Île de la Cité, Île Saint-Louis, Île-de-France

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La isla es mínima pero se yergue, imponente, sobre el Sena. Originalmente era un banco de arena que permitía a los parisii cruzar el río a la manera de un puente: allí el pueblo celta construyó en el siglo III a.C. un pequeño poblado rodeado de murallas, que hoy constituye el corazón de París.

Lutetia Parisiorum tuvo un considerable crecimiento durante el período romano hasta que fue destruída por los bárbaros en el siglo III,  pero sus habitantes eran esforzados y tercos y doscientos años más tarde la isla se encontraba nuevamente fortificada. El curso del siglo VI determinó su destino como residencia de los reyes francos durante ocho centurias, y al entramado de poder político se añadió el aura de señorío eclesiástico al finalizar la construcción de la Catedral de Notre Dame en el año 1345.

La visita resulta obligada aún cuando no sea la primera vez que la fachada espléndida del templo se encuentra ante nuestra mirada, porque más allá de la potencia femenina en cuyo honor se erigió fue el edificio religioso más grande de Occidente hasta la construcción de la catedral de Amiens. Desde el punto de vista artístico resulta un tesoro declarado Patrimonio de la Humanidad y, desde la imaginación desbordante de Víctor Hugo, un símbolo del amor incondicional del desdichado Quasimodo hacia la hermosa Esmeralda.

Hay que armarse de paciencia para transitar la larga fila de turistas que se agrupan en todos los horarios a fin de lograr el cometido de pisar su planta, que quita el aliento desde sus diez metros de altura y remata en un magnífico techo abovedado sostenido por arcos; el pórtico representa el Juicio Final y las gárgolas vigilan, sin descanso, la superficie de la ciudad. Nosotros ingresamos cuando comenzaba la misa y la voz del sacerdote se elevaba junto con el humo del incienso: un indescriptible recuerdo del santuario percibido con todos los sentidos.

Île Saint-Louis

Resulta difícil imaginar que hasta el siglo XVII esta mínima ínsula estaba destinada exclusivamente al pastoreo y al almacenaje de madera. La nobleza francesa descubrió la placidez de sus zonas arboladas y las residencias comenzaron a poblar la superficie dotándola de la impronta que la caracteriza hoy en día: distinguidas construcciones con amplios patios rodeadas de puertas de hierro forjado.

Sólo hay que cruzar el Pont St-Louis para acceder a la superficie de la isla y recorrer sus calles donde se pueden encontrar pequeñas tiendas y reductos gastronómicos menos concurridos. Si en algún momento impera la necesidad de encontrar algo de tranquilidad en medio del alboroto que caracteriza a la capital francesa, cruzar el puente desde la Catedral de Notre Dame constituye una buena opción.

El helado más famoso de París sólo se puede conseguir en la isla: Berthillon continúa elaborando exquisiteces con la misma calidad artesanal de sus comienzos. Sorbetes y cremas heladas cuya elaboración constituye casi un secreto de Estado, exclusivamente en base a elementos naturales, sin emplear conservantes ni químicos y con una variedad de gustos que le han valido un lugar entre las mejores heladerías del mundo. Casi una cita obligada al retornar a París.

La fotografía pertenece a la página web de Berthillon.

Île-de-France

No se trata de una isla en sentido estricto, sino de una zona delimitada por ríos en la que Hugo Capeto reinó, soberano, desde el año 987. Cuenta entre sus edificios con la primera catedral francesa, construída en St-Denis, con la célebre fábrica de porcelana francesa en Sèvres que se remonta al siglo XVIII y con el más grandioso de los palacios: Versalles. Si se requiere naturaleza en lugar de fastos palaciegos, se puede soñar con ser artista entre los colores del bosque de Fontainebleau.

Resulta fácil dejar volar la imaginación al ingresar a Versalles y aproximarse a la opulencia de aquellos eventos cortesanos pletóricos de personas que disfrutaban despreocupadamente de la vida, mientras la realidad del pueblo llano gestaba, alimentada por el hambre, la idea de la revolución. Diecisiete kilómetros separan Versalles de París, donde fueron trasladados los primorosos muebles para la venta mientras las obras de arte se despacharon hacia el Louvre, en los días que siguieron a la furia revolucionaria.

Pero entre 1682, cuando Luis XIV desplazó el centro político de Francia al finalizar la construcción, y 1789, Versalles fue la residencia real construída alrededor del pabellón de caza de Luis XIII en torno a un amplio patio en el que convergen las diversas alas de los edificios, donde cada sala oficial fue dedicada a una deidad olímpica. La Galería de los Espejos, construída en 1678, fue concebida por Luis XIV como un tributo a sí mismo y a su poder absoluto.

Versalles merece un recorrido a conciencia de sus jardines en los que se destacan por su grandiosidad la Fuente de la Pirámide y la Fuente de Apolo: las referencias externas e internas al dios del sol y la luz dan cuenta de la identificación de los reyes franceses con la poderosa y temida divinidad. La Avenida del Agua conduce al Estanque de Neptuno, una descomunal construcción rodeada por 22 fuentes cuyas tazas de mármol se encuentran sostenidas por sendas estatuas de niños.

Cuando Luis XIV se cansaba de la vida cortesana, tenía la posibilidad de contar con un espacio de retiro de estilo italiano donde recluirse: el Grand Trianon. Luis XV construyó el Petit Trianon para Madame de Barry, su amante; Luis XVI obsequió esta hermosa creación de estilo neoclásico a María Antonieta, que adicionó espacios externos para disfrutar junto a sus damas de una idílica vida pastoril.

Saqueado y vaciado luego de la revolución, transitó diversos destinos, entre los cuales el más significativo fue la firma del Tratado que lleva su nombre y puso fin a la Primera Guerra Mundial. Actualmente, si bien recibe en algunas ocasiones dignatarios extranjeros, constituye un monumento histórico que resume la historia viva de Francia durante los últimos 500 años.

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En París, la orilla derecha, la orilla izquierda

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El tren que abordamos en Ámsterdam atravesó Bélgica y luego se deslizó, raudo, hacia tierras francas. El viaje fue entretenido y sereno, en un vagón variopinto matizado con tintes idiomáticos similares a la torre de Babel por su diversidad. Finalmente la estructura de la Gare du Nord apareció en el horizonte: el traslado había concluído, por lo menos con respecto a ese tramo.

Abordamos un taxi luego de ejercitar la virtud de la paciencia en una fila bastante larga, que nos depositó en poco tiempo a las puertas del hotel Henri IV, en pleno Barrio Latino. La ciudad latía con su ritmo propio, esa cadencia trepidante y distinguida que otorga a París un toque único y la sitúa entre las favoritas de los visitantes en el mundo, año tras año. Las terrazas de los bares se poblaron poco a poco de comensales, en principio para tomar las bebidas espirituosas propias de media tarde y luego para cenar, temprano para nuestras argentinas costumbres, a partir de las horas vísperas según los términos de la liturgia medieval.

