En Capri, Carthusia, grutas marinas

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El traslado hacia Capri preanuncia la belleza de la isla: aguas azules, sol radiante, naturaleza despampanante y el glamour que se respira en sus calles irregulares. Desde tiempos romanos fue elegida como destino de solaz y vacaciones por sus condiciones y su clima; el mismìsimo Tiberio instaló su residencia en Villa Jovis, ubicada en un punto estratégico de la isla.

Hay varias maneras de navegar hasta Capri: en ferry desde el puerto, en barco alquilado en exclusividad, en embarcaciones menos masivas que trasladan a una docena de personas por vez… nosotros optamos por esta última alternativa, en especial porque asegurábamos el traslado desde Sant´Agata hasta Sorrento en un vehículo de la agencia, la disposición de horas en la isla para caminar y almorzar y la posterior navegación por los alrededores del mar Tirreno.

Desde la Marina Grande el camino hacia el centro de la ciudad, encaramado en lo alto, admite varias opciones: taxis descapotables dignos de una película hollywoodense, ómnibus regulares, funicular o caminata escaleras arriba, que con esfuerzo y tesón permite arribar al cabo de media hora a la pintoresca Piazzetta Umberto I, sentarse en una de las terrazas cubiertas por sombrillas y tomar un café acompañado de una delicia dulce italiana. Los precios, obviamente más elevados que en Sorrento, resultan similares a los de la Costa Amalfitana.

El centro es rigurosamente peatonal, salvo por los empleados de hoteles que se desplazan en unos pequeños vehículos que transportan el equipaje de los huéspedes entre calles diminutas, comercios pintorescos y boutiques de lujo que se extienden a la largo de Vía Camerelle. La construcción del antiguo hospital es hoy el Grand Hotel Qvisisana; con un poco de imaginación se puede ver a Pablo Neruda, Jean Paul Sartre o Grace Kelly deambulando entre los balcones floridos.

Carthusia

Giovanna d´Angiò, soberana de Nápoles, se aprestaba a visitar Capri en el año 1380. El prior de la Carthusia di San Giacomo recogió las flores más fragantes que pudo encontrar en la isla y la reina las sumergió en agua: cuando fue a retirarlas, el aroma que se desprendió era tan peculiar como seductor y al recurrir al experto botánico del convento, éste le ratificó al religioso que se debía al Garofilum silvestre caprese, una planta originaria de la isla. Así surgió el primer perfume de Capri.

Los monjes continuaron elaborando estas fragancias bajo estricta reserva de las fórmulas como una manera de obtener ingresos para sostener la orden, pero con el tiempo fueron olvidadas. Fue en 1948 cuando el prior de aquella época encontró los viejos manuscritos y solicitó el permiso del Papa para entregarlos a un químico del Piamonte: así surgió el laboratorio de perfumes más pequeño del mundo, que emplea los mismos métodos de producción de antaño con materias primas originarias de la isla.

Se puede admirar la tienda de Vía Camerelle y elegir entre los exhibidores la fragancia que nos remontará al tiempo pasado en la isla, o bien visitar el  mágico laboratorio cercano donde elaboran tanto aguas de colonia como perfumes y exquisitos productos cosméticos y para el hogar: romero recogido en el monte Solaro, clavelinas fragantes y cítricos jugosos son sólo algunos de los elementos naturales utilizados en las fórmulas de los antiguos monjes de Capri.

Grutas marinas

Después del almuerzo frente al mar en un concurrido restaurante bajamos las escaleras hasta llegar nuevamente a Marina Grande, donde el barco nos estaba esperando para llevarnos a navegar por los alrededores de la isla. La estela blanca de la espuma abre paso al paisaje en una confluencia de verde y azul, del que se descuelgan las casas blancas que parecen pintadas sobre las rocas.

Capri posee unas 65 grutas marinas entre las que destaca la famosa Grotta Azzurra, donde el agua parece cristalizarse en el color cobalto que irradia desde su fondo. Cuenta la leyenda que los emperadores romanos empleaban esta gruta como baño privado y que su popularidad se debe al artista polaco Klopisch, quien en 1826 supo de su existencia por un pescador y no pudo evitar compartir el secreto con el resto del mundo, habida cuenta de la increíble belleza de la cueva marina.

Los colosos de piedra o Faraglioni se emplazan, impertérritos, en el medio del mar: Saetta se resiste a desprenderse de la isla, en Stella la erosión ha tallado un arco natural que se adentra en las aguas mientras en Scopolo habita el lagarto azul, indiferente a las exclamaciones de los visitantes ante semejante espectáculo natural.

Los paisajes en las rocas parecen extraídos de un mundo irreal y se visualiza el Arco Naturale, inmensa puerta de entrada a la que fuera otra gran cueva que fue ampliando su tamaño debido a la acción del viento y la lluvia durante el curso de los siglos. Y así se fue deslizando el barco entre el oleaje hasta que la caída de la tarde indicó el momento del regreso a Sorrento, mientras nuestros ojos procuraban retener la hermosura de la naturaleza que circunda la isla de Capri.

Todas las fotografías resultan mérito exclusivo de Juan.

