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TiempoEl trabajo cotidiano trae aparejadas relaciones con diversas personas, algunas de ellas afines y otras de quienes nos sentimos a años luz en cuanto a la manera de estar en el mundo y los intereses que persiguen. Cuando coinciden el compromiso con la labor diaria y una manera amable de vincularse, hemos tenido la suerte de encontrar un ser humano valioso en el ámbito laboral.

Conocí a Jorge hace aproximadamente seis años, cuando por motivos de trabajo concurrí a su casa, lugar desde donde presta un servicio a la comunidad. Luego coincidimos en más de una ocasión y tuvo la deferencia de invitarme al recibir una distinción en el ámbito municipal por su aporte desinteresado desde la psicología, para contribuir a mejorar la calidad de vida de personas que lo necesitan.

Con agrado recibí la participación para la fiesta que realizaba con motivo de su cumpleaños, y se sumó la sorpresa al enterarme que cumplía 70, número que no aparenta en modo alguno: el empuje, la vehemencia y la vitalidad de Jorge son propios de una persona que ronda la treintena.

En la invitación, encabezada por la fotografía, transcribió el poema “Tiempo” de Mario de Andrade, que concluye con las líneas: “…Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia. Espero que la tuya sea la misma, porque de cualquier manera llegarás…”. A juzgar por la cantidad de personas que lo acompañamos, ya puede sentirse satisfecho: ha alcanzado la meta mucho antes del final.

La ternura de Riki

Ricardo ArriagadaEl paso por el colegio secundario es trascendental para la preadolescencia: significa la puerta de ingreso a un mundo en que la infancia queda definitivamente atrás, el comienzo de la rebeldía y la necesidad de afianzar la personalidad que comienza a delinearse. Las amistades cumplen un rol muy importante en esa etapa de la vida y los vínculos que se establecen perduran de modo tal que, cuando se produce un reencuentro con los contemporáneos de aquellos momentos, es como si el tiempo volviera atrás.

Con Riki y Luis nos conocimos en aquella época, fuímos a los primeros asaltos y ambos venían a “tomar la leche” a mi casa degustando las tortas caseras que hacía mi mamá. Nos reencontramos con los años cuando volvieron a la ciudad y mantenemos desde entonces un vínculo frecuente.

Riki es músico, padre de una bella mujercita, ex pareja de una cantidad considerable de señoras y señoritas y tiene la particular condición de sacar de quicio a Luis por su manera peculiar de entender la vida. Tan autoritario como inocente, Riki canta tangos como ninguno, es poeta y compositor y este verano presenta sus creaciones en el Teatro Diagonal.

Allí fuímos con Juan y Moni a escuchar a Riki y a la banda que lo acompañaba. Siempre es un placer darle un abrazo a un personaje tierno protagonista de una etapa que recuerdo con alegría.

Pecado capital en Zyanya

ZianyaCon mi querida Adri toda ocasión es buena para festejar, así que el feriado municipal nos indujo a elaborar un periplo gastronómico con Juan y Tony. Nos dirigimos a Sierra de los Padres con intención de almorzar en plácido restaurante alejado de la ciudad, sin imaginar que podría encontrarse cerrado. Luego de sendas compras en el Paseo de la Cumbre, nos encontramos después de las dos de la tarde sin lugar donde reponer energía.

Tony condujo estoicamente hasta Camet Norte para probar suerte en Zyanya, simpático chiringuito con onda esteña, precios más que razonables y porciones gigantes aún para los devotos del buen comer. Luego del almuerzo nos abocamos a una inverosímil porción de torta multifrutal, lo que resultó un exceso debido a la gula por mi parte. A tenor de la cantidad de eventos gastronómicos del fin de semana, no tendría ni que haber almorzado.

Zyanya significa “siempre” en azteca y el nombre fue elegido por la voluntad de perdurar que alentó a su anfitriona. Es un lugar con espíritu familiar fruto del esfuerzo y como todo aquello que está pensado con buena energía ha prosperado. En Zyanya pasamos una tarde divertida y amena y nos despedimos con la promesa de volver.

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