Sin embargo, esta vez no sentía esa alegre ansiedad por sumergirme en los encantos de la capital europea; sólo tenía en mente visitar el Museo de Cluny para ver la colección de arte medieval que había encandilado hace años atrás a mi querida Adri, y abordar un tren para visitar Chartres a fin de saldar una deuda kármica al recorrer su laberinto. El resto del tiempo, le dije a Juan, te sigo hacia los destinos que elijas recorrer; sin embargo, el museo se encontraba cerrado hasta junio así que he de retornar a esta ciudad en algún momento una vez más, si las diosas quieren, para contemplar con mis propios ojos artesanales tapices de damas y unicornios.

París conjuga en sí misma los sueños de aristócratas y emperadores, artistas y bohemios, burgueses y revolucionarios que la dotaron de calles medievales e iglesias, de palacios soberbios, de monumentos dedicados a la más representativa de las revoluciones y de elegantes paseos arbolados donde se concentran la moda y la belleza junto a una ingente cantidad de establecimientos gastronómicos. París palpita tanto en sus calles y en sus transeúntes como en las descomunales colecciones de arte que se despliegan en sus museos, en las obras de los artistas que exponen en las orillas del Sena y en las líneas inconfundibles de la Torre Eiffel. Apasionante y agotadora, la antigua Lutecia nos brinda además una ilusoria promesa de eternidad: siempre tendremos París.

La orilla derecha

Quien arribe por primera vez a la capital francesa puede obtener una vista panorámica surcando el Sena a bordo de uno de los famosos Bateaux Mouche. Fluctuat nec mergitur reza el viejo lema de épocas romanas que integra el escudo de la ciudad y significa algo así como “tocada pero no hundida”. El Sena atraviesa París y constituye un recorrido casi obligado, porque exhibe ante los ojos del visitante la historia viva de la metrópoli integrada por las dos orillas.

La Rive Droite encarna la elegancia y sofisticación amalgamada con el arte que se emplaza en el museo del Louvre. Los edificios más emblemáticos se encuentran en la margen derecha del río; describir todas las posibilidades que ofrece esta parte de la ciudad resulta una ardua tarea, pero si el visitante comienza por la Ópera Garnier que data de 1875 puede improvisar una ruta a pie que ha de llevarlo, casi sin querer, por los monumentos más representativos de la distinción parisina.

La Rue St. Honoré desemboca en una bifurcación a la derecha en la Place de la Madeleine, presidida por las columnas corintias del templo, desde las que se obtiene un panorama impresionante de la Place de la Concorde, donde las ejecuciones se encontraban a la orden del día durante los tenebrosos años del Terror. El obelisco emplazado en la superficie de la plaza resulta gentileza de los egipcios, a quienes los franceses obsequiaron a cambio un reloj que tuvimos la oportunidad de observar en la ciudadela de Saladino, en El Cairo, que curiosamente jamás funcionó.

Al pie de la Concorde se encuentra la avenida Champs-Elysées, y en sentido inverso dos kilómetros separan al visitante del Arco de Triunfo, erigido para perpetuar la gloria del ejército francés al mando de Napoleón, en cuya base se encuentra la Tumba del Soldado Desconocido que desde 1921 recuerda a los combatientes franceses durante la Primera Guerra Mundial mediante una llama siempre encendida. Tal vez sea un buen momento para sentarse a tomar un café y reponer fuerzas en alguna de las terrazas, antes de continuar paseando entre los árboles frondosos y las tiendas de lujo que integran el paisaje de este inagotable paseo.

La orilla izquierda

Así como el Arco de Triunfo preside la margen derecha del Sena, la orilla izquierda cuenta con la torre más famosa del mundo desde el año 1889, gracias a la pericia de Alexandre Gustave Eiffel. Si el ánimo y el clima acompañan, el paseo desde Campo de Marte hasta la emblemática Catedral de Notre Dame atraviesa el alma bohemia de París, característica de la orilla izquierda.

Al arribar al Sena quizás haya que detenerse a obtener una fotografía ante la vista panorámica del Louvre que se despliega, casi sin querer, en todo su esplendor. Saint-Germain-des-Prés no es sólo un barrio presidido por la iglesia abacial más antigua de París: cuna de escritores, filósofos y artistas que dotaron a la orilla izquierda del aura intelectual que aún perdura, alberga entre sus calles los dos cafés más emblemáticos de la ciudad: Les Deux Magots y el Café de Flore, para sentarse a descansar e imaginar las vibrantes discusiones existenciales que tuvieron lugar entre sus mesas.

Los Jardines de Luxemburgo, en mi opinión, constituyen el paseo público más bello de París en cualquier momento del año, y aún con las contingencias climáticas que depara esta ciudad. María de Médici los diseñó a imagen y semejanza de su añorada patria, y la impronta italiana de la reina consorte resulta visible aún en la actualidad. Poco a poco el visitante se aproxima a las calles pobladas de turistas y estudiantes del Barrio Latino, hasta que al atravesar la Fontaine Saint-Michel la impronta bohemia se despliega en todo su esplendor.

El Panteón, el edificio inconfundible de La Sorbonne, la estampa medieval del Museo de Cluny, son sólo algunos de los hitos que ofrece este distrito, pleno de ofertas gastronómicas y artísticas: vale la pena detenerse a admirar alguna de las obras de los pintores callejeros que despliegan su arte a orillas del río. Y así las horas fueron pasando y estábamos nuevamente casi a las puertas del hotel, pero aún no era tiempo de retornar: la iglesia de Saint-Julien-le Pauvre, próxima al Quai de Montebello que conduce a Notre-Dame, fue la última pequeña maravilla que admiramos antes de la cena.

Vondelpark, Bansky, Conservatorium Hotel

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En el año 1864, Ámsterdam carecía de un pulmón verde representativo como los que se habían erigido en otras metrópolis del mundo para que sus habitantes escaparan del ruido y la vida intensa propia de las ciudades. Los jardines de Luxemburgo, Kensington Garden, el Central Park, eran espacios públicos donde los residentes de las capitales alternaban paseos y vida social con el contacto con la naturaleza: los impulsores del proyecto en Ámsterdam encontraron ocho hectáreas en una zona pantanosa y así comenzó el diseño del denominado originalmente Nieuwe Park.

El paisajista L.D. Zocher fue el encargado de delinear el nuevo parque con un estilo netamente inglés: avenidas, estanques y glorietas dotaron al espacio verde de encantadores recovecos y en 1865 los paseos a caballo y las caminatas dieron cuenta del éxito de la iniciativa. Ámsterdam contaba por fin con un parque que dos años después adoptó el nombre del poeta holandés Joost Van Den Vondel, cuya estatua se erigió en el centro, que muy pronto fue elegido como sitio de esparcimiento de sus habitantes.

Diez años después se incorporaron 40 hectáreas más y quedó conformado el encantador jardín urbano concebido como un paseo sito en las afueras de la ciudad, que con el crecimiento de la urbe se emplaza actualmente entre la animada plaza Leidseplein y Museumplein, donde se encuentran los museos más importantes de Ámsterdam. Nosotros transitamos en varias ocasiones su superficie, tanto para caminar, para tomar algo caliente pese al frío de la mañana en las terrazas al aire libre de Vondeltuin y para fotografiar la naturaleza plena que despuntaba al comienzo de la primavera boreal.