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En Positano, Amalfi, Ravello

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De los errores se aprende y bajo esta máxima transita nuestra vida. La idea de abordar el bus turístico hasta Positano se cimentó en dos premisas: que en general este tipo de transporte es útil en algunas ciudades porque permite ascender y descender en libertad sin restricción horaria, y que era lo más conveniente según el entusiasta relato al respecto de una compañera de yoga, que había recorrido por este medio la Costa Amalfitana.

Nuestra experiencia no fue amable y lamenté haber desechado la idea de arribar en barco, por cuanto en esta zona del planeta el bus turístico sólo implica un ticket que hay que validar al salir, previa fila para que determinen en qué horario corresponde al portador; luego debe reservarse la vuelta al arribar a destino, sin opción al respecto. Pero ya estábamos allí, a bordo finalmente, para contemplar el perfil de Positano, un pequeño y encantador enclave que parece tallado en la roca sobre la que se despliega, empinado.

Positano se encuentra bañado por el golfo de Salerno e integró la otrora poderosa República Amalfitana, hasta que la pujanza de su puerto perdió fuerza ante el hostigamiento de Sicilia. Venido a menos durante varios siglos, la belleza del paisaje fue redescubierta en los años ´50 por ricos, famosos y artistas que adoptaron al pueblo como residencia veraniega, tal como lo habían elegido otrora los patricios romanos del período imperial. A partir de este momento los callejones intrincados, las casas blancas que descienden sobre el mar, la arquitectura de cuento y las playas convirtieron a Positano en un destino turístico internacional, tan masivo como lo permiten su acceso intrincado y sus precios.

Frente a la costa se encuentra el archipiélago Li Galli o Le Sirenuse, cuyas tres islas principales rememoran a los seres mitológicos que enamoraban a los marineros con sus cantos. Gallo Lungo, Castelletto y Rotonda pertenecen a particulares que han instalado allí alojamientos de lujo casi inaccesibles; en alguna época de su vida, el bailarín ruso Rudolf Nureyev adquirió Gallo Lungo para su propio solaz y se cuenta que nadaba sin ropas en las aguas azules que circundan el islote.

A mayor abundamiento, la familia Sersale, propietarios del icónico Le Sirenuse, para conmemorar el cincuentenario del palacio convertido en hotel de lujo decidieron confiar al perfumista Bertrand Duchaufour la creación de una fragancia que evocara el aroma mineral característico de la terracota bañada por el sol. Eau d´Italie fue un éxito inmediato porque sus componentes remiten tanto al incienso como a la frescura del limón, a bergamota impregnada con acordes de arcilla; en suma, a esa fusión de lujo y alegría serena que resume el espíritu de Positano.

Amalfi

Descendit ex patribus Romanorum: el escudo de Amalfi da cuenta de su origen romano. Fundada en el año 339, fue dominada por los lombardos en el siglo IX, pero cien años después había resistido a sus invasores y comenzó a desarrollarse como una potencia marítima debido a la posición estratégica de su puerto, que constituía la ruta intermedia entre el interior de Italia y las sedas y especias de Egipto y Siria. Así se afianzó hasta que la poderosa capital de la Repubblica Marinara fue destruída por un tsunami, que exterminó parte de su población y su poderío en el siglo XIV.

Como un eco esplendoroso del pasado, la Piazza del Duomo hoy recorrida por inifinidad de turistas se encuentra dominada por la impresionante Cattedrale di Sant´Andrea, cuyo estilo multifacético la torna aún más interesante. Fue construída en el siglo X con mampostería sicialiana y árabe; el campanario data de 1200 como su interior barroco y sus mosaicos orientales, en tanto que las enormes puertas fueron trasladadas desde Siria. En el siglo XIII se anexaron los Claustros del Paraíso para que los ciudadanos más importantes encontraran descanso eterno bajo sus arcos árabes; el cuerpo del mismísimo apóstol San Andrés se encuentra enterrado bajo la cripta.

Desde Amalfi se puede abordar un barco que navega bordeando el paisaje inolvidable de la Costiera, en el que los acantilados que en algunas partes alcanzan 600 metros sobre el nivel del mar no fueron óbice para que se desarrollara en vertical este hermoso enclave marítimo. Se avistan mientras el barco se desliza sobre las aguas increíblemente azules residencias que parecen descolgarse sobre el mar; una de ellas fue contruída por Carlo Ponti como tributo amoroso a la mítica Sofía Loren.

Después de la navegación se impone un tentempié, así que nos dirigimos a la Pasticcería Pansa, que desde 1830 continúa la tradición artesanal de su fundador: el sabor de la sfogliatella acompañada por un café humeante configura otro placentero recuerdo de la soberbia capital de la Reppublica Amalfitana.

Ravello

Si Positano representa el diseño y la moda y Amalfi la historia, Ravello evoca la cultura en todas sus facetas. Elegante y discreta desde su origen, fue elegida como sede de familias patricias que huyeron de Roma ante el asedio de los bárbaros y encontraron en el promontorio ubicado entre los valles Dragone y Regina una defensa natural de 350 metros de altura.

El papa Víctor III dotó a Ravello del carácter de sede episcopal, que adunado a su ubicación como centro comercial y marítimo promovieron la opulencia de la población: mansiones y palacios se construyeron al amparo de la alianza con Amalfi hasta que su fidelidad fue castigada por la poderosa Pisa, que no perdonó la pertinaz insurrección a las ciudades toscanas.

