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BodaFinalmente llegó el día tan esperado por Jesi y Leo: después de la ceremonia civil del viernes, el sábado se llevó a cabo la boda por iglesia en la capilla Nuestra Señora de Luján ubicada en el barrio de Chapadmalal. Allí nos reunimos familia, amigos, compañeros de trabajo y las scouts tan queridas por la novia.

Un emocionado Leo esperó firme al pie del altar la llegada de Jesi, que como corresponde se hizo esperar hasta que aproximadamente a las 20 horas las puertas se abrieron y entró radiante del brazo de su padre. Fue una ceremonia sencilla y conmovedora, en la que hicieron votos de amor y respeto mutuos, intercambiaron anillos y la voz de la soprano entonó el Ave María, poderosa liturgia que humedece los ojos ante la inmensidad  amorosa de la Madre Divina.

A continuación partimos hacia la fiesta con Juan y Vero, quien había tenido una agitada tarde: adquirió el vestido tres horas antes, alisó su pelo con la buena disposición de su hermana y se pintó las uñas en el largo trayecto hacia la iglesia, utilizando como mesa una de las revistas “Lugares” de Juan. Por mi parte troté de la peluquería al centro para adquirir los obsequios de Marcela, que festejaba su cumpleaños al día siguiente.

El Salón Dorado de Tío Curzio nos esperaba luego de hacer equilibrio sobre los tacos altísimos por la vereda irregular, ambas del brazo de un resignado Juan. Probamos algunas delicias de la copa de espera y nos instalamos en una alegre mesa integrada por personas dispuestas a disfrutar de la cena, de la fiesta y de todos y cada uno de los rituales que tuvieron a los novios como protagonistas exclusivos.

Una banda de música hizo su aparición y bailamos, cantamos junto con la novia, armamos el consabido trencito, saltamos con la tarantela… Jesi cortó la torta, arrojó el ramo y el anillo lo obtuvo Carina, con lo cual nuestra mesa aseguró un festejo matrimonial futuro, si se cumple la tradición. Llegaron el carnaval carioca y el cotillón hasta que a las 5 de la mañana mis pies dijeron basta y casi no podía estar parada. Similares situaciones se produjeron en casos análogos, salvo la previsión de Carina y Vero que llevaron tacos bajos para cambiarse, y de Karina que quedó descalza pisándose el elegante palazzo negro que vestía. Finalmente saludamos a los novios y cerca de las 6 de la mañana llegamos a casa, luego de atravesar con éxito un control de alcoholemia gracias a la conducta de Juan, quien es inflexible y cumple a rajatabla la consigna oficial: “si bebes, no conduzcas; si conduces, no bebas”.

Fue una noche muy feliz para Jesi y Leo, que transitaron por la ilusión del comienzo de un nuevo camino apostando a una vida en común con votos de permanencia, continuaron con los nervios previos a la fiesta que los tenía como figuras principales y se rindieron finalmente a la alegría del festejo, compartido con todos aquellos que celebramos con ellos un hito de profundo significado.

Porque, más allá de la ceremonia y de la fiesta, el voto de fe de dos personas que se comprometen a amarse y respetarse durante el transcurso de sus vidas, merece la buena energía de los que fuímos amablemente convocados a compartir la consolidación de la promesa mutua. Desde aquí los saludo nuevamente: de corazón deseo que Jesi y Leo sostengan este deseo de perpetuidad en el tiempo y que continúen transitando juntos esta senda que comienza, protegidos por la gracia plena de la Madre Divina.

Cumpleaños en bucólico  L´Erbe

L`ErbeSi hay un sitio fuera del tiempo y del espacio cotidianos, es L´Erbe. Este reducto gastronómico situado en Sierra de los Padres fue elegido por Marcela para celebrar su cumpleaños con el círculo de hechiceras que conformamos con Ale y Apre. Hacia allí partimos a la tardecita, en el automóvil de la homenajeada y munidas con los regalos pertinentes para hacer formal entrega, como ameritaba la ocasión.

Marcela recibió una elegante lapicera, difusor ambiental para su hogar, collar con mandala en tono violeta de Abemus y 1Q84 de Murakami, LIbros I y II. Degustamos una picada acompañada de limonada con jengibre y miel y después probamos las tortas de manzana y chocolate del lugar. Permanecimos varias horas como cada vez que nos reunimos, sobrevolando temas varios rodeadas de la atmósfera mágica que se respira en L´Erbe.

El posible viaje a Roma de Apre en el curso de este mes con sus hijos y la importancia de la activación de la energía Diksha, las Vírgenes vintage de Ale recientemente diseñadas y las futuras creaciones que su imaginación y sus manos plasmarán este invierno, el compañero de retiro en el Uritorco de Marcela y su experiencia con los seres intraterrenos, mi sueño hace algunos años con una posible ancestra y la transmisión del poder de hilar la vida… tantos tópicos para tratar en otro encuentro en el que las horas pasaron raudamente.

