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VZMi hermana y María Elena  se conocen desde que eran adolescentes y compartieron salidas diurnas, escapadas nocturnas, campamentos y largas tardes de conversaciones sobre la vida en general. Con los años María Elena se fue a vivir al exterior, luego volvió al país y se reencontraron. Fue una alegría volver a verla ya que hoy recuerdo con afecto aquellos días, cuando llegaba  a mi casa y el cuarto que compartía con Paula estaba invadido por sus amiigas, María Elena entre ellas.

Como ya he dicho, hay diversas maneras de celebrar un cumpleaños y en este caso María Elena optó por dividir el festejo en personas y días. Aunque con Paula ya se habían reunido con otra amiga en común que nació en la misma fecha, nuevamente organizaron un té festivo al que fui convocada.

Las tres nos encontramos en Teo para degustar una merienda y hacer entrega a María Elena de los obsequios pertinentes. A sabiendas del placer con que atesora los productos de VZ, elegí para ella una caja con productos varios perfumados con el aroma de la verbena, que fueron recibidos con alegría.

En los días sucesivos espero que María Elena siga disfrutando de otros encuentros festivos en compañía de personas que la quieren. Envuelta en el hálito fresco de la verbena.

El camino de Cayetano (con licencia de Apre)

Jorge AsisEscribí una entrada sobre Jorge Asís, me dijo Apreciable en el mes de enero. Pero no he leído nada de él desde el año pasado, esperá que adquiero alguno de sus libros, le respondí. No, me dice Apre, escribí sobre París que él está allá ahora. Me dirigí a Fray Mocho a fin de comprar “Tulipanes salvajes en agua de rosas” y estaba en  proceso de lectura para cumplir con su pedido, cuando la noticia sobre su próxima visita nos sacudió.

Cabe aclarar que no sólo Apre y mi persona somos devotas de Jorge Asís: Marcela, Adriana, Ale, Vero, integramos con mayor o menor intensidad un círculo de hechiceras que venera a este escritor único, de notable parecido físico con Mark Twain, a quien con acierto alguien ha denominado “el último dandy”. Leemos su blog, JorgeAsisDigital.com, y lo seguimos por Twitter, bendito medio de comunicación por el que tomé conocimiento de su llegada a la ciudad.

Confieso que, hasta ese momento, pensaba escribir que Asís era en realidad un holograma a la manera de los personajes de Bioy Casares en “La invención de Morel“, o que se había perdido en su época de embajador en Portugal en alguna calle de Sintra o bien que se había retirado, en compañía de alguna dama, a un castillo cercano a su adorada Normandía y se hacía llamar Omar Sharif.  Es que en los últimos años  se había anunciado su presencia desde Virasoro hasta Punta del Este, esquivando nuestra ciudad  una y otra vez.

Pero llegó el día y emprendimos el camino de Cayetano, al decir de Apre, llevando en lugar de cayados ella una cartera violeta adquirida en Brujas, en tanto que de mi brazo colgaba un modelo de Prüne color coral. Llegamos al lejano Hotel Sasso con bastante anticipación, tomamos un café e hicimos estoicamente la fila para obtener lugar donde sentarnos. Y se produjo el milagro: ante una sala llena y hasta con personas de pie, Jorge Asís tomó asiento en el pequeño escenario.

Desgranó su visión política sobre el país con la elocuencia que lo caracteriza, manteniendo al público en un estado expectante matizado con las sonrisas provocadas por el humor ácido de sus conclusiones. Sobrevoló el horóscopo chino y luego respondió amablemente las preguntas que le formularon. Y con una actitud para destacar en estos tiempos de conversos reivindicó su paso como funcionario de pasados gobiernos, sin perjuicio de las opiniones divergentes que, aclaró, sería bueno debatir.

Terminada la conferencia, la presencia en el lugar de Fernando (presidente de la Fundación Global que organizaba conjuntamente con Ediciones B el evento) posibilitó el encuentro inmortalizado en la fotografía tomada por una temblorosa Apre: el causante de nuestra peregrinación se fotografió conmigo (“sí, como no, linda”) y le prometí devotamente enviarle lo que escribiera sobre este encuentro inolvidable.

Acto seguido, emocionadas como adolescentes, nos instalamos nuevamente en el bar del hotel para desgranar los pormenores de una tarde mágica; retornando luego por la costa donde una Artemisa color naranja en cuarto menguante se recostaba sobre el mar.  En casa  concluí “Tulipanes salvajes en agua de rosas”. Como corresponde a una peregrina de Cayetano.

Cena homenaje a Marcela

Cena de AmigasAsí como la despedimos en su oportunidad cuando partió al Uritorco, ahora había llegado el momento de la bienvenida: Marcela volvió del templo con algún kilo menos, el pelo más corto y una larga lista de anécdotas colectadas durante el mes de su ausencia. Quiero comer pollo, le respondió a Ale, encargada de la recepción en su honor, quien cumplió su pedido y elaboró dos variedades, con hongos del bosque una y con verdeo la otra acompañadas por riquísimas papitas crocantes.

Luego de los abrazos festivos que generan nuestros reencuentros, Marcela procedió a llevar a cabo el ritual propio de todo regreso: la entrega de obsequios. Trajo sahumerios, minerales para quemar sobre carbones en el hornito y purificar la vida y el hogar, y como broche de oro Aguas de Turmalina Negra con efluvios protectores elaboradas en Aromas Divinos, un refugio mágico de Capilla del Monte.

La mesa fue decorada para la ocasión en el quincho de Ale y a la hora del postre (helado de pomelo rosado y chocolate inglés de Lucciano´s), depositamos sobre ella diversos tarots a fin de formular todo tipo de consultas al oráculo. Comenzamos con las cartas de Osho para proseguir con un interesante tarot junguiano, luego llegó el turno de las cartas de la Diosa y, más tarde, de la visión que brindan los celtas sobre la evolución y el espíritu. La hora avanzada nos hizo posponer el análiis de la nueva adquisición de Marcela para obsequiar a Luciana: el tarot del Señor de los Anillos.

Felices por el reencuentro y luego de degustar las exquisiteces de Ale partimos con nuestros presentes a descansar, tras haber compartido una noche de hechiceras sacralizada por el vínculo de amistad que nos une.

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