No obstante, la atmósfera mágica de Ravello fue custodiada por familias aristocráticas que encontraron en su inaccesibilidad y su geografía una especie de paraíso acorde a necesidades y pretensiones. Cuentan que Lord Grimthorpe arribó a esta villa aquejado de una depresión que cedió ante el paisaje y el clima; el noble supo reconocer adquiriendo Villa Cimbrone, restaurando su esplendor y recuperando así uno de los palacios más bellos del sur de Italia, hoy magnífico hotel de lujo.

Un párrafo aparte merece Villa Rufolo, donde Richard Wagner terminó de componer su Parsifal. La impresionante mansión fue adquirida en 1851 por el millonario escocés Francis Neville Reids, quien adicionó a la estructura un jardín desde el que se puede contemplar el trazado de Salerno: allí se lleva a cabo cada verano el festival wagneriano, intercalado con noches de jazz y otros ritmos musicales. La construcción original fue restaurada respetando su esencia, y el recorrido de los tres pisos de la Torre-Museo permite al visitante obtener una semblanza de la poderosa familia Rufolo, cuyo poderío le permitió habitar un palacio con tantos ambientes como días del año.

En Pompeya, la Villa de los Misterios, tesoros bajo la lava

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El tren desde Sorrento demora algo menos de una hora para llegar a Pompeya. Confieso que no deja de sorprenderme que una zona turística de esta magnitud, que además resulta el punto de partida hacia la belleza glamorosa de la Costa Amalfitana, cuente con un servicio tan venido a menos en este sentido, pero supongo que todo sitio tiene sus peculiaridades y de este modo hay que considerarlas.

El Vesubio es un volcán cuyo solo nombre remite al destino trágico de la antigua ciudad romana, pero en el año 79 hacía más de un milenio que no entraba en erupción. Los habitantes de la pétrea urbe se levantaron una vez más en una mañana de sol radiante y en algún momento el gris del cielo y el estruendo presagiaron la muerte: una explosión de lava hirviente y piedras al rojo vivo sepultó casi instantáneamente a 20.000 personas, devotas de divinidades que olvidaron ese fatídico día el contenido de una de las inscripciones que fue hallada en la ciudad: “Vivimos aquí, que los dioses nos hagan felices”.

En el año 1550 el arquitecto Fontana había programado excavaciones en la zona para desviar el curso del río: ante sus ojos asombrados aparecieron los primeros edificios, pero recién hacia 1700 se emprendió la ardua tarea de recuperar las ciudades de Pompeya y Herculano que continúa hasta nuestros días. El acceso por la Puerta Marina nos introdujo en una fotografía perfecta de la vida pompeyana, con el tiempo suficiente para detenernos en sus diversas facetas: fincas de ciudadanos pudientes, hogares visiblemente reducidos de los menos afortunados, termas donde se cuidaba la salud y se cerraban tratos comerciales, espacios de entrenamiento de gladiadores y de venta de esclavos, el mercado, los templos… toda una semblanza organizada y palpitante que permite imaginar el ritmo cotidiano de sus habitantes.

Fieles a su lema de ser felices con la ayuda de los dioses, los pompeyanos tributaban a los placeres terrenales: así se constata la existencia de bares, de tiendas en la Calle de la Abundancia, de comercio de perfumes y de comida al paso. Y, sobre todo, sin ningún subterfugio se advierten falos tallados en piedra que señalan el camino hacia el lupanar, donde los frescos eróticos pintados sobre cada una de las habitaciones dan cuenta de los servicios que allí se prestaban.

La gran cantidad de objetos, tallas y mosaicos de contenido sexual que fueron desenterrados con el curso de las excavaciones confirmaron la condición de ciudad de recreo de Pompeya, pero la rígida moralina de tiempos pasados enclaustró esta colección en el llamado Gabinete Secreto, que sólo podía ser abierto a los hombres y bajo estricto permiso oficial. Fue Giuseppe Garibaldi, hastiado de suscribir estos documentos, quien ordenó su apertura al público en principio, aunque recién en el año 2000 se autorizó sin límites su exposición, que a la fecha se encuentra en el Museo Arqueológico de Nápoles.

Villa de los Misterios

En el año 186 a.C. los senadores romanos aprobaron una ordenanza que prohibía la realización de reuniones conocidas como bacanales, en las que el culto al dios del vino y el desenfreno adquiría ribetes orgiásticos e iniciáticos cuyo complejo significado aún resulta motivo de discusión. La gran obra de recuperación de Pompeya permitió descubrir en el año 1909 la extraordinaria Villa de los Misterios, una extensa finca suburbana en cuyas paredes luce un ciclo pictórico directamente vinculado a este culto, restaurado en todo su esplendor.

Se puede acceder desde el exterior por la Puerta de Herculano o bien caminando por el interior de las ruinas siguiendo los carteles de señalización, imaginando la travesía que emprendían los habitantes hace casi 2000 años. La finca data del año II a.C. y fue edificada en una pendiente con salida al mar y ampliada alrededor de un siglo después; sus habitantes eran notoriamente prósperos y además de constituir una residencia familiar estaba equipada como establecimiento agrícola, encontrándose los dormitorios principales orientados hacia la zona marítima.

