Fueguia 1833, Afrodita de Capua, Pani

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El avión aterrizó con demora después del mediodía en Buenos Aires, inmerso en una temperatura fresca para la época y propicia para caminar sin prisa. Tenía unas horas para deambular hasta que arribara Juan al caer la tarde, así que me instalé en el hotel, procedí a desarmar la maleta y, previo almuerzo vegetal en las proximidades, bordee el cementerio de la Recoleta en dirección a Avenida Quintana. En el camino fui dejando atrás turistas que pugnaban por una fotografía en la puerta de La Biela y di la vuelta por Ayacucho hasta alcanzar las proximidades de la Avenida Alvear.

Unas pocas calles más allá hay un local pequeño situado frente al Palacio Duhau, discretamente enmarcado en tonos oscuros que se asemeja a un sitio fuera del tiempo. Allí los amantes de las fragancias nos encontramos en el paraíso, envueltos en un halo irresistible en el que es posible testear a gusto composiciones únicas: es que Fueguia 1833 no es una perfumería común, sino un Laboratorio de Perfumes.

Fueguia Basket era una niña indígena oriunda de Tierra del Fuego que en el año 1830 fue raptada a los nueve años de edad, conjuntamente con tres de sus congéneres, y trasladada a Inglaterra por Robert Fitz Roy a efectos de procurar adaptarlos a la rígida vida victoriana en una suerte de situación considerada privilegiada para los extraños “salvajes”. Tres años después serían devueltos a su tierra natal en una expedición de la que participó Charles Darwin y que marcaría el inicio de la teoría sobre el origen de las especies.

Julián Bedel, alma mater de Fueguia 1833, concibió el nombre de la marca como un homenaje a aquella joven arrancada de sus raíces y la estética empleada procura reafirmar este concepto, con cartografías que remontan a las incursiones de Darwin por la Patagonia. Los aromas se desprenden de la imaginación desbordante de Bedel, que ha estudiado química y botánica por su cuenta y se largó a la aventura luego de concebir un perfume para el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires: no había quien pisara la pinacoteca que no se sintiera atraído por la fragancia que flotaba en el aire.

Flores, maderas y plantas no resultan ajenas a Bedel, quien ha pasado largas temporadas durante su infancia en el campo familiar de Entre Ríos y cada año podaba los árboles conjuntamente con sus hermanos. La estirpe artística de sus ancestros se ha hecho visible en el laboratorio, donde la colección dedicada al inmortal Jorge Luis Borges aún conserva Biblioteca de Babel, una fragancia concebida en torno al cedro y la madera de caoba con un corazón de canela que reproduce el olor irresistible de los libros antiguos.

La excelencia de las materias primas y la calidad son las premisas de Fueguia 1833, donde los perfumes remiten a la historia y a los elementos de la naturaleza: Huemul o el almizcle suave como la piel del ciervo fueguino, Jacarandá o el olor de Buenos Aires en primavera, Juan Manuel y la explosiva combinación de rosas que recuerdan el apellido del Restaurador del siglo XIX… son sólo algunos ejemplos de los nombres plasmados en las etiquetas escritas a mano, que se vislumbran en las botellas contenidas dentro de cajitas de madera de colihue.

A sabiendas del poder ínsito en las fragancias, que capturan la atención de manera sutil por su penetración en lo más profundo de los sentidos, Bedel también ha jugado con el erotismo en algunas de su composiciones: valgan como ejemplos el atractivo sucio de El Otro Tigre y la discreción sensual de Ballena de la Pampa. No obstante, en esta excursión por Fueguia 1833 mi elección se ha inclinado hacia el embeleso que emana de la literatura y he optado, sin dudarlo, por las maderas especiadas de la eterna Biblioteca de Babel.

Afrodita de Capua

Allí donde la Avenida Alvear comienza a fusionarse con Avenida del Libertador sólo hay que caminar unas pocas calles para arribar al Museo Nacional de Bellas Artes. He visitado en varias oportunidades esta pinacoteca citadina; en este caso, Juan impulsó una nueva incursión porque producto del intercambio cultural entre Italia y Argentina, habida cuenta de nuestros lazos ancestrales con aquel país, el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles ha facilitado la exhibición en Buenos Aires de esta pieza de arte clásico que integra su acervo cultural.

No hay certeza respecto de la inspiración primigenia respecto de la magnífica escultura aunque se presume que conjuntamente con la Venus de Milo encontraron su inspiración en la Afrodita de Lísipo, destacado escultor del período clásico griego. El gesto denota que podría haber sostenido entre sus manos tanto el escudo de Ares como una lira, hacia donde se inclina el rostro atento. La asociación con el dios de la guerra proviene de su vínculo íntimo con el mismo, ya que aún casada con Hefesto la diosa sucumbió ante los encantos viriles de Ares, quien a su vez se rindió a la belleza y sensualidad de Afrodita.

La estatua resume en sí misma una carnalidad serena en su semidesnudez: tan sólo un manto drapeado vela la parte inferior del cuerpo, ya que en su imagen superior únicamente resalta la diadema que recoge el cabello en la nuca, que según los expertos estaba decorada con un hilo de perlas. El Anfiteatro Campano de Capua, menos renombrado pero que sigue en orden de importancia al Coliseo, fue el sitio donde se encontraba emplazada, tallada en mármol, la diosa del amor y la belleza cuyo misterio persiste hasta nuestros días.

Pani

Eliana Pani Trotta, cocinera amateur, tenía una consigna que portaba como un mantra: “La Vida es Rica”. Así, con mayúsculas que destacaban una concepción entre vitalidad y sabor comenzó Pani, el emprendimiento gastronómico donde los platos se preparan con la consigna de desgustar calor de hogar en abundancia y que se destaca en Recoleta por su ambiente decorado profusamente de estilo shabby chic, con un ligero toque kitsch.

Porque Pani, fiel solamente a sí misma, no estructura el interior de los locales que llevan su sello con el mismo estilo, sino que se sólo se deja guiar por la inspiración que surge de los viajes y los sueños. Y así comenzó, vendiendo tortas entre sus conocidos que nada tenían que ver con los sabores tradicionales hasta la apertura de la firma que lleva su nombre y se ha expandido a paso firme por Buenos Aires, dotando a Recoleta de un aire vivificante y juvenil en medio de la sosegada tradición que caracteriza la zona.

Su impulso innovador no se limita a los platos sino que también se ha animado a fusionar estilos y costumbres: consciente de que faltaba una opción para aquellos que salen de la oficina cuando ya el sol se ha puesto o bien para los viajeros agotados de recorrer desde la mañana la ciudad interminable, Pani se animó a proponer la merienda gourmet o teanner. Esta tendencia para quienes prefieren merendar tardíamente una opción completa que conjugue opciones dulces y saladas sin la contundencia que caracteriza a una cena tradicional no tardó en imponerse al caer la tarde: pinchos de langostinos con guacamole, scons de salmón ahumado y queso crema, cuadrados dulces y chocotorta son algunas de las opciones para degustar felizmente en Pani, donde la Vida es Rica, sin dudas.

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Réquiem para el Che, de blogs y premios LXIV, Mistral Luxury Soap

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Estábamos almorzando en un restaurante típico situado en el centro de Tilcara, pueblo mágico de la provincia de Jujuy. Recuerdo que nuestro hijo, debido a los excesos cometidos en pos de los apetitosos licuados de frutas de la zona, se había quedado descansando en la piscina custodiada por una llama de la Posada de Luz. La música de fondo que acompañó aquel momento me indujo a preguntarle primero al dueño, luego al encargado y finalmente al cocinero donde habían adquirido el CD; el último me respondió con una sonrisa que lo buscara en la plaza de Tilcara.

Durante un par de días deambulé entre los puestos ambulantes a fin de ubicar al vendedor que tuviera entre su mercadería la música dedicada en su totalidad al personaje casi legendario que fue Ernesto Guevara. Finalmente lo encontré y conversamos un rato: era un hombre de ojos aindiados y mirada serena, típica de los habitantes del Altiplano. Me aseguró que las canciones y los intérpretes que buscaba se encontraban en ese CD editado sin cumplir ninguna norma prevista por las leyes vigentes, pero antes de despedirnos determinó el destino de un viaje futuro que sería inolvidable mediante una pregunta que fue casi una interpelación: “San Ernesto de La Higuera, dijo con su voz amable, usted que lo quiere tanto, no fue a verlo, señorita?”