Otra ronda de limonada y la tarde que va cayendo en ese paisaje increíble, mientras la conversación deriva en risas y anécdotas. Todas recordamos que el 3 de marzo es el cumpleaños de Jorge Asís e imaginamos abordarlo donde se encuentre para saludarlo, mientras Apre describe su sueño: se encuentra en Roma con sus hijos y van a salir a pasear; Asís está sentado frente a un escritorio y advierte a ambos que traigan a su madre a las 8 de la noche porque quiere leerle lo que ha escrito. Más risas y el rostro embelesado de Apre con sólo imaginar la situación.

Nos ofrecieron lemoncello en pequeñas vasijas y antes de irnos recibimos bolsitas de té obsequio de la casa para probar en nuestros hogares. Gracias a la invitación de Marcela pasamos una tarde inolvidable plena de magia y buena energía en el bucólico entorno de L´Erbe. Otro cumpleaños celebrado juntas, tantos años de amistad. Y que cumplas muchos más, Marcela querida.

Accidentados testeos

BiutyEs sabido que en Argentina las mujeres tenemos la costumbre de depilarnos, tendencia que se ha intensificado en los últimos años. Basta leer las inverosímiles listas de los establecimientos que se dedican a ofrecer este servicio, para darse cuenta de que no hay resquicio en el cuerpo que se salve del tirón de la cera.

Tuve una profesora de lengua y literatura en el colegio secundario a la que recuerdo con agradecimiento: me introdujo en los misterios borgeanos y en el terror de Lovecraft, con las limitaciones propias de mi condición adolescente. Era feminista acérrima, divorciada y fumaba en los recreos. También renegaba de la depilación: la hembra humana tiene pelo, sostenía. En algunas ocasiones, viajando por otros países donde la cuestión del vello corporal no es relevante, me ha parecido verla predicando al respecto.

Pero así como en literatura mi profesora fue determinante, no he podido sustraerme a la cuestión depilatoria. Tal vez no en extremo, pero cumplo con los cánones pertinentes y en consecuencia utilizo crema para depilar el bozo; habiendo probado una cantidad importante de marcas a tal fin, he dado finalmente con Biuty. Salvo que cambien la calidad en algún momento la voy a seguir empleando con una salvedad: los diez minutos que debe permanecer en el rostro deben respetarse a rajatabla.

En el primer empleo de la crema, habituada a otras marcas que no surtían efecto enseguida, me la quité cuando habrían transcurrido unos quince minutos y la zona me quedó roja encendida, como si me hubiera hecho un peeling. El efecto de la irritación se fue recién al otro día, pero habiéndola empleado a posteriori con los cuidados del caso ha sido efectiva y no he tenido consecuencias inesperadas.

El testeo del primoroso jabón incluído en la fotografía también resultó accidentado por el contexto: transcurría un día caluroso y había ido a la playa por la tarde para sumergirme en el mar, luego tuve clase de pilates y después salimos a caminar unos seis kilómetros con Juan. Llegué a casa imaginando la ducha de la que gozaría, para encontrarme con la noticia: no hay agua, me advirtió mi hijo sonriendo ante mi cara de desesperación.

Esperé hasta cerca de las doce de la noche con la esperanza de que subiera el líquido elemento al tanque, hasta que la realidad me forzó a salir al patio, conectar una manguera a la canilla y enjuagarme rápidamente. Me fui a acostar pidiendo a Yemanjá que hiciera el milagro, pero no me escuchó. No hay agua, reiteró Juan por la mañana, con explicaciones respecto de caños averiados y merma por el turismo.

No hubo mantra ni pranayama que valga para conjurar mi malhumor: nuevamente a conectar la manguera a la canilla del patio, a despecho de los dieciseis grados de temperatura que anunciaba la televisión. Los productos de La Pasionaria han sido ya objeto de reseña por su calidad, y me dispuse a testear el jabón extra suave de uva elaborado con los componentes nutritivos, hidratantes y regeneradores propios de esta fruta. Una compensación para procurar olvidar el frío y la incomodidad

Descalza en el patio, helada pero con la deliciosa fragancia del jabón en el cuerpo, resbalé antes de terminar con la improvisada ducha y resistí la caída con la espalda y los abdominales: el resultado fue una lumbalgia durante tres días. Con el aroma de la uva envolviéndome como un halo, seguí el consejo de Fernanda: la situación merece una entrada en el blog, me dijo sonriendo. Y a posteriori, también ensayé una reflexión personal sobre mi escasa tolerancia a las incomodidades transitorias inesperadas, aún contando con el aroma a uva del jabón de La Pasionaria.

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