Bansky

Entre la pinacotecas que se encuentram en Museumplein, los amantes del arte contemporáneo tienen una cita impostergable en MOCO, el Museo de Arte Modermo y Contemporáneo inaugurado en abril de 2016. Más pequeño y menos concurrido que los demás, no requiere de entrada previa para acceder y el recorrido no demanda tanto tiempo, así que resulta una buena opción para quienes viajan acompañados por sus hijos más pequeños. El edificio merece un comentario aparte: una bella construcción de 1904, con techos artesonados y ventanas acristaladas diseñada por Ed Cyupers situada entre Rijksmuseum y el museo Van Gogh.

El MOCO cuenta con una exhibición tan atractiva como imprescindible para los admiradores del street art, pues Bansky, el notable artista callejero cuya identidad aún resulta desconocida, es uno de los expositores cuyas obras notables e irreverentes se pueden admirar en las instalaciones junto a Roy Lichtenstein, tal vez el más notable de los referentes del arte pop, en mi modesta opinión.

Bansky inició su carrera entre 1992 y 1994 en Bristol, razón por la cual se le atribuye origen inglés. El halo de misterio que ha sabido mantener respecto de su aspecto físico y su formación ha incrementado el éxito de sus creaciones, que han sacudido las estructuras del arte desde los paredones públicos de la ciudad elegida. Tal vez el mérito de Bansky no se agote en su originalidad sino en el empleo de esta condición para sacudir conciencias desde espacios populares como las paredes públicas de las ciudades, pues el militarismo, la explotación de los niños y el consumo desenfrenado son los temas recurrentes en sus trabajos más trascendentes.

Particularmente reconozco haber soltado la carcajada ante una de las imágenes más descaradas del artista, en la que se observa a una reina con rasgos similares a la muy pacata Victoria de Inglaterra en una posición de indudable contenido sexual; pero la sonrisa cedió el paso a la reflexión ante las referencias a la guerra, el maltrato animal y la inocencia infantil. Para quien visite Ámsterdam, contemplar cualquier obra de  Bansky resulta una interpelación interior que el artista logra con munición más potente que cualquier arma: su indudable talento.

Conservatorium Hotel

Seguramente el arquitecto holandés Daniel Knuttel, diseñador del solemne edificio que se constituyó en sede del Rijkpostpaarbank, tuvo en miras que la distancia que lo separaba del núcleo central de Ámsterdam sería sorteada por el transporte a caballo propio de la época. Con el tiempo el directorio del banco decidió mudar sus oficinas y el abandono comenzó a hacer mella en las magníficas instalaciones.

Transcurrieron cinco años hasta que, en 1983, la música comenzó a resonar entre las paredes vacías: el Sweelinck Conservatorium con sus tres institutos musicales, previa adaptación de la acústica del lugar, inició sus actividades en la antigua entidad bancaria. Durante 25 años los alumnos se multiplicaron y en 2008 el Conservatorio de Ámsterdam se trasladó a su actual ubicación pero esta vez el edificio no quedó vacío, porque la cadena The Set Hotels adquirió el inmueble y el diseñador Piero Lissoni fue el encargado de conjugar historia y distinción con las comodidades necesarias para los futuros huéspedes de un hotel de lujo.

Conservatorium Hotel es un maravilloso lugar para visitar aunque el presupuesto resulte exiguo para hospedarse en sus fabulosas instalaciones. Basta con recorrer el hall de entrada, admirar la decoración tan original como refinada y tomar un café en el magnífico patio interior acristalado; los amantes de la cosmética y la perfumería podrán deslumbrarse en Skins, un verdadero paraíso para quienes son afectos a estos inofensivos placeres.

Museo Van Gogh, canales de Ámsterdam, Zona Roja

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El Barrio de los Museos o Museumplein de Ámsterdam representa el acervo cultural de la ciudad. Está ubicado en las proximidades del Voldenpark, en una zona apacible pese a la muchedumbre que transita por las pinacotecas más relevantes entre las que destaca el museo Van Gogh, dedicado al artista nacido en Groot-Zundert en 1853 y cuya muerte a los 37 años se produjo cuando sólo había podido vender un cuadro de su prolífica obra.

Hijo de un matrimonio formado por un pastor protestante y un ama de casa, Vincent desarrolló una temprana vocación por el arte que procuró sofocar, quizás debido a la influencia paterna, hasta que a instancias de su hermano Theo se inscribió en 1880 en la Academia de Bellas Artes. A partir de ese momento más de 200 pinturas y 500 dibujos habrían de surgir del talento innato del artista en las diferentes etapas de su vida: Holanda, París, Arles, Saint-Remy y Auvers-sur-Oise se encuentran ordenadas cronológicamente en el museo, siendo factible apreciar su evolución entre los primeros esbozos campestres y el atormentado período que precedió a su muerte.

Theo fue un referente y un pilar para Vincent, a quien protegía y cuidaba pese a ser cronológicamente menor; las cartas remitidas por el pintor a su hermano dan cuenta de su vida, sus esperanzas y sueños. En estos documentos se pone de manifiesto la admiración que sentía por el arte japonés: “…es algo así como los primitivos, como los griegos, como nuestros antiguos holandeses, Rembrandt, Hals…” escribía Van Gogh en 1888, pasión que encontraba su correlato en la colección de láminas orientales que coleccionaba, llegando a reunir más de 600 en total.

La exposición Van Gogh y Japón, que tuvimos el privilegio de contemplar ya que se encuentra en el museo hasta el mes de junio de este año, exhibe 60 lienzos y dibujos del artista así como parte de las láminas de su colección. Resulta sorprendente que pese a no haber pisado nunca suelo japonés haya internalizado la estética y técnica características de esta cultura: Le courtisane de Eisen es una obra del artista japonés Keisai Eisen, especialista en el género bijinga que se interpreta como “pintura de mujeres hermosas”. Van Gogh realizó una magnífica copia al óleo a la que adicionó un paisaje de bambú, como se puede apreciar en la fotografía que anuncia la exposición y que resulta apenas un atisbo de la riqueza artística que aguarda al visitante.

Canales de Ámsterdam

Una opción para conocer la ciudad de manera panorámica es abordar alguno de los pequeños cruceros que salen cada media hora de diversos embarcaderos, para navegar por algunos de los canales mas emblemáticos de Ámsterdam. Los hay diurnos y nocturnos, con recorrido más o menos amplio; nosotros optamos por un barco que surcó las principales vías acuáticas durante una hora y quince minutos.

En el período comprendido entre los siglos XII y XVII se construyeron un total de 180 canales cuya profundidad oscila entre los 2 y 3 metros. Con tesón y paciencia los holandeses ganaron tierra allí donde había agua para lograr espacios habitables; como todo lo que resulta escaso, las superficies son muy caras y durante el paseo es posible observar embarcaciones que cumplen el rol de residencias flotantes, algunos de ellos en perfecto estado de uso y conservación.

A medida que avanza el barco la geografía urbana de Ámsterdam destaca en todo su esplendor. La prosperidad por el que atravesó la ciudad durante el siglo XVI determinó la expansión económica de sus pobladores: de manera ininterrumpida las naves que transportaban mercaderías y esclavos enriquecían sin pausa a los habitantes, y fue en esta época cuando se levantaron las mansiones emplazadas a orillas del agua que dotaron de distinción y estilo a la ciudad, y hoy funcionan como hoteles de lujo o museos.