A partir de esa conversación intentaría, sin éxito durante algunos años, que alguien me acompañara a Bolivia. Sentía que la pregunta del hombre había sido una señal, y las señales están para considerarlas y actuar en consecuencia. Finalmente Juan accedió ante mi letanía al escoger cada destino de viaje y mi propósito de partir sola a Bolivia, y cuatro años más tarde, en octubre de 2011, el vuelo de AeroSur nos depositó en La Paz; fue el comienzo de un periplo único que iba a culminar con la visita a La Higuera, la tierra que vio morir al hoy eterno Comandante.

Bolivia es un país de contrastes y de misterios, signado por un tiempo propio debido a la cadencia personal de sus habitantes. No se rige por la lógica del capitalismo regional ni por las normas estáticas de las sociedades erigidas por inmigrantes: allí subsisten ritos diversos, costumbres ancestrales y un desorden generalizado y de alguna manera estructurado que asombran y enamoran al visitante o bien lo espantan y alejan, sin términos medios. Este territorio aún gobernado por leyes que están más allá de la razón fue el elegido por Guevara para protagonizar su última epopeya, destinada a eliminarlo según soñaron sus detractores, y que finalmente lo convirtió en leyenda.

Y aquí estábamos, en un taxi destartalado conducido por Félix desde Vallegrande en un trayecto de 50 kilómetros que se extendió durante tres horas, en camino al santuario erigido por los campesinos cuyo horizonte es esa tierra que no les pertenece y han dedicado a San Ernesto, pese a la indiferencia que sus antecesores demostraron ante su presencia los once meses previos a la ejecución, en octubre de 1967. Quizás a sabiendas de que perseguía una utopía, quizás movido por un impulso irrefrenable que le señalaba que tenía una misión que cumplir, quizás por su carácter vehemente y arrogante, lo cierto es que el Che resolvió en aquella tierra extraña el dilema de su existencia: patria o muerte. Y fue muerte.

La Higuera es poco más que una plaza, una escuela y el museo, con calles polvorientas que parecen haberse detenido en el tiempo y habitantes cuya existencia se ve alterada cada año por la peregrinación de octubre en homenaje al revolucionario. Los campesinos cuentan historias sobre milagros y fenómenos acerca de curaciones imposibles, caballos que aparecen cuando alguien necesita transporte, cóndores que señalan el trayecto del guerrillero por la quebrada del Churo, y aún se puede encontrar  algunas personas mayores que por unos centavos se explayan acerca de su fugaz contacto con el Che antes del final.

Hay una energía extraña y misteriosa en estos parajes, que induce a la nostalgia y nubla los ojos. Tal vez la tenacidad implacable y la unidad de pensamiento y acción que determinaron el sino del Comandante se encuentran impregnadas en los elementos, una suerte de herencia de sangre que ha de pervivir más allá del tiempo, como el recuerdo. Lo cierto es que su imagen de Cristo del siglo XX recorrió el mundo y la subsiguiente desaparición del cadáver durante 30 años terminó de sellar el destino mítico: su apostura y su sonrisa serían para siempre emblema de lucha social en un mundo cada vez más necesitado de esperanza libertaria.

He recordado en varias oportunidades con agradecimiento silencioso al hombre que me impulsó a visitar La Higuera y a ver con mis propios ojos el lugar donde se extinguió la vida física del Che, quien aún palpita en el corazón de tantas personas. Su ausencia fue inspiración para poetas y trovadores que contribuyeron a difundir personaje e historia; entre ellos, uno de mis favoritos es Silvio Rodriguez, quien ha captado de manera sutil la dimensión luminosa de Guevara y así la transmite desde su voz cálida : “…Preparando el milagro de caminar sobre el agua/ y el resto de los sueños de las dolencias del alma/ vino a rajar la noche un emisario del alba…”.

Se lo extraña, Comandante. Hasta pronto.

La fotografía ha sido tomada de la red global.

De blogs y premios LXIV

Desde el blog Placer y Sexualidad, Lisceth ha distinguido una vez más a este espacio virtual con una rumba de  premios y, aunque más que tardíamente, he escogido uno de ellos para agradecer su generosidad.

Así que he de cumplir con las reglas al respecto, que incluyen publicar el logotipo y nominar a su vez a diez blogs de WordPress,  siendo los elegidos en esta oportunidad:

  1. Pebbles: siempre en movimiento.
  2. Alternativa sociológica: visión crítica y aguda del contexto latinoamericano.
  3. Rumbo a las antípodas: o los viajes de Asier.
  4. La caricia del gato negro: o la melodía generada por la escritura.
  5. Entre tardes: el mundo de Leticia Nogara.
  6. Poeta da Garrafa: palabra, imagen y poesía.
  7. Mis secretos de hoy: o cómo celebrar la vida.
  8. Fascinating foodie: para saborear con los ojos.
  9. Sally Cortés: una gitana que escribe historias de amor.
  10. Beauty Box Subscription Reviews: todo acerca de las cajas de belleza.

Gracias a todos por compartir sus contenidos en la blogósfera.

Mistral Luxury Soap

Hay saberes artesanales que remiten a tradiciones centenarias, de ahí su calidad y prestigio. Los jabones Mistral se elaboran en la Provenza desde hace 300 años: el secreto mejor guardado es la cuidadosa selección de sus ingredientes.

Aceite de palma de oliva o de coco se fusionan con el poder suavizante de la manteca de karité, dando como resultado jabones vegetales de máxima pureza y fragancias acordes, que proporcionan un momento inolvidable al ser empleados en la ducha diaria.

La cremosidad de la leche de coco y el hálito fresco de la lima conforman una alianza irresistible en este jabón, que además del rol que le es propio trajo a mi memoria aquellas tardes de paseo sin prisa por las calles occitanas. Y es que hay objetos fetiches que, al estimular nuestros sentidos, tienen el poder de remontarnos a instantes que recordamos felices, una y otra vez.

GüiráOga, Aripuca, la Casa de las Botellas

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Era el último día en Puerto Iguazú y nos dedicamos a recorrer aquellos sitios que de una manera u otra acapararon nuestra atención por las descripciones previas; en este caso estaban situados a unos kilómetros del centro y a poca distancia entre sí. En definitiva abordamos un taxi que nos acercó al refugio de animales silvestres GüiráOga o Casa de los pájaros en idioma nativo, cuyo objeto es el rescate, la reinserción en la naturaleza y la investigación y preservación de la fauna autóctona de la Mata Atlántica.

Fue fundado el 23 de agosto de 1997 por una pareja de especialistas en rehabilitación de aves rapaces, quienes aún tienen a su cargo la dirección del refugio. GúiráOga fue concebido como una construcción natural para evitar un efecto perturbador sobre la selva, conserva especies vegetales centenarias que miden hasta 30 metros de altura y el equipo humano que lo integra procura la recuperación de los animales que llegan a sus instalaciones o bien la conservación de la vida de los mismos y su reproducción, para devolver a la naturaleza a las crías cuyos padres fueron privados de dicha posibilidad.

El tráfico, la caza furtiva y los accidentes en las rutas son algunas de las razones por las que las especies arriban al refugio; también llegan aquellos que han sido mascotas durante mucho tiempo y al fallecer sus dueños no pueden adaptarse a la vida natural. Tal vez resulta increíble que el ser humano se apodere de especies como el yacaré o el oso hormiguero pero no lo es: de hecho, hemos visto con nuestros propios ojos ejemplares rescatados de manos de particulares que han perdido su instinto y han de vivir en GuiráOga hasta sus últimos días.

Los animales que arriban deben pasar un período de cuarentena hasta ser evaluados, mientras que los recién nacidos son atendidos en un sector especial hasta que se desarrollan o recuperan. Luego son transferidos a rehabilitación en espacios abiertos que se asemejan a su hábitat natural; si se encuentran aptos para reinsertarse en la naturaleza primero cohabitan con sus pares y luego deben enfrentar una última etapa antes de ser liberados: el período de monitoreo en la Isla Palacio.

Este Monumento Natural Provincial está constituído por un brazo del río Uruguay de una extensión de 1600 hectáreas y la distinción que ostenta se debe a que conserva flora y fauna autóctona del país. No resulta posible acceder sino mediante un permiso especial y no está permitida la presencia humana: allí son liberados y monitoreados los animales que han encontrado afecto y cuidados en GüiráOga y desde allí, una vez evaluados cuidadosamente, volverán a vivir en libertad en la selva misionera.