La gran estancia o triclinio exhibe en sus tres paredes un rito de iniciación mistérica dionisíaca, de ahí el nombre de la finca. En la pared del centro se puede ver a la pareja divina compuesta por Dionisio y Afrodita o Ariadna (no hay consenso aún al respecto), mientras que las paredes laterales reproducen el mundo de Dionisio y la preparación para el ingreso al camino de los misterios. En la pared restante una joven se prepara para contraer matrimonio; todo el conjunto se encuentra vinculado a estos ritos en los que el vino, la danza, los sátiros y las bacantes constituyen elementos esenciales.

Lo cierto es que sólo podemos imaginar el motivo que indujo a los propietarios de esta residencia señorial a incluir en su decoración un homenaje al dios del éxtasis, patrón de la agricultura y mediador entre los vivos y los muertos: la atmósfera de la villa contribuye a aumentar un enigma impregnado de una belleza artística casi irreal, como corresponde a los misterios que reproduce.

Tesoros bajo la lava

Entre la Puerta Marina y la Puerta de Herculano transcurria la Insula Occidentalis, donde las mansiones se caracterizaban por su amplitud y comodidad, ya que el declive de la colina les permitía disfrutar de jardines orientados al mar, vistas panorámicas y brisa refrescante. Una de estas fincas se identifica actualmente como “Casa del brazalete de oro” y no se encuentra abierta al público, pero es posible contemplar en el Antiquarium, expuesta hasta el próximo 31 de mayo de 2018, la muestra Tesori sotto i lapilli, en la que se exhiben frescos y joyas provenientes de estas residencias emblemáticas de Pompeya.

Precisamente en la Casa del brazalete de oro se encontró un medallón de cuatro áureos de tiempos de Augusto, que constituye una pieza única e implica el alto poder adquisitivo de su propietario, debido a que eran acuñados como piezas ornamentales para significar el rol social del poseedor. También en esta finca fue habida la joya a la que alude su identificación: una pulsera de 610 gramos de oro reproduce a dos serpientes enfrentadas que sostienen en sus bocas a la diosa Selene, y era portada por una mujer acompañada de un hombre y un niño que fallecieron al derrumbarse parte de la construcción producto de la erupción.

La desgracia de esta familia y el cataclismo producido por el Vesubio no habría disuadido a los amigos de lo ajeno y cuatro fugitivos ingresaron en la residencia, pero la nube ardiente los abatió mientras procuraban huir llevando consigo un arcón que contenía 170 denarios y 40 áureos. Fue precisamente el hallazgo de uno de estos denarios lo que permitió establecer el error en la fecha de la catástrofe que había consignado Plinio el Joven como ocurrida el 24 de agosto dada su acuñación en Roma en septiembre del mismo año, estableciéndose que la erupción del Vesubio y su funesta consecuencia sobre Pompeya podría haber tenido lugar en el mes de octubre del año 79.

En Sorrento, Sant´Agata sui Due Golfi, Carmelitas del Desierto

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El tren que parte desde Santa María Novella nos aleja poco a poco de Florencia; en menos de dos horas arribamos a la tumultuosa Nápoles, donde abordamos otro tren que recorre más de 30 estaciones hasta que finalmente avistamos Sorrento, cuyo paisaje y trazado difieren notablemente de la aristocrática elegancia del norte de Italia.

Sorrento, cuyo nombre deriva del griego Surrentum, vincula su denominación con el mito de las sirenas, las atractivas habitantes del mar mitad mujeres, mitad peces, por las que Ulises ordenó a su tripulación que taparan sus oídos mientras él mismo se ataba al palo mayor de la embarcación para no ceder al hechizo de sus cánticos. Sorrento fue fundada por los fenicios y conquistada por los griegos primero y los romanos después, y si bien en principio sus habitantes se rebelaron contra el César finalmente la fuerza del Imperio los sojuzgó: su privilegiada geografía la convirtió en residencia favorita de los altivos patricios romanos.

La poderosa Bizancio anexó Sorrento a su territorio en el siglo VI pero recuperó  autonomía en el siglo IX como ducado, rivalizando en poderío con Amalfi y los voraces sarracenos. Las murallas de la época romana fueron reforzadas desde 1588 ante los saqueos de los piratas musulmanes y aún circundan la parte norte de la ciudad, cuyo centro histórico conserva el trazado de la época romana. En Piazza Tasso los restaurantes y bares reciben a los turistas que caminan por Corso Italia hasta que el tránsito cede el paso a los peatones y las tiendas se despliegan una tras otra en un estallido de colores y sabores.

Enclavada sobre el paisaje deslumbrante dominado por la bahía de Nápoles y el Vesubio, Sorrento es la puerta de entrada tanto a la historia por su proximidad con Pompeya, como a la abrupta belleza de la Costiera Amalfitana; enfrente, a menos de una hora de navegación, se encuentra la pequeña Capri, una isla tan paradisíaca como glamorosa.