No sólo han sido el motor económico y el símbolo del desarrollo político y cultural de Ámsterdam: su cuidada planificación y perfil arquitectónico les ha valido el galardón de la UNESCO, que en el año 2010 ha incluído a los canales entre aquellos lugares que deben ser considerados Patrimonio Cultural de la Humanidad, reconociendo de esta manera su importancia turística y valor intrínseco.

Zona Roja

Aún para quienes no comulgamos con la idea de la venta del cuerpo como medio de vida, que históricamente ha significado explotación sexual de personas vulnerables como mujeres y niñas, resulta un paseo casi insoslayable la clásica vuelta por la Zona Roja de Ámsterdam. El centro de la ciudad alberga estas calles donde las luces indican los escaparates en los que las mujeres se exhiben previo alquiler del lugar por unas horas, pagando rigurosamente impuestos por una actividad legal y presuntamente voluntaria, aunque la regulación no indaga más allá de lo formal, en definitiva, respecto de este último aspecto.

A medida que el visitante se acerca al centro histórico hay un cambio notorio tanto en los comercios como en la idiosincracia de los seres humanos que por allí transitan. Sin perjuicio de los coffeshops que se pueden encontrar en varios lugares de la ciudad, donde prima la libertad para consumir y comprar sustancias legales (cocaína y heroína, por ejemplo, no se encuentran incluídas), las vidrieras de los negocios ofrecen tanto objetos sexuales explícitos como vestimentas a veces vulgares por obvias, y hay una variedad de clubes para todos los gustos donde la gran mayoría de los espectáculos se encuentran en cabeza de mujeres.

La Zona Roja se remonta al año 1200 y durante todo el curso de la Edad Media los burdeles se fueron extendiendo, ya que la condición portuaria de la ciudad promovía la llegada de hombres de mar ávidos de cuerpos femeninos. La moralidad hipócrita de la Edad Moderna clausuró los prostíbulos y las mujeres comenzaron a ofrecer sus servicios desde la puerta o ventana de sus moradas, siempre bajo el control atento del sheriff de la ciudad; parece que de ahí viene la tradición de la exhibición de los cuerpos a los transeúntes. Finalmente en 1911 el ejercicio de la prostitución fue legalizado en nueve localidades de los Países Bajos, Ámsterdam incluída.

Sin embargo, si bien existen controles respecto de la edad y el permiso del Estado para llevar a cabo la actividad, lo cierto es que la regulación es formal y no va más allá de comprobar estos extremos. A poco de indagar se comprueba que las autoridades no pueden afirmar con certeza que las personas no se encuentren bajo el dominio de un proxeneta, o que una red de trata las someta y explote contra su voluntad luego de captarlas por su condición de vulnerabilidad. De hecho, al caminar por estas calles se advierte a simple vista que las mujeres por sus rasgos son definitivamente extranjeras, lo que acentúa y potencia la condición aludida: nada nuevo bajo el sol pese a la aparente libertad de elección, en definitiva.

En Ámsterdam, Mercado de las Flores, Ana Frank

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Treinta horas después de salir de casa arribamos al hotel Alexander, ubicado a un paso del Vondelpark, el pulmón verde más importante de Ámsterdam. El taxista solemne y elegante nos condujo en un vehículo que se asemejaba más a una limusina por el tamaño que a un simple automóvil desde el posmoderno aeropuerto hasta nuestro ansiado hospedaje, sito en una de las zonas más distinguidas de la capital de los Países Bajos.

Ámsterdam o Amsterdam, según la pronunciación de cada uno, fue fundada en el año 1275, concretamente el día 27 de octubre cuando sus habitantes fueron eximidos del pago de los peajes que regían entre los puentes de Neederlands. Por aquella época era un poblado típico medieval y sus residentes en su mayoría pescadores, al igual que sus fundadores oriundos de Frisia, quienes arribaron al lugar casualmente mientras navegaban el río Amstel.

Un siglo más tarde había florecido debido al comercio marítimo; durante la Edad Moderna dicho florecimiento arraigó y se convirtió en un centro de finanzas mundial, debido además al afincamiento previo de comerciantes protestantes y judíos  perseguidos en otras tierras, que encontraron refugio merced a la tolerancia religiosa característica de la región. Fue la sede de la primera Bolsa de Comercio que funcionó a diario y el casco antiguo se consolidó y creció a partir de la construcción de canales a su alrededor, sin perder la esencia arquitectónica que resulta su sello característico.

Es una ciudad afable y predecible, donde el tiempo transcurre sutilmente entre las calles en las que tranvía y bicicletas resultan medios de transporte casi excluyentes por tierra mientras las embarcaciones surcan ininterrumpidamente los canales. Si bien en su famosa Zona Roja quien lo desee puede observar cuerpos ordenadamente expuestos a la venta y existen comercios donde adquirir cannabis en diversas formas cuyos efectos se describen puntillosamente, no hay estridencias ni excesos a la vista: antes bien, se respira un ordenado laissez faire que sumerge al visitante en una atmósfera calma y pacífica aunque se encuentre inmerso en el pulso cotidiano de la ciudad.

Mercado de las Flores

Las tiendas ubicadas sobre el canal Singel constituyen el único mercado flotante del mundo: Bloemenmarkt se remonta al año 1862 y originalmente era conocido como Plantenmarkt, pues las flores comenzaron a comercializarse recién en las últimas cuatro décadas del siglo XX. Los canales eran empleados para el transporte y venta de las mercancías y resultaba más sencillo concretar los negocios desde los botes que se desplazaban a lo largo del curso de agua; la tradición continúa aunque actualmente las flores arriban por tierra en transportes convencionales a los puestos firmemente amarrados.

Se pueden encontrar tanto flores como semillas y bulbos entre los que se destacan, obviamente, multicolores tulipanes y las semillas de cannabis. Aquellos que no vayan a adquirir productos naturales igualmente no se irán con las manos vacías porque la oferta de regalos y recuerdos con la consiguiente impronta holandesa resulta difícil de resistir; como ejemplo, basta decir que adquirí un paraguas para Paula cuyo mango es un adorable tulipán color rosado.

Una vez finalizado el paseo se impone elegir alguno de los cafés que se emplazan frente al mercado y sentarse a hacer un intervalo al solo efecto de ver la gente pasar, observar el canal Singel que circunscribía la ciudad como foso de la muralla en el curso de la Edad Media y, munidos de un mapa, planificar el paseo futuro por esta urbe amable y cosmopolita.

Ana Frank

Otto y Edith Frank constituían una familia feliz conjuntamente con sus dos hijas Ana y Margot, nacidas en 1926 y 1929 respectivamente. Residían en Frankfurt y su intención era educar a las niñas en Alemania, centro de su vida famliar y social, pero el comienzo de la crisis económica fue caldo de cultivo para el arribo al poder de Adolf Hitler en 1933. Se avizoraban tiempos difíciles para los judíos alemanes, aunque lejos estaba el mundo de imaginar el horror sin límites que vendría después.