Aripuca

Los guaraníes emplean aún en la actualidad para cazar animales una trampa a la que denominan aripuca, armada a partir de pequeñas ramitas en forma de pirámide que se conectan a un pequeño mecanismo que se cierra ante el ingreso del animal. La presa no sufre ninguna agresión física más allá del encierro, y si no resulta apta para el consumo es liberada nuevamente, intacta.

El proyecto familiar que toma su nombre de la tradición guaraní fue construído a partir de árboles rescatados de aserraderos donde iban a ser vendidos, o bien recuperados al haber sido tumbados por fenómenos naturales como tormentas o rayos. Así fueron empleados para reproducir la estructura de la trampa originaria más de 30 especies de la Mata Atlántica, en una construcción que alcanza 17 metros de altura y pesa cerca de 500.000 kilos. Aripuca persigue el fin de crear conciencia acerca de la pérdida de recursos naturales que ha de conducir al ser humano, por impericia o temeridad, a una trampa diseñada en definitiva por sí mismo.

En el amplio espacio en que se emplaza Aripuca se encuentran también otros edificios que siguen los lineamientos naturales de la zona. El Tacurú, construído con piedra del mismo nombre también llamada itacurubí y característica de la provincia misionera, también emplea en su arquitectura que remite al nido de las termitas de tierra rocas como basalto negro y rojo, jaspe y algunas incrustaciones de amatista: allí se pueden adquirir artesanías típicas entre las que sobresalen las elaboradas con piedras preciosas, pródigas en esta zona.

El yateí, especie de abeja pequeña sin aguijón cuya miel es muy apreciada, presta su nombre a la construcción típica de los colonos de la zona: galería amplia, techo a dos aguas y una distancia considerable del suelo para aislar la vivienda de la humedad y los insectos. Aquí los amantes de los productos naturales encontrarán yerba mate, alfajores de harina de mandioca, miel silvestre y té fragante de rosella, también conocida como hibiscus. Para reponer fuerzas luego del paseo, en el Cucurucho, construído con madera ibirá pitá y techo de paja, recomiendo probar la frescura amarga del helado de yerba mate.

Casa de las Botellas

Nuestra última visita estaba guiada por la curiosidad: habíamos investigado acerca de la familia Santa Cruz y su proyecto social basado en el reciclado de materiales como las botellas, mediante el que habían sido galardonados por solucionar nada menos que el tema habitacional de un buen número de personas. Hacia allí nos dirigimos y en la Casa de las Botellas fuímos recibidos nada menos que por el dueño, quien con amabilidad suprema desgranó los orígenes del proyecto, basado en el ingenio que se agudiza con la necesidad.

La crisis económica y social del año 2001 constituyó un punto de quiebre para muchos argentinos; Puerto Iguazú no fue la excepción y las personas que vivían de un oficio, como Alfredo Santa Cruz, se vieron en la disyuntiva de salir a recolectar residuos reciclables para vender y así llevar alimento a sus familias. En este contexto angustiante la hija mayor le pidió a su progenitor una casita de muñecas y Alfredo no tenía otros materiales a mano que las botellas de plástico que recolectaba. Así, con paciencia e imaginación, imaginó una manera de ensamblaje e hizo realidad el sueño de su hija; a esta primera experiencia siguieron otras, siempre empleando materiales que otros desechaban, y la familia comenzó a elaborar juguetes, lámparas, sillones, muebles y todo aquello que el ingenio puede concebir empleando como material residuos reciclables.

A modo de ejemplo, la fotografía tomada por Juan ilustra la increíble metamorfosis de las botellas en muebles aptos para el empleo cotidiano: la cama está armada con 200 botellas, que también constituyen la base para el sillón, en tanto que las paredes también han sido levantadas con residuos plásticos mientras los techos fueron diseñados en base a cartones de tetrapack. Alfredo nos enseñó que resulta posible instalar electricidad y agua, a punto tal que con su asesoramiento se han construído unas 70 viviendas con esta técnica; de hecho, ha impartido talleres en varios países y ha sido entrevistado por otros tantos periodistas aquí, en este espacio propio nacido de su perspicacia y lucidez a partir de la necesidad amorosa de cumplir el sueño de su hija.

Minas de Wanda, ruinas de San Ignacio, el Jardín de los Picaflores

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La provincia de Misiones se encuentra ubicada sobre el Macizo de Brasilia, zona constituída geológicamente por uno de los mayores basaltos del mundo, formado hace 150 millones de años. La tierra arrojó grandes cantidades de lava que, al enfriarse, aprisionó gas que fue formando una roca conocida como basalto constituído en su mayor parte por hierro, que a la vez que dota de color rojo a la tierra también origina con el paso del tiempo formaciones de piedras preciosas.

La ciudad de Wanda se encuentra situada a 40 kilómetros de Puerto Iguazú y fue fundada en 1934 por inmigrantes, en su mayoría de origen polaco. Dicen que debe su nombre a una princesa polaca de gran belleza, quien vivía en la ciudad de Cracovia y prefirió arrojarse al río Vístula antes de aceptar contraer matrimonio con el príncipe heredero al trono alemán. Pródigo en yerbatales y madera, el pueblo prosperó de la mano de Otto Bemberg, el creador de la cerveza Quilmes; en el año 1940 el terrateniente consideró que ya no eran rentables las explotaciones e indemnizó a sus empleados entregándoles tierras en lugar de dinero.

El encargado, Víctor Enebelo, fue compensado con 40 hectáreas de terreno agreste: su esposa Amalia y sus diez hijos se dieron a la tarea de limpiar el lugar y en este cometido encontraron piedras blancas y relucientes que vendían a la vera de la ruta a los turistas que visitaban Iguazú. Con el tiempo Higinio Enebelo emigró a estudiar a Brasil y luego trabajó en Minas Gerais, región fecunda en tierras preciosas; cuando regresó al hogar filial encontró que su madre se había cortado al lavar en el río con una piedra de extraña belleza que luego trasladó a su casa. Y el hijo no tuvo dudas habida cuenta de su experiencia en Minas Gerais: Amalia había encontrado una gema en el lecho fluvial.

Pero la explotación no era fácil por cuanto se requería la aprobación gubernamental, así que la familia decidió vender parte de sus bienes para obtener el permiso pertinente, que se plasmó finalmente en el año 1977. Y con el tiempo debieron adaptarse a las normas que prohíben la minería a cielo abierto, por ende los visitantes pueden transitar por algunos de los túneles que guardan, embutidas en la tierra colorada, cuarzos blancos y brillantes y amatistas que refulgen en tonos violetas, luego transformadas por la mano del hombre en piezas de joyería que constituyen un recuerdo del paso por esta bendita tierra.

Ruinas de San Ignacio

Una vez concluída la visita a las minas de Wanda, el autobús siguió viaje por la ruta 12 rumbo al pueblo donde se emplazan las ruinas de San Ignacio Miní, vestigio de las misiones jesuíticas radicadas en territorio argentino.

Declaradas Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO en 1984, fueron fundadas por el jesuita Roque Gonzalez de Santa Cruz con el remanido objeto de evangelizar a los nativos. Fue la primera misión que se asentó en la zona conocida por los españoles como La Pinería por la abundante cantidad de pino Paraná que crecía en el territorio, pero los jesuitas no eran novatos por cuanto desde 1554 habían procurado establecerse con suerte diversa, ya que a los recelos de la corona española se adunaba el acoso de los bandeirantes, quienes respondían a los intereses de la corona portuguesa y procuraban capturar a los indígenas para venderlos como esclavos.

De hecho, en el año 1696 la población debió trasladarse hacia el oeste precisamente por el asedio portugués, y al promediar el siglo XVIII contaba con más de 3000 habitantes y una intensa actividad artesanal y comercial, que se optimizaban porque la proximidad del río Paraná facilitaba el comercio con otras zonas. Lejos de procurar erradicar las costumbres nativas, los jesuitas introdujeron las enseñanzas evangélicas sin represión, procurando incluirlas en la organización social establecida mediante lazos cercanos con los caciques, que integraban un consejo asesor.