Sant´Agata sui Due Golfi

El alojamiento es complicado en Sorrento si no se toman precauciones al respecto y lo aprendimos tardíamente, así que optamos por la cercana Sant´Agata sui Due Golfi ante mi equivocada sugerencia, ya que cada persona construye el mundo según sus esquemas y al ver que sólo estaríamos a 7 kilómetros hasta imaginé bucólicos paseos a pie de ida y vuelta. Nada más alejado de la realidad por cuanto la geografía sorrentina no se acerca ni remotamente a la planicie de la llanura argentina, y los 7 kilómetros transcurrían entre intrincados caminos de altas colinas que triplicaban la distancia.

Así, al arribar cometimos el carísimo error de tomar un taxi ante la mirada de espanto del dueño de Maison Fernanda, nuestro hospedaje durante la estadía en el sur de Italia. “Hay autobuses”, murmuró mientras descendíamos del transporte y Juan procedía a hacer efectivo el pago de uno de los servicios más caros de la historia de nuestros periplos. Pero finalmente estábamos allí y, una vez instalados, tomamos un café con leche reparador y nos dedicamos a visitar la pequeña localidad.

Sant´Agata sui Due Golfi remite a la privilegiada ubicación geográfica en la que se emplaza, en la colina que domina las bahías de Nápoles y Salerno, gozando en consecuencia de privilegiadas vistas en un ambiente aún sereno, pese a la cantidad de hoteles y establecimientos gastronómicos necesarios para atender a los ansiosos turistas. Esta santa originaria de Palermo, tan rica como hermosa y cristiana, huyó a Catania para evitar el acoso de Quinciano, gobernador de Sicilia obsesionado con la belleza de la joven. Su negativa enfureció al romano, quien determinó que fuera hecha prisionera y sometida a crueles tormentos, pero un terremoto sacudió la región mientras era torturada y los habitantes exigieron el cese del suplicio. Finalmente murió en prisión, dando gracias por haber conservado la entereza y sostenido su devoción virginal.

El minúsculo centro histórico alberga una pequeña iglesia cuya estructura actual data del siglo XVII, aunque su referencia más antigua remite a 1475 y atribuye su fundación a la familia Festinese para agradecer a la Virgen María por haber preservado a una de sus hijas del ataque de un lobo. El altar fue realizado por el artista Dionisio Lazzari en mármol policromático con incrustaciones de nácar y lapislázuli: allí refulge un busto de plata de la santa en cuyo honor fue bautizada la localidad.

Carmelitas del Desierto

Camino arriba por la colina, bordeando una calle flanqueada por árboles donde el aire de tan limpio resulta transparente, se encuentra el Monasterio de San Pablo, un convento carmelita que se puede visitar con sólo seguir el trazado de la Vía Deserto hasta arribar a una entrada presidida por la efigie del santo; allí las monjas se rigen por estrictas normas de clausura pero resulta factible ingresar en silencio y subir hasta la terraza para acceder al mirador situado a 1500 metros de altura.

La estructura del edificio data de 1679 y fue construída por la orden de los Carmelitas Descalzos; en 1867 el Padre Ludovico da Casoria solicitó al Papa permiso para erigir en la colina del Deserto un convento de monjas de clausura, lo que determinó la modificación de la obra original, su ampliación y adecuación. El monasterio, si bien en su denominación alude unicamente a San Pablo, también se encuentra dedicado a la omnipresente Agata.

El mirador permite perder la vista sobre el golfo de Nápoles y avistar el Vesubio, desviar apenas la mirada hacia el golfo de Salerno y contemplar el contorno de Capri sobre las aguas azules, en una conjunción de belleza paisajística que resulta casi imposible describir y transmitir.

Periplo fragante florentino: Lorenzo Villoresi, i Profumi di Firenze, Officina Profumo-Farmaceutica di Santa María Novella

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Si bien Francia ha ostentado tradicionalmente el galardón de ser la cuna del perfume, los italianos no se quedan atrás en el arte alquímico de elaboración de fragancias. Para aquellas personas aficionadas a los aromas como es mi caso, Italia resulta una verdadera perdición sobre todo en lo referido a las fragancias denominadas nicho, aquellas en las que la razón de ser de sus fundadores es la creación de perfumes orientados a un público que aprecia opciones diferentes a las que ofrece el circuito clásico o mainstream.

Florencia es una ciudad única por la riqueza de su patrimonio artístico y esta cualidad se extiende al arte del perfume. Estos elixires cuya creación mucho tiene en común con la tarea incansable de los alquimistas para mutar la piedra bruta en oro me generan asombro y misterio: es necesario un don especial para conjugar ciertos ingredientes de modo tal que resulte una fragancia irresistible, generadora de un halo de atracción en quien la porta.

Así fue que una tarde, antes de cruzar el Ponte Vecchio para regresar al hotel luego de visitar el Palazzo Pitti, Juan me acompañó a bordear el río Arno camino a la Vía de` Bardi, para encontrar en el número 12 la boutique de Lorenzo Villoresi, quien en el año 1981 comenzó a crear perfumes a partir de la inspiración resultante de sus viajes a Medio Oriente. Con el correr del tiempo, este hijo dilecto de Florencia ha procurado recrear tanto el aroma del Mediterráneo como las fragancias de los mercados, los jardines y las flores de su tierra natal.

