecimientos de sus vidas, hasta marcharse felices con la nueva adquisición para estrenar.

El otoño traerá nuevos estilos y modelos diferentes a los del año pasado, y negando la evidencia de los armarios atestados le diremos a alguna amiga: “no tengo nada que ponerme”, con el consiguiente espanto del hombre que comparte nuestra vida. Seguramente porque él ignora que, como nos enseñara sabiamente William Blake, “el camino del exceso conduce al palacio de la sabiduría”.

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