Otto Frank comienza a explorar otros horizontes y Ámsterdam surge como una posibilidad cierta de paz y prosperidad. La apertura de la ciudad a otros credos y etnias resultaba proverbial y la familia se establece en una casa cercana a la plaza Merwede; Ana comienza su escolaridad en el jardín Montessori y son tiempos felices en los que la discriminación y las medidas crueles y absurdas impuestas por los nazis aún no hacen mella en Holanda.

Pero en 1940 llegan los nazis a la ciudad y las leyes antisemitas comienzan a regir: Otto Frank designa directores para su empresa y la sede se traslada al número 263 del canal Prinsengracht; las niñas deben concurrir a colegios destinados exclusivamente a judíos y se establecen rígidas prohibiciones en cuanto al transporte público y los horarios para salir a la calle. El 12 de junio de 1942 Ana cumple 13 años y sus padres le obsequian un diario, donde comienza a plasmar los cambios que sufren sus vidas a partir de la ocupación nazi.

A medida que la situación se torna más difícil y angustiante, los Frank comienzan a programar su paso a la clandestinidad y preparan un refugio secreto en la  parte de atrás de la casa donde funciona la empresa:iban a instalarse al 16 de julio, pero la citación a Margot el día 5 del mismo mes con obligación de presentarse en un campo de trabajos forzados los impulsa a adelantar la fecha. Fueron los colaboradores de Otto quienes los sostuvieron y protegieron durante los dos años siguientes; luego llegarían cuatro personas más, buscando refugio ante el avance de la barbarie.

Ana vuelca en su diario las experiencias por las que atraviesa con desgarradora claridad; ya no tiene acceso a sus amigas y entonces dirige una serie de cartas a una joven imaginaria a la que apoda Kitty, también escribe cuentos y copia frases que concitan su atención en las largas horas de lectura en soledad. Conserva una ilusión: publicar sus escritos cuando la guerra concluya y retorne la ansiada normalidad a su vida.

Aún resulta desconocida la manera en que la Gestapo logró ubicar el día 4 de agosto de 1944 el escondite secreto de los Frank. Ana conjuntamente con Margot y su madre fueron deportadas a Auschwitz y luego a Bergen-Belsen, donde finalmente la fiebre tifoidea y las condiciones inhumanas causaron su muerte en febrero de 1945. Sólo Otto Frank sobrevivió a la formidable maquinaria de exterminio concebida por los nazis y a su regreso publicó el diario de Ana, rescatado de la casa por su colaboradora Miep Gies.

La visita al refugio de la familia Frank no sólo permite conocer sus condiciones de vida en la clandestinidad y aproximarse con imaginación a sus sentimientos y sensaciones: configura una pincelada del horror y la ignominia a la que fueron sometidas tantas personas por motivos que aún resultan incomprensibles en sí mismos. Las esperanzas, las reflexiones y los sueños de esta niña que se convirtió en un símbolo de inocente resistencia al régimen más cruel que ha conocido la humanidad cierran la garganta y ei corazón y sacuden el alma, a punto tal que hubo momentos en que creí que no podría continuar con la visita. Tanto dolor, angustia y tristeza se perciben en esas paredes que resulta un consuelo relativo saber que Ana Frank cumplió su sueño y que vive en la memoria de quienes se aproximan, de una manera u otra, a su historia.

Las fotografías resultan mérito exclusivo de Juan.

Tiempo de otoño, de blogs y premios LX, testeos emolientes

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El día 21 de marzo, comienzo del otoño austral, es la fecha que la mitología hindú identifica con Aditi, la diosa Madre de los Mundos y Sostenedora del Cielo, quien de la misma manera que Isis y Hathor proporciona una bebida tan reconfortante como nutritiva denominada amrita, similar a la ambrosía a la que eran afectos los dioses griegos.

A través de sus doce hijos o Adityas, tutores del calendario, Aditi es la deidad que reina sobre el tiempo en tanto que sus hijos delimitan el espacio, ilimitado hasta que se produjo la partenogénesis de la diosa. Su prole es la encargada de asegurar el orden de los ciclos de la Naturaleza de cuya supervisión se encarga Aditi como diosa madre del Sol, mientras ayuda y acompaña en la liberación de ligaduras viejas a aquellos que son capaces de soltar para aventurarse en el misterio de lo desconocido.

El otoño, caluroso y extraño en estos tiempos, ha llegado tardíamente al hemisferio austral, más el clima no engaña a las hojas que han comenzado a desprenderse de los árboles sin prisa pero sin pausa, honrando una vez más la fase irreversible de la rueda de las estaciones. Así, cada hoja que se suelta contiene en sí misma la posibilidad de una nueva etapa. el germen de una primavera que comienza a preparar su retorno y requiere, necesariamente, soltar aquellas amarras que le impiden renacer.

No resulta tan sencillo a los humanos soltar generosamente nuestras hojas, a la manera de los árboles: nos cuesta abandonar la molicie de lo conocido, la comodidad del hábito, la seguridad del entorno familiar. Pero como señala sabiamente la mitología hindú, el ritmo de Aditi no depende de nuestras limitadas pretensiones. El otoño nos trae en sí mismo un tiempo para reflexionar y soltar aquello que ha cumplido un término y, aunque desprenderse implique saltar al vacío y renunciar a lo cotidiano, permitir al brote que se insinúa abrirse paso lentamente inaugura la magia de un nuevo comienzo.

De blogs y premios LX

Desde el blog de Marcial Candioti, solidario compatriota devoto de valores eternos como solidaridad y libertad, llegó durante el pasado año el premio Blogger Recognition Award. A sabiendas de mi atraso en cuanto a reconocimientos se refiere, agradezco tardíamente a Marcial su generosidad y he de cumplimentar las reglas al respecto, que incluyen publicar el logotipo, agradecer al blog del que proviene y nominar a su vez diez blogs de WordPress, que aquí van en esta ocasión:

1) Elguille81: busca sentirse y estar bien.

2) Infinitos universos: rutas de viaje para descubrir el mundo.

3) Hermann Heilner: filosofía, historia y poesía.

4) Microcuentos: relatos a partir de tres palabras.

5) Pepa López: gestión artística, diseño e investigación.

6) Te lo diré escribiendo: reflexiones, series, cine, libros…

7) Merodeadoras noctámbulas: humor con lágrimas, con café, con hambre…

8) Lolo & Lola: acerca de los  adorables perros Carlinos.

9) El cuaderno de Clara: en el que escribe por indicación de sus “musos”.

10) Despertandonos hacia la luz: una aproximación a la sabiduría de los maestros.

Gracias a todos por compartir sus contenidos en la blogósfera.

Testeos emolientes

El secreto mejor guardado de las mujeres de todos los tiempos para mantener la piel radiante, además de la limpieza, se reduce a ocho horas mínimas de sueño diario: la piel se regenera con el descanso por la oxigenación de las células, las líneas de expresión se atenúan y las temidas ojeras disminuyen su intensidad.

Claro que en épocas complejas, cuando las preocupaciones y el estrés se apoderan de nuestra mente siempre rebelde, el ritmo natural se altera y la falta de descanso o de continuidad en los ciclos naturales del sueño dejan sus huellas marcadas en el rostro. Y entonces, más allá de rastrear la causa en nuestro interior, podemos paliar los efectos externos con algunos productos concebidos a tal fin.