La vida de la misión, cuyo trazado fue cuidadosamente delineado por los jesuitas, se desarrollaba en torno a la plaza de armas donde tenían lugar los acontecimientos más importantes y desembocaba en el templo mayor, construído en piedra tallada de estilo barroco cuyo pórtico aún se encuentra en pie. Alrededor de la plaza se encontraban cabildo, hospital, colegio, talleres, almacenes y viviendas de los religiosos y de los nativos. Las columnas del templo dan cuenta precisamente de la fusión entre el arte indígena, influenciado por el marco esplendoroso de la naturaleza y las directivas de los jesuitas en cuanto a estilo y diseño.

Los historiadores dan cuenta del recelo de las cortes española y portuguesa respecto del avance social y tecnológico alcanzado por los guaraníes en las misiones jesuíticas: la destreza de herreros, maestros plateros y artesanos generó intrigas y codicia alrededor de los religiosos, que por añadidura no reconocían otra autoridad que la del Papa. Fue Carlos III quien en 1768 ordenó su expulsión bajo la acusación de organizar un ejército propio para crear un estado independiente bajo dominio jesuita, empleando las fuerzas indígenas a tal fin

La decadencia de las misiones resultó el correlato de la expulsión porque otros religiosos como dominicos y franciscanos fueron los encargados de suceder a los jesuitas con una impronta diametralmente opuesta; San Ignacio cayó en el olvido y la selva cubrió la otrora próspera misión, redescubierta por el escritor Leopoldo Lugones y el uruguayo Horacio Quiroga oficiando como fotógrafo en el año 1903. Recorrer el perímetro de las ruinas y el museo demanda aproximadamente tres horas y resulta un apasionante viaje en el tiempo de la mano de guías autóctonos como Carlos, quien nos remontó a aquellos tiempos mediante su narración puntillosa y apasionada.

Jardín de los Picaflores

Los guaraníes, como tantas otras cosmovisiones, consideraban a la muerte como un tránsito para el alma, que abandonaba el cuerpo físico y se ocultaba en una flor aguardando la llegada del mainimbú, como llamaban al pequeño pájaro conocido como colibrí o picaflor, que habría de conducirla al paraíso.

También creían en el origen divino del picaflor, emparentado de alguna manera con seres mágicos. No resulta extraña la asociación por cuanto la diminuta ave es el pájaro más pequeño que se conoce y su delicadeza lo torna semejante a una criatura feérica. El nido, del tamaño de una nuez, aloja pichones que poco a poco aprenden a batir las alas de manera tal que casi no se divisan mientras se alimentan de las flores, con el cuerpo que parece suspendido en el aire.

La potencia del batido de las alas demanda gran esfuerzo a las aves ya que alcanzan la cifra de 80 aleteos por segundo, un gasto de energía descomunal para su mínimo tamaño, de ahí que los atraiga el néctar de las flores y el agua azucarada. En el norte de Puerto Iguazú existe un jardín particular que puede visitarse, un espacio pequeño donde sus dueños son acompañados desde hace más de 25 años por varias especies de colibríes que se alimentan de flores y frutos y consumen el agua de bebederos coloridos que penden de los árboles.

El jardín se encuentra acondicionado para contemplar, con asombro y en silencio, el magnífico espectáculo que ofrece la naturaleza: fugaces y encantadoras apariciones de colibríes de todos los colores que se desplazan entre los árboles mientras buscan flores para libar, picotean mínimos trozos de fruta y se detienen a beber agua, una y otra vez.

Parque Nacional Iguazú, la Garganta del Diablo, el Circuito Inferior

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Los guaraníes bautizaron al río agua grande, I-Guazú en su idioma originario. Durante su curso se fusiona con el Paraná y alcanza 1500 metros de ancho, que desembocan en un barranco de lava que se formó hace nada menos que 120 millones de años, dando origen a las formidables cataratas del mismo nombre.

Por allí navegaba Alvar Núñez Cabeza de Vaca en el año 1542, entre el océano Atlántico y Asunción del Paraguay, cuando el sonido atronador de los saltos de agua atrajo su atención; el español siguió su camino pero antes bautizó a las cataratas como Saltos de Santa María. Con el correr del tiempo los indígenas de la zona o Mbyá-Guaraníes fueron evangelizados por los jesuitas, luego expulsados de la región por la corona española en 1768, que habitaron conjuntamente con los pueblos originarios la zona que hoy comprende el Parque Nacional Iguazú. Un siglo después, con el proceso de federalización del interior del país, el gobierno vendió a un particular grandes extensiones de tierras, que en definitiva quedaron en manos de Gregorio Lezama.

El flamante propietario promovió la llegada de científicos alemanes que buscaban tierras para colonizar, entre los que se encontraba Jordan Hummel. Siete años después consideró que este territorio perdido no era demasiado valioso y lo remató en subasta pública; el anuncio hacía alusión a “un bloque de selva que linda con varios saltos de agua”. El adquirente, Domingo Ayarragaray, tuvo una visión más amplia en cuanto a las posibilidades de explotación turística e inauguró el primer hotel promocionando recorridos por los saltos; también se dedicó a expoliar la selva talando árboles que generaron una próspera industria maderera. Jordan Hummel, impresionado por la belleza de Misiones, había vuelto para realizar un nuevo recorrido desde territorio brasileño y promover desde allí el turismo dadas las dificultades que representaba transitar por la impenetrable selva argentina.

Durante 1901 Puerto Iguazú recibe a los primeros turistas, entre los que se encontraba Victoria Aguirre. La falta de caminos y la exuberante naturaleza frustraron la llegada a las cataratas, pero la dama, impactada ante este despliegue selvático, donó la suma de 3000 pesos para la construcción de un camino que posibilitara el acceso; la obra culminó al año siguiente y la llegada de los visitantes delineó el trazado actual de la ciudad de Puerto Iguazú. Ese mismo año el arquitecto francés Carlos Thays presentó el primer proyecto de creación de un parque nacional.

Finalmente durante el gobierno de Hipólito Irigoyen el estado recuperó las tierras que se incorporaron al patrimonio nacional, y en 1934 se creó el Parque Nacional Iguazú, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1984. En sus 67000 hectáreas se encuentra una de las siete maravillas naturales del mundo: las Cataratas del Iguazú, rodeadas de la Mata Atlántica o selva subtropical que las contiene. El paseo por el Parque permite observar algunas de las especies de aves que se desplazan entre los árboles así como coloridas mariposas y mansas lagartijas: la prodigalidad de la naturaleza se aprecia en sus propios ciclos y en todo su esplendor.

La Garganta del Diablo

Ingresamos al Parque Nacional Iguazú en un día de sol radiante y el follaje de la selva parecía relucir pese a la intervención humana. Un trayecto corto para llegar a la Estación del Tren de la Selva nos conduce al Circuito Superior, donde el recorrido permite apreciar el ambiente natural y percibir los sonidos de las especies que habitan la Mata Atlántica. Quince minutos después se arriba a la Estación Garganta del Diablo, donde el guía nos recomienda realizar la caminata por las pasarelas sin detenernos demasiado hasta arribar al ansiado destino: la poderosa cascada que aguarda al final del río, poco más de un kilómetro más allá.

El sol durante el paseo permite apreciar en forma permanente un arco iris, fenómeno que dio origen a la leyenda guaraní a la que debe su nombre el descomunal salto que quita la respiración aún cuando, en mi caso, ya había sido contemplado en dos oportunidades. El agua que irrumpe, soberana, levantando una niebla entre la que se desplazan los vencejos y atronando con su poderío a los hipnotizados visitantes era una fuerza misteriosa para los habitantes originarios, que encontraron en la historia de Tarobá y Naipí una razón metafísica para semejante despliegue.

El río I-Guazú era la morada de la descomunal serpiente Mboí, hija del dios del trueno Tupá, que requería una vez al año del sacrificio de una bella joven para evitar que su ira arrasara con la tribu. Cuando la elegida fue Naipí, el cacique Tarobá se enamoró perdidamente de la misma y decidió raptar a la futura víctima, procurando escapar en su canoa por la noche y burlar así las exigencias de Mboí. Pero no era tan fácil huir frente a la atenta sierpe, que enfurecida ante semejante afrenta encorvó su lomo partiendo el río formando de esta manera las cataratas y, especialmente, la descomunal Garganta del Diablo.