Pese a la profusa cantidad de efluvios que componen la colección Villoresi, algunos de las cuales se han convertido en verdaderos objetos de culto, este admirador de la belleza en sí misma y para quien lo bello configura un puente hacia el paraíso aún sueña con crear un perfume que recree el olor del desierto, la esencia de la libertad que se desprende de la conjunción del cielo y la arena. Mientras tanto y haciendo votos para que cumpla su sueño, la visita a su palazzo deviene imprescindible para los amantes de sus creaciones que visitan Florencia.

I Profumi di Firenze

El farmacéutico Giovanni di Massimo es el alma mater del local ubicado en el corazón de la Piazza della Signoria, donde la calidad de los productos elaborados en base a altas concentraciones de elementos naturales y vegetales resulta la premisa principal. Cosmética, nutrición y perfumería componen el mundo de Spezierie Palazzo Vecchio, un sitio encantador donde el tiempo parece haberse detenido en antiguas fórmulas basadas en la Naturaleza condensadas en el Libro delle Erbe de su fundador.

Di Massimo, doctorado en farmacia desde 1965, se dedicó a estudiar apasionadamente los principios de la fitocosmética y la fitoterapia, convencido de la necesidad de armonizar cuerpo-mente y espíritu de manera integral, evitando los dañinos conservantes y químicos. Cada vez más imbuido de las tradiciones naturalistas, con el tiempo incursionó en el universo de las fragancias elaborando perfumes artesanales a los que bautizó con el nombre de la ciudad.

Una pluralidad de materias primas se pueden encontrar en las diversas composiciones que ofrece i Profumi di Firenze: cítricos, aromáticos, florales, frutales, especias, gourmands… Todos tributan en definitiva a la memoria de Caterina Sforza de´Medici, cuyo manuscrito Experimenti fue la punta de lanza para situar a Florencia en el cenit renacentista de la perfumería. Y todos procuran retrotraernos, en palabras de di Massimo, “… a aquella parte tierna de nuestra memoria que remite a la primera infancia y a la juventud, y para reencontrarla basta con la fresca, dulce y encantadora fragancia de un perfume de Florencia”.

La fotografía corresponde al sitio web del blog Spezierie Palazzo Vecchio.

Officina Profumo-Farmaceutica di Santa María Novella

Los frailes dominicos fundaron una de las farmacias más antiguas del mundo allá por el año 1221, cuando a poco de arribar a Florencia comenzaron a cultivar en la huerta del convento las hierbas medicinales con las que preparaban medicamentos y pócimas para curar a los enfermos que necesitaban sanarse dentro de sus claustros. Recién en 1612 se abrieron las puertas al público de una pequeña farmacia dirigida por Fray Angiolo Marchissi, a quien el Gran Duque otorgó el honor de denominarla Fonderia di Sua Altezza Reale.

En el siglo XVIII, la fama de las fórmulas magistrales elaboradas por los frailes boticarios llegaba a destinos tan lejanos como China, India y la Rusia de los zares. El siglo XIX trajo consigo la unificación italiana y la confiscación de los bienes de la iglesia por el gobierno central; la antigua farmacia fue cedida a Cesare Augusto Stefani, sobrino del último fraile director y, hasta la fecha, las cuatro generaciones que lo sucedieron tuvieron a su cargo la antigua Officina.

La tradición dominica ha cedido el paso a la belleza y el edificio que integra el conjunto arquitectónico de Santa María Novella resulta una visita obligada en Florencia, porque más allá de constituir un verdadero santuario del perfume, su magnífica estructura con pisos de mármol, vitrales y frescos bajo los altos techos abovedados conforma el espacio donde otrora se encontraba el antiguo laboratorio dominico, y deja boquiabierto a quien lo visita con el propósito de adquirir alguna creación perfumada.

Basílica di Santa Croce, Museo dell`Opera, Loggia della Signoria

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La Basílica di Santa Croce se emplaza en la piazza del mismo nombre y constituye uno de los símbolos de la grandeza artística de Florencia. Su arquitectura gótica, enriquecida por el enorme acervo cultural que alberga en su interior, es el sitio donde reposan eternamente artistas, escritores y políticos en monumentos funerarios de serena belleza; de ahí que se la reconozca como Templo dell´Itale glorie por definición del poeta Ugo Foscolo, cuyos restos se encuentran en el interior del magnífico templo.

La fachada principal impacta a primera vista desde lo alto de la escalinata, mientras un pensativo Dante Alighieri domina la escena desde un costado de la iglesia. Florencia no olvidó a su afamado hijo muerto en el exilio en Ravena y, aunque sus restos descansan en esta ciudad, se erigió un monumento funerario en su nombre en el interior de Santa Croce bajo la dirección del escultor Stefano Ricci, en el año 1829.

Las naves laterales de la basílica albergan otros sepulcros tan notables por su diseño como por los restos mortales que allí se encuentran. Giorgio Vasari fue el encargado de llevar a cabo el monumento dedicado a Miguel Ángel, quien en principio había sido enterrado en Roma. Su sobrino Leonardo recurrió al duque Cosimo I de Medici; el noble se ocupó del traslado, organizó un funeral con honores en Florencia y encargó a Vasari el diseño del monumento donde yacen también los restos de la totalidad de la familia Biuonarrotti, extinguida en 1858.