Los primeros meses del año no han sido demasiado serenos en cuanto a salud: el necesario reposo por la fractura del hueso del pie trajo consigo inactividad física, rutinas distintas y la consiguiente ansiedad, que hizo estragos en mi rutina de sueño. Para reducir las consecuencias hasta lograr transmutar las causas recurrí a Mésolift, la crema fundente de Lierac que contiene en su fórmula un potente concentrado multivitamínico que dinamiza y recupera los fatigados tejidos del rostro en tiempos difíciles.

Sabido es el efecto benéfico del té verde, esa bebida que las culturas orientales reverencian debido a su riqueza en antioxidantes y nutrientes, que además mejora el sistema digestivo y fortalece la acción inmunitaria. La Pasionaria cuenta entre la variada oferta de jabones que caracteriza a la marca con este pequeño milagro, que suaviza, hidrata y calma los efectos adversos de la existencia sobre la piel del cuerpo.

Epístola de Santiago, Filomena Marturano, testeos limpiadores

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La propuesta de Silvia, enviada vía mail a un grupo de entusiastas estudiantes, no podía ser más tentadora aún en las postrimerías del verano austral: un taller corto, apenas dos horas un par de veces, para reflexionar acerca de la Epístola de Santiago. Así que allí nos encontramos con este cometido para analizar de manera introspectiva la carta que el apóstol, cuya identidad aún hoy es motivo de controversia, dirigió “…a las doce tribus…esparcidas…”.

Como sucede con todos los textos clásicos que resultan contemporáneos por su riqueza y versatilidad, el escrito de Santiago puede aplicarse a un sinfín de cuestiones, anhelos y proyectos a los que nos encontremos abocados; en este caso, Silvia estimó pertinente vincularlo con la meditación, ese método que los antiguos nos legaron y que resulta un camino para aquietar la mente y reducir los efectos nocivos del estado de vigilia permanente al que nos conduce el ajetreo cotidiano.

En tanto sitúa y encauza hacia el momento presente, la meditación produce un estado ampliado de conciencia que sacude la hipnosis, ese letargo ilusorio que los hindúes denominan maya. Como todo método requiere de disciplina y voluntad para obtener sus frutos, de una constancia que no resulta patrimonio del “…hombre de doblado ánimo…”, como bien nos enseña Santiago.

El apóstol señala generosamente las pautas para obtener la paciencia necesaria sin desfallecer: ante la falta de sabiduría bastará pedir con fe, sin dudar, y la gracia  será otorgada siempre que el peticionario “…sea pronto para oir, tardío para hablar, tardío para airarse…”: difícilmente el estado de meditación sea posible si la energía se ha desgastado en conversaciones triviales con otras personas, si resultamos prisioneros de nuestra mente  inquieta y sus insondables conjeturas, o si hemos desperdiciado momentos preciosos de nuestra vida en furibundas diatribas contra los demás o contra nosotros mismos.

Santiago nos impulsa a poner en obra la palabra empeñada: si el camino trazado incluye la meditación como senda, sólo tenemos que dedicar un momento de cada jornada a sentarnos en soledad y silencio: así estaremos cumpliendo con “…la perfecta ley, que es la de la libertad, y perseverado en ella, no siendo oidor olvidadizo…”. Aquellos días en los que asumo plenamente este compromiso los beneficios son innumerables para mi salud holística ya que, como concluye Santiago, el ser humano que logra poner la palabra en obra resulta “…bienaventurado en su hecho…”.

Filomena Marturano

Eduardo De Filippo imaginó a Filomena Marturano como una mujer capaz de salir adelante pese a la adversidad que había signado su vida de miseria: la historia del matrimonio a la italiana de la protagonista con Domenico, infiel irredento y autoritario patriarca, fue representada en cine y teatro desde su estreno en 1946 por intérpretes de la talla de Sofía Loren y Marcello Mastroianni.

Esta vez dos actores argentinos asumieron los roles principales de la pieza dramática con la naturalidad que brinda el oficio de muchos años: Claudia Lapacó y Antonio Grimau dieron vida a la peculiar pareja integrada por Filomena y Domenico en sendas composiciones en las que se destacan, cada uno en su estilo. La obra no ha perdido vigencia pese al tiempo transcurrido desde su estreno por cuanto representa una notable reivindicación de los derechos de la mujer, cometido aún pendiente a pesar de esfuerzos múltiples y conquistas parciales y del que Claudia Lapacó resulta ferviente militante.

Por gentileza de Marisa concurrí al Teatro Provincial a disfrutar de la historia de Filomena, iniciada muy joven en la prostitución para sobrevivir, madre de tres hijos a los que ha educado en silencio que ignoran su origen y, finalmente, esposa de Domenico después de 30 años de convivencia en los que se ocupó tanto de su persona como de sus bienes, multiplicando la fortuna que despreocupadamente gastaba a sus anchas el insoportable galán. Finalmente Domenico accede a casarse con la protagonista merced a un engaño y, una vez lograda la ansiada libreta de matrimonio, Filomena ha de enfrentar a su autoritario marido con notable entereza desnudando su misoginia y desdén; él, a su vez, dejará de lado sus prejuicios de origen para denotar una desesperada necesidad de afecto y familia.

Realista, dramática, matizada con humor y destreza musical, esta adaptación de Filomena Marturano incluye una notable escenografía para desarrollar un relato universal que revela la posibilidad del amor y la alegría que subyacen entre los sinsabores de la vida cotidiana: para derramar alguna lágrima, reflexionar y celebrar junto a los actores.

Testeos limpiadores

Alguien con buen tino ha dicho que la rutina más importante para piel y pelo es la limpieza; todo lo demás es bijouterie, excepto la imprescindible protección solar. En mi eterna búsqueda cosmética devenida seguramente de alguna misión atávica, he testeado dos productos que pretenden mantener prístinos cutis y cabello, con suerte diversa.

De Urban Velvet es la crema de limpieza Take the day-off para el rostro, que alude con su denominación al descanso diario. Básica aunque correcta en su cometido, requiere como complemento algún producto más específico para dejar el rostro como merece: impoluto luego de un largo día fuera de casa.

Natura cuenta en su línea Plant con shampoo hidratante formulado a base de suero concentrado de quinoa en su composición, que coadyuva a mantener el cabello sano cerrando la cutícula y reparando la fibra capilar: un buen producto para prevenir el daño provocado por los días intensos de verano.

Año del Perro de Tierra, Cosa de minas, Nokturn Blue

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Y finalmente el año del Gallo de Fuego llegó a su fin para dar paso a un nuevo comienzo, signado por el Perro de Tierra que ha desplegado su energía a partir del pasado 16 de febrero. En el curso del último ciclo la vehemencia y petulancia del gallo arrasaron el planeta con la fuerza de un huracán; es tiempo ahora de dar paso al animal más humanista de la astrología china.

El perro, tan cercano al humano por fidelidad y cooperación, es un tótem sabio que aporta tolerancia y equilibrio; asimismo su intuición y sentido de lealtad representan condiciones a seguir en el curso de la nueva etapa, cuyo numeral chino es nada menos que 4716. Esta antiquísima tradición oracular ha sido abordada, como cada año, por Ludovica Squirru: su Horóscopo Chino constituye una lectura obligada durante las tardes de playa para descubrir los lineamientos de cada ciclo.