Como resulta previsible ambos murieron al despeñarse entre las aguas, pero la vengativa Mboí percibió que el amor podía superar aún a la muerte y transformó a Naipí en cascada y a Tarobá en vegetación para que no pudieran unirse en modo alguno. Sin embargo, la enome muralla de agua que supera los 80 metros de altura, visible en todo su esplendor desde territorio argentino, se fusiona con el verde mediante el arco iris que emerge con los rayos del sol y da cuenta del fracaso de la serpiente.

El Circuito Inferior

Una vez más abordamos el Tren de la Selva para dirigirnos a la Estación Cataratas y adentrarnos en el Circuito Inferior, un recorrido circular de 1700 metros que permite acceder a ocho miradores desde los que se contemplan los saltos por debajo, en un ambiente impregnado por el aire húmedo y los sonidos de la selva.

Si las condiciones del río lo permiten, es posible abordar una lancha para desembarcar en la isla San Martín, donde el recorrido es escarpado y demanda un par de horas de trayecto dificultoso. La isla permite contemplar desde una ventana natural la Garganta del Diablo y los saltos que se encuentran en territorio brasilero; esta vez no era posible el descenso así que emprendimos el recorrido a pie, con obligatorias paradas en cada mirador debido al espectáculo inolvidable proporcionado por las cascadas que se avistan.

Los saltos Dos Hermanas, Chico, Ramírez y San Martín resultan el preludio del impresionante salto Bossetti, desde allí se va bordeando el río iguazú hasta arribar al cañón desde el que se alza, imponente, la Garganta del Diablo. Al emprender el regreso por la parte inferior del río aguardan, aún, más cascadas como Alvar Nuñez y Elenita: el rocío que producen las caídas de agua configura una caricia para la piel entre el estruendo de las aguas. Resulta difícil transmitir la intensa sensación que produce en el visitante la contemplación de semejante despliegue de soberanía natural; ayer, hoy y siempre las Cataratas del Iguazú deslumbran a quien tiene la gracia de pararse frente a su belleza, una y otra vez.

Todas las fotografías resultan mérito exclusivo de Juan.

En Puerto Iguazú, la postal brasileña, Parque das Aves

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El avión aterrizó abriéndose paso en un cielo despejado y reluciente que contrastaba de manera drástica con el paisaje que habíamos dejado atrás: mientras nuestra ciudad atlántica despertaba brumosa y helada y Buenos Aires caía con toda su espesa humedad sobre sus agitados habitantes, Puerto Iguazú era un remanso soleado y límpido en el que la temperatura prometía no menos de 25 grados para los días subsiguientes.

Puerto Iguazú es una ciudad pequeña situada en el extremo nordeste de la provincia de Misiones, cuyo desarrollo se encuentra signado por los 17 kilómetros que la separan de los impresionantes saltos de agua que conforman las Cataratas del Iguazú. Los ríos Paraná e Iguazú se fusionan en este punto geográfico y conforman tres costas diversas, cada una con características peculiares debido a que pertenecen a países distintos y dan origen a la llamada Triple Frontera: Puerto Iguazú, Foz do Iguaçu y Ciudad del Este conforman el trío de ciudades pertenecientes a Argentina, Brasil y Paraguay respectivamente, en las que la proximidad de una con las otras determina destinos distintos pero definitivamente entrelazados.

El guía nos recibe en el aeropuerto y las puertas del Boutique Hotel de la Fonte, cercano al centro pero lo suficientemente retirado como para permitirnos escuchar sonidos como el canto de los pájaros y el repiqueteo del agua de la fuente que preside el ingreso, se abren a nuestra llegada. Después de desempacar y acomodarnos en la enorme habitación que nos han reservado, almorzarmos tardíamente al costado de la piscina antes de emprender una caminata hasta el punto geográfico más característico de la ciudad: el Hito de las Tres Fronteras.

El Paraná y el Iguazú se entrelazan sin prisa frente al monumento donde confluyen las tres banderas; a poco de contemplar el paso de las aguas se advierte el tinte rojizo debido al altísimo contenido de minerales ricos en hierro que determinan la composición de la tierra y su excepcional fertilidad. La provincia de Misiones ha logrado conservar parte del ecosistema conocido como Mata Atlántica, cuya riqueza y diversidad se asemejaban a la selva amazónica; la tala indiscriminada y la deforestación han hecho estragos en esta zona verde del planeta, a punto tal que sólo el 7 por ciento ha sobrevivido a su mayor depredador: el ser humano.

Al regresar al hotel cenamos en el restaurante De La Fonte cuyo propietario es también el alma mater del hospedaje. Italiano de nacimiento y misionero por adopción, Matteo Lagostena emplea su propia técnica a la que denomina “compresión de sabores”, una fusión entre las tradiciones italiana y francesa que genera como resultado platos sabrosos y originales. El postre, que compartimos por el mero placer de la gula, fue un helado acompañado por chocolate blanco rallado y flan de mascarpone: sencillamente exquisito.

La postal brasileña

En este contexto pletórico de naturaleza se encuentra una de las maravillas naturales más imponentes del planeta conformadas por el río Iguazú: las cataratas del mismo nombre. Las visitas se estructuran en dos recorridos determinados por los países que las contienen en los parques nacionales unidos por el río: Parque Nacional do Iguaçu creado en 1939 en Brasil y Parque Nacional Iguazú creado en 1934, en territorio argentino. La flora y fauna contenida en este territorio dominado por el color verde de la vegetación se encuentra en peligro de extinción, de ahí las precauciones para proteger el área de los parques y la prohibición, no siempre acatada, de alimentar a los animales y de trasladar alguna de las plantas o flores que se despliegan en todo su esplendor.

Al otro día nos despertamos muy temprano para desayunar con tiempo antes de emprender el recorrido por el Parque Nacional do Iguaçu, que contiene un tramo perteneciente a Brasil desde el que se obtiene una vista panorámica descomunal de las cataratas. Es la tercera visita que realizo a esta zona bendita y el espectáculo sigue siendo tan intenso como la primera vez; no obstante, le advierto a Juan que debuta en su recorrido por estas tierras que Brasil proporciona sólo una postal, fabulosa por cierto, de los descomunales saltos de agua.

El paseo es amable por cuanto está constituído por una sola pasarela que atraviesa el parque en un único sentido; hay algunas escaleras que pueden dificultar el acceso pero no resulta agotador ni arduo y la temperatura acompaña en esta época del año. Los miradores permiten apreciar casi la totalidad de los saltos y allí, donde se levanta una bruma entre la que se desplazan con gracia los vencejos se adivina la presencia formidable del salto entre los saltos: la Garganta del Diablo.

El mirador finaliza el recorrido en un ascensor panorámico que puede ser abordado por aquellos que resisten caminar el tramo que resta entre subidas y bajadas; nosotros escogemos esta última opción y somos acompañados el resto del camino por los coatíes, simpáticos mamíferos que habitan todos los rincones del parque cuyo nombre en guaraní remite a la característica nariz alargada que les es propia.

Parque das Aves

Antes de retornar al sector argentino visitamos el Parque das Aves, un emprendimiento privado de rescate y conservación de aves autóctonas emplazado en Brasil que alberga más de 1300 animales entre papagayos, tucanes, reptiles, grullas y hasta una anaconda que se desplaza lenta ante la mirada atenta de los visitantes.

El espacio fue inaugurado en 1994 por Dennis y Ana Croukamp, empresario y veterinaria respectivamente, quienes se trasladaron desde África hasta Brasil donde adquirieron 16 hectáreas de bosque subtropical. El objetivo, instalar un parque de rescate y conservación de aves, requería desmontar toda especie arbórea invasora y plantar cientos de árboles nativos que habían sido talados. Las primeras aves arribaron desde zoológicos y también desde casas de familias que las habían adoptado como mascotas y ya no podían hacerse cargo; poco a poco se fueron integrando especies en peligro de extinción o vulnerables por el tráfico o por la falta de hábitat natural debido al avance del hombre.

A poco de ingresar en la entrada se avista un lago artificial en el que abundan los peces y más de 40 ejemplares de flamencos; en el Vivero del Bosque conviven urracas, tucanes y tordos que se desplazan por las copas de los árboles. Los diversos sectores se encuentran cuidadosamente separados por puertas metálicas para evitar el desplazamiento de las especies ya que el parque cuenta con ejemplares bravos como las arpías, el ave de rapiña más fuerte que existe y que se encuentra en peligro de extinción, habiéndose logrado la reproducción en sucesivas oportunidades.