El busto de Galileo Galilei preside la tumba del científico, rodeado por sendas alegorías: Astronomía y Geometría custodian sus restos. También Nicolás Macchiavelo encuentra su última residencia en Santa Croce, presidido su monumento por la alegoría de la Política. Doscientas setenta y cinco lápidas se encuentran en el pavimento y las paredes; por razones de prevención, luego de la inundación padecida por la ciudad en 1966 gran cantidad de tumbas que se encontraban en el interior de la iglesia fueron trasladadas a la galería inferior del claustro.

Habría que pasar varias semanas en el interior del templo para comenzar a asimilar la riqueza artística que alberga, porque tanto la planta principal como las capillas laterales conforman un conjunto indescriptible en el que se encuentran representados todos los ciclos pictóricos: Giotto, Taddeo Gaddi, Nicolò Gerini, Spinelo Aretino son algunos de los maestros que dejaron su huella en Santa Croce.

Párrafo aparte merecen las capillas adquiridas por históricas familias florentinas como panteones familiares; como ejemplo, la Capella Medici dedicada a los santos Cosme y Damián, protectores de la familia, donde el retablo de cerámica de Andrea della Robbia, en el que se destacan la Virgen con el Niño rodeada de ángeles y santos, rivaliza en belleza con el altar cerámico que su hijo Giovanni tallara en la Capella Pulci-Berardi.

Museo dell`Opera

Las instalaciones del antiguo monasterio franciscano destinadas a la vida diaria de los  frailes como el comedor, los patios y los claustros albergan hoy el Museo dell´Opera di Santa Croce, que contiene obras de arte tan únicas y especiales como las que se pueden disfrutar en el interior del templo. Dicen que fue el mismo San Francisco de Asís junto con un grupo de hermanos de la incipiente orden quienes se instalaron en Florencia en el siglo XIII y levantaron una capilla dedicada a la Santa Cruz, ampliándose más tarde la obra hasta erigir un monasterio con claustros, patios y una huerta y conformando uno de los complejos religiosos más grandes de la república florentina.

El claustro más antiguo oficiaba de cementerio y fue afectado por la inundación del año 1966, que causó pérdidas irreparables en los edificios más cercanos al río; en la galería inferior se pueden observar las tumbas ornadas que se encontraban originalmente en la iglesia. En el antiguo refectorio, un mural de Tadeo Gaddi que data de 1333 representa la Crucifixión como Árbol de la Vida, en la que se destacan diversos aspectos de la existencia de Jesús. Un mural del mismo autor evoca el momento de la eucaristía en La Última Cena, en el que los apóstoles se encuentran rodeando a Jesús mientras Judas permanece de espaldas, en una clara alusión a la traición más trascendente de la historia.

Cerámicas, yesos, frescos recuperados: una exposición enriquecedora conforma el acervo del museo, en el que resulta obligada la visita a la Cappella Pazzi, concebida como sala capitular y luego capilla fúnebre de los poderosos aliados de los Médici, cuya autoría pertenece a Filippo Brunelleschi y es considerada una de las obras maestras más importantes del Renacimiento italiano.

Loggia della Signoria

En la Piazza della Signoria, circundada por las soberbias construcciones palaciegas Uffizzi y Vecchio, se encuentra la Loggia della Signoria, donde transcurrían las ceremonias y actos públicos en la Florencia medieval y renacentista. El edificio de estilo gótico data de 1380; desde el techo, hoy terraza de la Galleria degli Uffizi, la familia Médici supervisaba los hitos importantes que se llevaban a cabo en la piazza.

A partir del siglo XVI su magnífica estructura alberga un museo al aire libre que permite contemplar sin más verdaderas obras maestras del arte de la escultura: Perseo de Benvenuto Cellini y El Rapto de la Sabinas de Giambologna son sólo algunos ejemplos de la riqueza artística de este emplazamiento custodiado en cada una de las cuatro columnas de la fachada por las virtudes cardinales: templanza, fortaleza, justicia y prudencia se erigen sobre la plaza mas emblemática de Florencia.

Desde el café fundado en el año 1872 por Enrico Rivoire se puede degustar alguna dulzura dejando el tiempo pasar, mientras los ojos se solazan con la elegancia del arte florentino. Menelao sosteniendo el cuerpo de Patroclo, de autor desconocido, arribó a Florencia en el año  1579 con motivo del obsequio del papa Pío V a Cosimo di Medici y desde 1841 integra el acervo cultural de la Loggia della Signoria: la expresiva belleza de la escultura retorna desde el recuerdo a aquellos momentos en que la contemplaba una y otra vez, antes de partir con un nudo en la garganta de mi añorada Florencia.

Santa María Novella, la casa de Miguel Ángel, Loggia del Mercato Nuovo

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Los viajes conjugan experiencias, vivencias e imágenes que quedan flotando en la retina y decantan internamente, paso a paso. A veces un inconveniente técnico deviene adecuado, porque permite internalizar aún más aquellos días vividos antes de volcarlos en la página en blanco, más allá de la ansiedad inicial.

Así mis días en Florencia retornan con todo ímpetu desde el recuerdo y me introducen nuevamente en las arterias de esa ciudad añorada, entre las que se encuentra la arquitectura gótica de la Basílica de Santa María Novella.