La energía del elemento tierra se caracteriza por otorgar arraigo y estabilidad: simboliza a la madre Naturaleza, la Pachamama de los pueblos originarios, por ende nutre, cobija y recepta. Es un tiempo para proyectos duraderos, para encontrar bases firmes y sostén en lazos familiares; también representa una oportunidad para revisar antiguos mandatos que vienen dados por energías atávicas.

El perro, hogareño por naturaleza, puede ser tan manso como salvaje pues sus ancestros remotos son los lobos, por ende conviene no irritarlo y desplegar empatía y solidaridad hacia los demás, haciéndose cargo del lugar de cada uno como guardián de la Tierra y de los recursos naturales. De esta manera, los postulados energéticos que rigen su ciclo se cumplirán acabadamente, en beneficio propio y de toda la humanidad.

Cosa de minas

No hay consenso acerca del origen del lunfardo, una conjunción de palabras integradas al idioma cotidiano de los argentinos. Para algunos se vincula con lombardo en alusión al natural de Lombardía, para otros deviene de Occitania, región europea que abarca parte de Francia, España y el italiano Piamonte; en ambos casos era la jerga empleada por delincuentes y mafiosos. Lo cierto es que la inmigración integró expresiones que se fusionaron con giros gauchescos y aborígenes, y así el lunfardo se incorporó para siempre al lenguaje argentino.

Una mina, en lunfardo, es una mujer. Tampoco existe consenso respecto de esta sinonimia que ha sido asociada al término que se empleaba para denominar a los esclavos de ambos sexos transportados desde África al fuerte portugués San Jorge de la Mina, o al aféresis de la palabra italiana femmina empleada por los proxenetas para referirse a las ganancias derivadas del cuerpo de las mujeres, similares a las que reportaría una mina de oro. Actualmente no reviste connotación peyorativa: al contrario, su significado ha sido revaluado y una mina es una mujer con todas las letras.

Dalia Gutmann ha hecho del stand up el arte de establecer contacto con el público desde el escenario en un espectáculo desopilante que se titula, precisamente, Cosa de minas. Por gentileza de Marisa concurrí con mi querida Adri a la función que se estrenó en la ciudad: la asistencia desbordó la sala con mayoría absoluta de representantes del género femenino, que reímos casi sin parar ante el histrionismo desopilante de Dalia.

Y es que no hay tópico relacionado con las mujeres que su humor clarividente no aborde durante casi dos horas de show, en una especie de catarsis en la que transita por los roles, las ciclotimias, las dudas existenciales, los patrones estéticos, las redes sociales, las relaciones… Una suerte de monólogo colectivo que ejerce sobre el público una transmutación liberadora mediante la carcajada, merced al profesionalismo y ductilidad de Dalia Gutmann.

La fotografía ha sido tomada de la página web de la actriz.

Nokturn Blue

Si bien siento una apasionada inclinación por la perfumería nicho debido a la cuidadosa elaboración y al resultado original que caracterizan a algunos autores, no desdeño la utilización de alguna fragancia comercial. En este viaje interminable por el mundo de los aromas mi curiosidad no tiene límites, y puedo testear sin descanso una fragancia y otra, sin prisa pero sin pausa.

El secreto para que un perfume perdure en la piel durante el estío consiste en hidratar profundamente la superficie corporal, ya que la sequedad que padece durante el tiempo cálido la torna propensa a absorber la fragancia y, en consecuencia, ésta perdura menos.

No recuerdo cómo llegó a mis manos Nokturn Blue, un eau de toilette básico de la marca Cyzone que contiene un cocktail de frutas y un dejo del aroma tenaz de la orquídea en su composición: ni pretencioso ni exclusivo, su estela levemente masculina ha cosechado, sin embargo, más de un elogio en el curso de la temporada estival que se extingue.

Templanza, primer aquelarre anual, testeos vistosos

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Había retirado finalmente el paquete de la oficina de correos de mi ciudad. La encomienda con origen internacional arribó a mis manos casi dos meses después de la compra, gracias a los desopilantes controles a los que están sometidas las adquisiciones vía internet en este bendito país. Me dispuse a bajar la escalera munida del ansiado encargo, la cartera y las gafas de sol; tratabillé en los escalones gastados sin caer gracias a un precario equilibrio que me permitió afirmar el pie derecho al llegar abajo, pero olvidé el estado catastrófico de las veredas de esta ciudad y mi pie izquierdo giró sobre sí: a los pocos minutos su tamaño se había duplicado.

Producto de la práctica ininterrumpida de ejercicio físico he atravesado desgarros, torceduras y una dolorosa pubalgia, pero hasta el arribo del año 2018 me encontraba invicta en cuanto a quebraduras. Evité la visita médica los primeros días debido al empleo de hielo durante 24 horas, baños tibios de agua y sal y crema desinflamatoria con àrnica, hasta que una extraña distancia entre el mayor y el resto de los dedos del pie motivó la consulta al traumatólogo. El amable profesional, radiografía mediante, diagnosticó fractura de un pequeño hueso sobre el empeine: de ahí la inflamación que dibujaba la V de la victoria entre uno y los demás dedos.

El tratamiento se limita a la inmovilización del empeine durante un lapso que puede oscilar entre 6 y 8 semanas, con grados diversos a medida que el tiempo, lentamente, permite que el hueso se vaya recuperando. Ha transcurrido ya un mes y debo agradecer la ausencia de dolor ya que no he sentido más que alguna sensación punzante, pero la consecuencia menos deseada ha sido la absoluta ausencia de actividad física: ni yoga, ni pilates, mucho menos caminar o trotar, y menos aún sumergirme en el mar a saltar y nadar entre las olas.

Entre los símbolos arcanos conformados por el Tarot, Tempérance o la Templanza se encuentra representada por un ángel alado que traspasa agua de una a otra vasija, de plata y oro respectivamente, que significan el pasado y el futuro. Así, la acción del ángel implica equilibrio y presente, autodominio y moderación respecto de los acontecimientos a los que el agua impregna de conocimiento regenerador: indica la necesidad de cultivar el autodominio ante los cambios, que pueden no resultar agradables pero devienen en una metamorfosis positiva en sí misma.

En el curso de estos días he incrementado la práctica de la meditación como manera de atenuar el estado de angustia producido por la falta de endorfinas, esos neurotransmisores naturales que estimulan al organismo generando sensaciones agradables y que resultan concomitantes a la práctica del ejercicio físico. En las múltiples ocasiones en que no lo he logrado la imagen de la Templanza ha sido guía y motor: de algún modo, este inevitable letargo ha devenido en oportunidad para seguir ahondando en mi propia fuente interior, aunque aún no sea capaz de percibir los frutos de dicho reencuentro.

Primer aquelarre anual

Las festividades y reuniones características de fin de año habían quedado atrás y una calma relativa retornaba a nuestras vidas: era el momento de reunirse, consultar el Oráculo y departir acerca de los últimos acontecimientos. Con un propósito repetido cada temporada estival: despedir a Marcela, pronta a partir al Uritorco para dormir bajo la protección del cerro y la naturaleza durante treinta días.