La devastación del bosque y el tráfico indiscriminado han generado emprendimientos como este parque que, paradójicamente, procura restaurar un orden natural que ya ha sido alterado. Pese al cuidado y esfuerzo de la administración del lugar en relación al bienestar de los animales nos vamos del lugar con un sentimiento ambivalente, porque en definitiva el hábitat natural de estas especies debería ser la Mata Atlántica a la que pertenecen sin necesidad de intervención alguna, en plena libertad.

Aretha, aquelarre con sabor árabe, sándalo y avellanas

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Los africanos cazados por los esclavistas en aquellos tiempos siniestros en que los seres humanos negros constituían una mercadería al servicio de la corona y de sus amos trajeron consigo religión y música, que poco a poco se fueron fusionando con las creencias y sonidos de la tierra en la que dejaron sangre y vida bajo el látigo de sus verdugos.

Segregados aún a costa de abdicar de sus deidades en aras de la conversión al cristianismo que les fuera impuesta, a fines del siglo XVIII surgieron los espirituales negros, adaptaciones de los himnos protestantes que dieron lugar al género gospel, caracterizado por la percusión y la armonía de las potentes voces que invitan a las personas a unirse a Dios y a celebrar las virtudes de la vida cristiana. La fusión del gospel con el rhythm and blues determinó el nacimiento del soul, cuya exponente máxima ha desencarnado días atrás: Aretha Franklin.

Hija de un pastor tan carismático y amable afuera como violento y rígido en la intimidad y de una cantante que abandonó el hogar harta del maltrato y las infidelidades a granel, la niña endureció su corazón ante la ausencia de su madre, tuvo a sus dos hijos mayores en la transición entre infancia y adolescencia, repitió en su primer matrimonio la historia de violencia intrafamiliar y obtuvo en la música el refugio añorado que la convirtió en leyenda.

Comenzó acompañando a su padre como miembro del coro en sus sermones evangélicos y pronto el entorno del último, cuya casa era visitada por exponentes de la cultura negra y por activistas de derechos civiles entre los que se encontraba nada menos que Martin Luther King, determinó su inclinación tanto por la música como por el activismo ante una sociedad racista, injusta y marcadamente patriarcal: su voz inigualable fue el instrumento para predicar la necesidad de cambio.

Otis Redding había pergeñado una canción que resultaba una reivindicación machista ante el rol proveedor del hombre; en el registro tonal poderoso de Aretha, la misoginia de Redding quedó reducida a cenizas. Ella transmutó Respect en una proclama irrefutable: respeto a las mujeres, respeto a su raza, respeto a los derechos civiles de todas las personas. Respect y I say a little prayer elevaron a Aretha a la categoría de ícono y le dieron el título que le pertenece por mérito propio: Lady Soul. Y es que ella ha transmitido tanto la potencia y la belleza como el desgarro y la añoranza desde su rol de intérprete del alma.

Hasta pronto, Señora, y eternas gracias por todo.

La fotografía ha sido tomada de la web.

Aquelarre con sabor árabe

En su etimología árabe, hummus significa garbanzo y se refiere a la crema o puré elaborada con esta legumbre tan nutritiva como agradable para el paladar. No hay entremés más rico que una porción de hummus acompañada con pan pita; con esta certeza es que organizamos el aquelarre en mi hogar con la consigna de saborear comida árabe, y a la hora de poner la mesa inmortalizamos el resultado.

El hummus, preparado con el corazón por Vero, fue decorado en tal sentido para que no quedara duda alguna al respecto. Las pastas para untar se deben a la diligencia de Marcela y los panes y pequeños muffins de tortilla de papa y huevo, exquisitos en presentación y sabor, a la destreza culinaria de Tony, siempre dispuesto a colaborar con nuestras hechiceras reuniones.

Hay sensaciones que integran nuestro acervo de recuerdos sin otra razón que el vestigio de alegría que perdura en el tiempo; la fotografía de aquel aquelarre me remite al efecto bienhechor de cada una de nuestras reuniones. Y una vez más recurro para definir aquel momento a la sabiduría casi infinita de Jorge Luis Borges: “Una extraña característica de la felicidad es que no tiene secretos y siempre está justificada”.

Sándalo y avellanas

El Santalum album, un árbol de tamaño pequeño cuyas flores se destacan por su tono rosa púrpura, es originario de la India y se caracteriza por el aroma intenso de la madera, que se emplea para elaborar un aceite esencial destilado tanto del tronco como de sus raíces. Reviste carácter sagrado por considerarlo un aliado para la limpieza y purificación del espíritu, de ahí su empleo para aromatizar templos así como para envolver el ambiente con sus volutas durante la práctica de la meditación.

Mysore es la ciudad de la India que no sólo se destaca como meca de la seda: allí el Santalum album sólo puede talarse cuando se aproxima a los 30 años, fecha límite en la que comienza a caer preanunciando su muerte. La protección y cuidado de los árboles resulta en un aceite soberbio con el que se elaboran productos cosméticos de altísima calidad; entre ellos, las propiedades antisépticas e hidratantes de los jabones son tan reconocidas como la intensidad de su fragancia: Mysore Sandal Soap arribó a mis manos por gentileza de Vero.

Entre los óleos corporales más suculentos que he testeado se encuentra Sève de avellanas, un producto de Natura que resulta una verdadera bendición para la superficie corporal: vegetal, nutritivo y untuoso, sólo requiere una aplicación con la piel húmeda, enjuagar y secar suavemente para disfrutar del resultado.

El Cuarto Camino, de blogs y premios LXIII, Blondine

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George Ivánovich Gurdjieff, armenio de nacimiento y ruso por la expansión del entonces enorme imperio, fue uno de los maestros espirituales cuyas enseñanzas impactaron profundamente en el curso del siglo XX. Su inmensa cultura, producto de la vocación por la lectura y la metafísica, lo indujo a recobrar el significado de las leyendas transmitidas de generación en generación en las que reside la antigua sabiduría; el encuentro con los sufíes resultó determinante al respecto y su cosmovisión  universal lo llevó a desarrollar una disciplina espiritual a la que denominó El Cuarto Camino.

En el año 1915 Piotr Demiánovich Ouspensky era un filósofo ruso desencantado de los sistemas tradicionales compuestos por la ciencia y la religión. El encuentro con Gurjieff fue determinante para Ouspensky porque el Cuarto Camino era la vía que había estado buscando para arribar al conocimiento de sí y, en consecuencia, atisbar la sabiduría contenida en las antiguas tradiciones místicas. Durante diez años asume su rol de discípulo de Gurdjieff y luego comienza tanto a enseñar como a escribir el contenido del sistema aprendido de su maestro.

El Cuarto Camino, descripto como una vía hacia el despertar, es un sendero y en consecuencia sólo puede aprehenderse por experiencia propia. El mismo Gurjieff señalaba que era una tradición recuperada que impulsaba al individuo hacia un cambio de conciencia de sí, no sin un trabajo arduo y disciplinado: el Cuarto Camino requiere de la percepción permanente del presente para dejar de lado el impulso mecánico que domina nuestras acciones, en aras de la necesaria evolución.

El libro compila las conferencias de Ouspensky y describe las vías alternativas desarrolladas y conocidas: el camino del Faquir, del Monje y del Yogi son válidos, pero demandan una renuncia previa. En el Cuarto Camino la renuncia no es necesaria aunque de algún modo resulta más difícil que los citados porque se basa en la premisa de cambiar internamente sin cambiar externamente, sin alejarse de todo lo conocido desde el momento en que se emprende la ruta.

El sendero trazado por Gurdjieff y continuado por Ouspensky encuentra un escollo principal para el desarrollo de la conciencia de sí: la tendencia a actuar como si conociéramos la verdad, aún a sabiendas de nuestra ignorancia al respecto. Por ello se requiere de entusiasmo y continuidad para adentrarse en su legado y emprender la búsqueda del conocimiento interior; al menos, merece la pena el intento.

De blogs y premios LXIII

Desde el blog de Junior, lamentablemente en silencio desde hace un tiempo atrás, arribó este premio gracias a la generosidad de su autor. Pese a mi considerable retraso en cuanto a nominaciones y distinciones, agradezco tardíamente a Junior y espero que algún día vuelva a acompañarnos en la blogósfera.

En este caso el premio establece el agradecimiento al blog del que proviene, la publicación del logotipo, contestar algunas preguntas y nominar a su vez a quince blogs de WordPress, a los que debe notificarse debidamente. Aquí van las preguntas:

1.- ¿Conoce su patrimonio? Sí, no es tan amplio como para desconocerlo.
2.- Lo que siempre ha querido, ¿alguna vez lo consiguió? A veces sí, y no estoy segura que obtenerlo haya sido atinado.
3.- ¿Miente? En alguna ocasión, alguna mentira piadosa.
4.- ¿Cuál fue la última mentira que dijo? No recuerdo.
5.- ¿Ha sido detenido por un policía? No, es una experiencia desconocida por ahora.
6.- ¿Alguna vez ha bailado en la lluvia? Creo que no, pero no podría asegurarlo.
7.- ¿Alguna vez ha estado en un accidente de coche? Sí, sin consecuencia física alguna.
8.- ¿El mejor cumplido que ha recibido? No lo recuerdo.
9.- ¿Cuál es su mayor fortaleza o debilidad? En este momento de mi vida no podría clasificar una u otra.
10.- ¿Cuáles fueron sus primeros pensamientos cuando se despertó esta mañana? Qué felicidad, hoy es domingo.

Y aquí los nominados en esta oportunidad:

  1. @SoyCarlapaganoni: fotógrafa, escritora, exploradora.

2) Le Dauphin Rubio: el blog de María.

3) Luces de neón: pequeños relatos.

4) Los Tacones de Victoria: experiencias en el mundo del BDSM.

5) Mundo libre: lecturas y silencios.

6) Palabras para recordar: o el pensamiento en voz alta.

7) Crónicas de un Guardia de Seguridad: en un puesto de vigilancia sin supervisión.

8) Abriendo el alma: pensamientos por escrito.

9) The Watts: estilo de vida.

10) Living being a borderline: la experiencia de la depresión.

11) Sueños escritos: un baúl de relatos.

12) Matahari: una visión personal del mundo.

13) Madrid en el espejo: la novela de Leticia.

14) The Godly Chic Diaries: un sitio tan adorable como su presentación.

15) Plano de Açäo: nuevas ideas, motivaciones y algo de humor.

Gracias a todos por compartir sus contenidos en la blogósfera.

Blondine

La princesa Blondine era hija del rey Benin y la reina Doucette, buenos, justos y amados por su pueblo. Como suele suceder en los cuentos de hadas, la vida feliz de la princesa cambió radicalmente con la muerte de su madre y el nuevo matrimonio de su padre con la malvada Fourbette; con el tiempo la nueva reina dio a luz a la princesa Brunette, de cabellera tan renegrida como rubia era la de su hermana mayor. Blondine atravesó desventuras y turbulencias, pero la bondad y la luz suelen ser recompensadas y la historia tuvo un final feliz.

El cuento de hadas francés inspiró a Natalia Outeda, alma mater de Frassaï, diseñadora de joyas y creadora de fragancias nicho junto con destacadas narices: de la conjunción entre Natalia y Yann Vasnier surgió Blondine, una pequeña belleza perfumada que contiene en su composición hojas del peral, caramelo salado, flor de Ashoka, tiger lily y culmina en un corazón de almizcles rubios y vainilla.

Mi devoción por las fragancias me condujo hasta Frassaï, con sede en Nueva York y la cercana Buenos Aires: Blondine arribó en formato rollerball y desde entonces ha rodado por mis muñecas una y otra vez; la longevidad es muy buena y la estela moderada. Blondine emerge desde la piel con una estridencia serena, una sensualidad inocente aunque no por ello menos notoria, digna de una delicada princesa de cuento de hadas.

Templo Budista Chen Tien, Wara, aceites y bálsamos

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Foz do Iguaçu es una localidad emplazada en Brasil, en la frontera con Argentina, con quien comparte el privilegio de poseer una belleza natural imponente que atrae a turistas de todo el mundo: las descomunales Cataratas del Iguazú, una de las Siete Maravillas del Mundo. El puente internacional Tancredo Neves es la vía de comunicación entre ambos países desde Puerto Iguazú; desde allí se puede acceder al territorio inquietante de la Triple Frontera y arribar a la ciudad paraguaya de Ciudad del Este.

Pero no todo es belleza natural y hoteles de varias estrellas en Foz do Iguaçu, porque por aquellos misterios que a veces no encuentran explicación en la parte alta de la ciudad se emplaza el Templo Budista Chen Tien, construído a instancias de las comunidades orientales que habitan la Triple Frontera desde el año 1996. Cuenta con más de 120 estatuas en su terreno que reproducen distintas divinidades, entre ellas la del avatar Buda Maitreya que preside el lugar desde sus casi siete metros de altura augurando los tiempos de paz que han de arribar a la humanidad, una vez consumadas las enseñanzas de este nuevo Cristo Planetario.

Vero, profesora de Natha Yoga y budista por convicción, no podía dejar de visitar el Templo Chen Tien en ocasión de su visita a las Cataratas. Seducida por la atmósfera de paz y armonía que se respira en el lugar recorrió los senderos del jardín parquizado, admiró las diversas efigies cuyas manos evocan mudras, esos gestos ceremoniales sagrados que concentran e irradian la fuerza y potencia de la energía, y se detuvo en la tienda de obsequios para elegir generosamente un recuerdo de este lugar pleno de significado. Mientras aguardo el momento de conocer este ámbito venerable, el obsequio de Vero expande su energía en mi pequeño altar particular.

Wara

Las opciones veganas y vegetarianas se han ido multiplicando en estos tiempos de fast food, de la mano de la necesidad de cuidar el templo que nos ha sido dado: el cuerpo físico. La obesidad, el colesterol alto y las enfermedades cardiovasculares se encuentran directamente vinculados con el sedentarismo y los hábitos alimentarios, y esta conciencia, poco a poco, va abriéndose paso entre las ofertas tradicionales.

Devota como soy de la práctica de yoga y de la alimentación que dicha práctica conlleva, celebré la apertura en la ciudad de Wara cuando Andrea me dio la noticia: un espacio confortable y saludable donde la creatividad se fusiona con la calidad, dando como resultado opciones tan ricas como sanas.

En Wara la gastronomía se orienta hacia lo agroecológico y los ingredientes se seleccionan en base al aporte nutricional y al beneficio para el organismo: semillas, cereales integrales, miel pura y vegetales son utilizados para y acompañar y realzar el sabor de los platos, que pueden acompañarse con limonadas y jugos naturales. Algunos productores de la zona, enrolados en el cultivo saludable de la Tierra, son los proveedores pues no utilizan agroquímicos ni fumigaciones para evitar los efectos nocivos de estas prácticas.

En estos días helados de invierno, arribar a Wara después de la oficina para degustar una sopa nutritiva acompañada de pan integral tostado con palta y tomates confitados resulta una bendición para el cuerpo y el alma. De postre, se puede compartir una porción suculenta de budín de amapola y limón.

La fotografía pertenece al sitio web de Wara.

Aceites y bálsamos

En la Amazonía brasileña, la selva tropical de América del Sur que conserva su misión de pulmon verde pues subsiste pese a los desmanes de los humanos, crece una palmera llamada Attalea speciosa, también conocida como coco de Macao. De altura considerable ya que algunos ejemplares alcanzan los 20 metros, ha sido fuente proveedora para los pueblos originarios de hojas, leña y de un óleo que se extrae de sus semillas: el aceite de babassu.

Este aceite resulta útil para la cocina y también como biocombustible; las empresas cosméticas han descubierto su potencial ya que posee propiedades similares al aceite de coco, pero a diferencia de este último resulta menos untuoso y se puede utilizar como lubricante e hidratante así como para otorgar suavidad y brillo al cabello.

The Body Shop ha desarrollado la línea Nutriganics como una opción para aquellas personas que optan por productos elaborados con perspectiva ecológica. Aquí el ingrediente principal es el aceite de babassu, y su empleo deviene en un notable beneficio para la piel del rostro: suaviza, hidrata y contribuye a mantener la tersura tan ansiada. Para completar el efecto benéfico no debe olvidarse la protección solar diaria: All-In-One, de la misma marca, es un bendito bálsamo multifunción que ilumina y uniforma el tono de la tez, y en mi opinión resulta uno de los mejores entre la abundante oferta del mercado.