La mesa de mi hogar se vistió de blanco para recibir a mis amigas y la noche se extendió durante varias horas entre comida china, bebidas heladas, vino blanco y postres varios. La conversación, como sucede en cada una de nuestras veladas, se fue dilatando, ininterrumpida, entre risas y reflexiones que crearon una atmósfera de armónico bienestar.

Ha transcurrido más de un mes desde aquella reunión, Marcela ha retornado a nosotras y festejamos su regreso con otro aquelarre, esta vez en su hogar. Sucesivos, contenedores, energéticos, nuestros conciliábulos configuran una bendición a la que accedemos por derecho propio, con el título que confiere la pertenencia al sacrosanto círculo conformado por la amistad.

Vistosos testeos

Cuando los días transcurren con algún grado de melancolía, nada mejor que sumar momentos que vayan despejando las horas oscuras. Las sensaciones corporales son vehículos poderosos de bienestar, así que en estas horas de ocio forzoso he testeado una buena cantidad de productos para exacerbar los sentidos.

De Panambí, artesanos fabricantes de jabones orgánicos, proviene el pequeño tambor de colores que despliega una fragancia frutal al quitarle el celofán que lo recubre: aromático y original, ha sido un bálsamo para el baño diario.

Una vez más, VZ me acompaña en el ritual de limpieza del cuerpo físico con la crema corporal Shanti, que rinde tributo al término sánscrito cuyo significado es paz. Aireada, hidratante y levemente perfumada, transmite la necesaria sensación de placentero bienestar que demanda mi alma en estos días.

Hera, de blogs y premios LIX, Imari Blossom

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En la boda de Peleo y Tetis, progenitores del héroe griego Aquiles cuya ascendencia materna inmortal no le evitaría la muerte, hubo una diosa excluída de las invitaciones: la temperamental Eris o Discordia. La manzana de oro que habría de arrojar entre las invitadas con la consigna de entregarla a la más hermosa provocó el resultado deseado, ya que tanto Hera como Afrodita y la sabia Atenea pretendieron tomar el obsequio por derecho propio.

Para evitar el conflicto Zeus envió a Hermes en busca de Paris, el príncipe troyano que se había criado entre pastores, ajeno a las pasiones mundanas. Hera le ofreció poder sobre hombres y ejércitos; Atenea, la de los ojos glaucos, el acceso a las fuentes de la sabiduría; Afrodita se limitó a enseñarle a Helena, la bellísima esposa del rey de Esparta: la elección de Paris condujo a la muerte a los héroes de la época y determinó la destrucción de Troya.

En las mitologías griega y romana Hera o Juno es una diosa poderosa aunque consorte, ya que reina sobre el Olimpo por matrimonio con Zeus, empedernido seductor de humanas e inmortales. Pero en las cosmovisiones previas Hera, diosa ancestral de Creta, es nada menos que la Reina del Cielo cuyo nombre significa Nuestra Señora,  quien cultivaba los frutos sagrados de la manzana y la granada y suministraba la ambrosía o manjar de los dioses. El manzano, flanqueado por dos serpientes, se encontraba en los jardines del Oeste donde se ponía el sol, simbolo de poder e inmortalidad.

Si bien el mito posterior reduce a Hera al rol de esposa celosa, siempre pendiente de los devaneos de su marido, protectora acérrima del hogar y del matrimonio, dichas características se corresponden con el paulatino apogeo del patriarcado y la subordinación de las deidades femeninas al nuevo orden que había llegado para instalarse. Así, el rol de Hera como Triple Diosa reconocida en sus facetas de Doncella (Hera Partenón), Adulta (Hera Teleia) y Sabia (Hera Theira) se corresponde con su tótem pájaro: el pavo real, símbolo de su poder y plenitud y del don de la observación, una de sus características principales junto con el color azul debido a su atributo de Reina de los Cielos. No parece difícil imaginar el culto que rendían las mujeres a esta Hera preclásica, soberana de sí misma y del orbe entero.

Hera es quizás la diosa más representativa de la construcción del orden social que representó el patriarcado, ya que perdió toda autonomía y realeza en pos de un matrimonio que debía sostenerse aún a costa de los sinsabores de la cotidianeidad. Recuperar a Hera como Diosa Triple implica hacerse cargo de la responsabilidad que trae aparejado el ejercicio del poder así como sostener relaciones basadas en el afecto mutuo, que en modo alguno incluyen la falta de respeto y la subordinación.

La fotografía fue tomada por Juan en los Museos Vaticanos.

De blogs y premios LIX

Hace unos días, mientras leía el siempre interesante blog Poetas Nuevos, me encontré con una entrada del pasado año en la que su creador nominaba a mi hogar virtual al premio Original Blog Post Award. Luego del tardío reconocimiento en la página pertinente corresponde cumplimentar debidamente las reglas de la nominación, así que vaya mi agradecimiento al autor de Poetas Nuevos, incluyendo en esta entrada su fotografía identificatoria (con el permiso pertinente) habida cuenta que el premio no cuenta con logotipo propio.

Las reglas incluyen además nominar 11 blogs o sus múltiplos (22, 33, etc.), informar a los respectivos ganadores y responder a la pregunta: por qué escribes?, así que aquí las cumplo, en ese orden:

1) Miss Winter: relatos sentidos para repasar, ya que hace tiempo que no escribe.

2) Saiba Mais Consultoria: para las personas amantes de los cosméticos.

3) Whitney ibe Blog: estilo de vida.

4) El eco de tus palabras: muy interesantes reflexiones sobre espiritualidad.

5) Percepción de mujer: un lugar puro sentimiento.

6) Aventuras por el mundo: un compatriota desde Villa Carlos Paz.

7) Brithing the world: o la expansión de la mente.

8) Allgork: Alondra desde Puerto Rico.

9) GirlandWorld: moda y tendencia desde la India.

10) Eta SriLanka: mercados y negocios.

11) Como ser poeta sin morir: poesía a diario.

Gracias a todos por su participación en la blogósfera.

En cuanto a la pregunta, ya la he respondido en otras oportunidades y hoy ratifico dichas respuestas: por el placer de escribir, ni más ni menos.

Imari Blossom

En el año 1985, cuando los aldehídos reinaban en el universo de las fragancias debido a su condición de materia de síntesis que tornó posible obtener resultados más acentuados y estructurados respecto de los que hasta ese momento se conocían, Avon presentó Imari, un floral intenso con un potente corazón de ylang-ylang y lirio de los valles. La fragancia fue relanzada en 2015; mientras tanto, se sucedieron algunos flankers con recepción diversa.

Imari Blossom se lanzó en 2013 y, pese a que no he probado en mi piel el original, no hay que tener demasiada imaginación olfativa para colegir que poco tiene que ver con aquel floral aldehídico: aquí la nota de salida remite a la manzana, el corazón es de iris y la nota de fondo despliega una calidez amaderada.

Imari Blossom es un eau de toilette y, como tal, estela y longevidad son mesuradas, pero resulta una compañía amable para el uso diario en situaciones distendidas. Una caminata aeróbica o un paseo matutino relajado son algunos ejemplos en los que la conjunción de manzana e iris despliega su relativo potencial.