Niki de Saint Phalle, el mordisco de Ptolomeo, óleos y semillas

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Niza, paraíso entre paraísos de la Costa Azul, conjuga naturaleza, historia y dolce far niente en un entorno privilegiado y glamoroso que rememora la impronta gloriosa de la Belle Époque. Pero Niza también posee un importante acervo cultural que ofrece una profusa cantidad de museos, galerías y edificios para deleite del visitante; uno de ellos es el Museo de Arte Moderno y Arte Contemporáneo, que desde el año 1990 domina con su estilo neoclásico las proximidades de Plaza Garibaldi.

Sin perjuicio de encontrar las instalaciones en un estado que distaba de ser óptimo, lo cierto es que algunas de las colecciones vanguardistas que se exhiben justifican la visita; entre ellas se encuentra la obra de Niki de Saint Phalle, la notable representante del nuevo realismo francés, quien empleó su don artístico para cuestionar el rol de la mujer y devino en ícono multifacético contemporáneo.

Catherine Marie-Agnes Fal de Saint-Phalle había llegado al mundo en el seno de una familia burguesa que perdió su fortuna en el crack bursátil de 1929, un año antes de su nacimiento. El estrépito económico de su padre banquero y la indiferencia de su madre americana determinaron el traslado de la niña a un internado en Nueva York; a partir de allí su vida estuvo determinada por las visitas al Metropolitan y los veranos en París en casa de sus abuelos, cuando se dedicaba a admirar el arte gótico en las catedrales de Lutecia.

En la adolescencia, la rebelde Niki fue expulsada del internado cuando se atrevió a pintar de rojo las bíblicas hojas de parra que cubrían los genitales de una de las estatuas que se encontraban en la institución. Poco importaban a la incipiente artista las rígidas normas morales y sociales que predeterminaban los roles del hombre y la mujer en la atmósfera asfixiante de su entorno: ella ansiaba ver el mundo y vivir aventuras, pero en aquel momento estas experiencias eran patrimonio exclusivo de los hombres.

El matrimonio con el poeta Harry Mathews fue una manera de gozar de relativa libertad, con el modelaje primero para las revistas Vogue y Harper´s Bazaar y un posterior traslado a París para huir del macartismo. Allí los fantasmas que la acosaban, producto quizás de algún abuso sexual intrafamiliar, determinaron su internación en una institución psiquiátrica y la aplicación de electroshocks, lamentablemente tratamiento común en aquellos tiempos. Al egresar su vocación artística fue una manera de catalizar los recuerdos y Niki comenzó a experimentar la tercera dimensión propia de los dadaístas, empleando en sus creaciones diversos elementos como alambres, juguetes y frascos en una explosión de creatividad.

La vanguardia que compartía interminables conversaciones en la Rive Gauche acogió con los brazos abiertos a la joven y hermosa artista, sentada en las mismas mesas que Jean Paul Sartre a partir de su segundo matrimonio con el escultor suizo Jean Tinguely; su descubrimiento del feminismo de la mano de Simone de Beauvoir determinó la impronta única de sus obras: novias, prostitutas, nanas, crucifixiones femeninas y personajes del tarot surgieron de la imaginación desbordante de Niki. Sin embargo, nunca logró una subvención estatal y se sostenía comercializando joyas y artículos de decoración; de hecho, aún es posible encontrar con esfuerzo el perfume que lleva su nombre, cuyo frasco es una pequeña obra de arte y constituye uno de los objetos de deseo pendientes en mi pequeña colección.

En la fotografía se puede apreciar La Mariée sur l´arbre, elaborada con pintura, papel tissu y objetos diversos sobre una construcción metálica, perteneciente a la colección permanente del museo y que constituye sólo una ínfima muestra del talento inigualable de Niki.

El mordisco de Ptolomeo

El frío era notable aquel sábado cuando finalmente mi cuerpo se introdujo entre las sábanas, más allá de la medianoche. Como suele suceder en mi hogar, alguno de mis tres gatos se dirigió a la habitación para instalarse a los pies de la cama y en este caso me acompañó Ptolomeo. Mientras me sumergía en la lectura del libro de turno una silueta felina se adivinaba detrás de la persiana de la ventana: Simón, el gato del vecino, se paseaba orondo por mi balcón y procuraba espiar hacia adentro, adivinando la presencia de un congénere. Sus modales amistosos contrastaban notoriamente con la reacción de Ptolomeo, que comenzó a despertarse y a gruñir insistentemente ante la invasión al territorio: en pocos instantes sus orejas estaban casi planas y había aumentado de tamaño debido al pelaje erizado, mientras producía extraños sonidos para alejar a su contrincante.

Pero Simón no estaba dispuesto a abandonar su paseo por mi balcón y Ptolomeo comenzó a empujar el vidrio de la ventana mientras bufaba sin pausa; sus dos hermanas de raza habían subido la escalera y se ubicaron detrás para observar el suceso. Cabe aclarar que Ptolomeo es un gato manso y amoroso, que fue rescatado por nosotros de la calle con apenas dos meses de vida en calamitoso estado de salud y al que las dos féminas hostigan, pelean y molestan sin casi lograr reacción por su parte; sin embargo ambas, cautelosamente, optaron por no acercarse en este caso.

Como sabiamente me señaló mi profesora de yoga, debería haber imitado la reacción natural de las gatas, pero en cambio obedecí al impulso humano de levantarme y procurar que cesara de empujar el cristal con la cabeza tomándolo desde atrás. Craso error, porque ya había sacado uñas y dientes para enfrentar a su enemigo y ante mi gesto se dio media vuelta y me mordió mientras seguía peleando con Simón, que apoyaba la cabeza contra la persiana.

No exagero cuando describo el dolor de la mordedura en mi dedo pulgar izquierdo como el más grande que sentí después del bíblico sufrimiento de parir; la médica me explicó que hay una serie de terminaciones nerviosas en las falanges que activan el reflejo del nervio vagal, de ahí el dolor intenso y persistente que provoca cualquier lesión en esta zona del cuerpo. Luego de procurar frenar el sangrado, la consiguiente y ardiente desinfección y el vendaje me acosté nuevamente; Ptolomeo, que en algún momento había logrado su cometido de espantar al intruso, se instaló otra vez a mis pies, ignorante acerca del daño colateral de la pelea.

Como corolario, el dedo se infectó por insuficiencia de la curación casera y por no haber concurrido al médico al día siguiente pese a que se encontraba inflamado y ardiente. El domingo por la noche latía sordamente y cuando al día siguiente arribé a la oficina había doblado su tamaño; Vero y Kari, en conjunto, me impulsaron a concurrir pronto a la guardia donde luego de interminables preguntas acerca de diabetes, colesterol, alergias, anticoagulantes y otros tópicos que no recuerdo, respondidos negativamente, me limité a afirmar una vez más que había recibido un mordisco de mi gato.

Me hicieron un corte para drenar la infección, voy por la segunda dosis de la vacuna antitetánica y los antibióticos con ácido clabulánico ejercieron un efecto devastador en mi organismo acostumbrado al té de limón o de orégano como paliativo para cualquier contratiempo en la salud. En todo este proceso Ptolomeo, inconsciente respecto del rol desempeñado, continúa durmiendo ocasionalmente a mis pies y reclamando atención mediante adorables maullidos cuando sus hermanas de raza le hurtan la comida o perturban su tranquilidad gatuna.

La fotografía, tomada por Juan, reproduce la expresión amorosa de nuestro Ptolomeo.

Óleos y semillas

El lino, también llamado linaza, es una planta herbácea cuyo tallo se ha empleado tradicionalmente para la confección de codiciados tejidos que resultan onerosos debido al proceso de elaboración que requieren. Pero no sólo el tallo resulta útil para el hombre, porque con las semillas se producen tanto harina como aceite muy ricos en nutrientes y vitaminas.

Las semillas de lino poseen propiedades hidratantes y emolientes que resultan muy beneficiosas para el cabello, ya que contribuyen a mantenerlo suave y brillante. Anna de Sanctis posee entre su nutrida oferta de productos de la línea Olio shampoo con semillas de lino, ideal para el uso frecuente ya que contribuye a su ductilidad.

El aceite de argán, cuyas propiedades resultan harto conocidas, ejerce una benéfica influencia sobre el cuero cabelludo por su alta concentración de vitamina E. Sólo hay que tener en cuenta que el empleo debe ser más o menos frecuente de acuerdo a las características del pelo, y graduar la cantidad al emplearlo como acondicionador en función de la producción sebácea de cada uno.