Los dominicos, con ideas claras acerca del espacio y las proporciones, imaginaron un templo que representara la ideología de su orden. Dominicos eran Sisto y Ritoro, quienes en 1246 soñaron con levantar una magnífica iglesia sobre aquella trazada por los primeros frailes que arribaron a Florencia en 1200. No fue hasta 1360 que el hermano Jacopo Talenti pudo concluirla, aunque la fachada de mármol que la caracteriza se debe a la solvencia económica del mercader Giovani Rucellai, quien contribuyó con su peculio a culminarla en el año 1458.

Tres naves sostenidas por pilares conforman el interior de cruz latina con un rosetón en la fachada que representa la Coronación de la Virgen; las obras de arte que alberga requieren de varias horas para contemplarlas, mientras se disfruta una atmósfera de paz que prevalece pese a la cantidad de visitantes que deambulan admirados. Capillas y altares resultan magníficos en sí mismos, y los frescos se deben a artistas de la talla de Giambologna, Filipino Lippi y, en el caso de la capilla Tornabuoni, del mismísimo Miguel Angel.

El magnífico Crucifijo, obra de témpera sobre madera de Giotto di Bondone, un revolucionario del arte de su tiempo, fue donada a los frailes dominicos por Ricuccio del fu Puccio del Magnaio bajo una sola condición: mantener siempre una vela encendida delante de la imagen. El Cristo de Giotto abandona las líneas rectas y su anatomía revela una impronta humana que parece sobresalir del madero, bañada por el aura luminosa que ingresa a través de los ventanales góticos que circundan el altar mayor.

La casa de Miguel Ángel

En la esquina donde la Vía Ghibellina se cruza con la Vía Buonarroti se encuentra la residencia que Miguel Ángel adquirió para su sobrino Leonardo, luego decorada por el hijo del último, Miguel Ángel el Joven. El último Buonarroti, llamado Cosimo, falleció en 1858 y cedió los derechos sobre el inmueble a la ciudad de Florencia; allí se erige ahora un museo donde se puede obtener una semblanza de los primeros pasos del artista.

Cada año se organizan exposiciones vinculadas a la vida y obra del genial Miguel Ángel, tanto en el aspecto artístico como en su faceta personal; en ocasión de nuestra visita pudimos acceder a la exposición acerca de su rol durante el asedio de Florencia, ya que había sido puesto al frente de las fortificaciones y defensas debido a su experiencia como arquitecto militar. Allí se exhibían bocetos, anotaciones y planos que lo situaban en un entorno completamente diferente: un testimonio evidente del profundo amor de Miguel Ángel por la república florentina.

Sin perjuicio de la contemplación de dos magníficos relieves de mármol como la Virgen de la Escalera, que data de 1490 y se considera su primera escultura, y la Batalla de los Centauros, concebido inicialmente para la sacristía nueva de San Lorenzo, el museo alberga en su hermosa estructura barroca obras de arte que pertenecieron a la familia, archivo, biblioteca y una amplia colección de dibujos, así como diversos retratos del artista, esculturas, mayólicas y hasta hallazgos arqueológicos exhibidos en sus dos magníficas plantas.

Mercado del Porcellino

Su carácter de copia del original tallado en mármol que data de épocas romanas y se puede apreciar en Gallerie degli Uffizi no logra hacer mella: el Porcellino de bronce que custodia la Loggia del Mercato Nuovo ha desplazado la denominación del sitio emplazado en la Piazza della Reppublica y conserva un notable estado, habida cuenta del año en que fuera esculpido por Pietro Tacca: 1612.

La fuente que contiene a la mascota florentina se encontraba situada frente a la Farmacia del Jabalí, sitio donde se reunían tanto los intelectuales del siglo XVII como los comerciantes textiles, quienes se refrescaban mientras ofrecían sus productos en el lugar. Si bien la seda y los metales preciosos han dejado de constituir el objeto principal de las transacciones y hoy los puestos que se montan a diario ofrecen artesanías típicas de la ciudad, las personas se siguen congregando alrededor del Porcellino, acarician su hocico y arrojan una moneda en su boca para obtener la bendición de la abundancia.

Escondida entre puestos y turistas, en el centro del mercado se encuentra la llamada piedra del escándalo o dell´acculata, cuyo mármol verde y blanco se encuentra gastado por el paso del tiempo y reproduce el tamaño natural de una rueda de carraccio, el carro tradicional de la República de Florencia. Allí eran conducidos en el Renacimiento los deudores insolventes, a quienes se los despojaba de los pantalones y luego eran arrojados con fuerza una y otra vez contra la piedra: a partir de esta época la expresión “con il culo a terra” significa que ha arribado un período de adversidad o mala fortuna.

En Pisa, el Baptisterio, el Camposanto

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En poco más de una hora el tren abordado en la estación Santa María Novella nos depositó en Pisa, una ciudad con ritmo propio fagocitada por su famosa torre. Un autobús a pocos metros simplifica el arribo al monumento tradicional, pero optamos por andar cerca de dos kilómetros hasta divisar el perfil ladeado a la izquierda; como todo camino, al seguirlo sin prisa y con atención nos deparó sorpresas agradables.

La calle casi peatonal facilita el tránsito de los visitantes, que deambulamos entre comercios y restaurantes hacia el río. Pisa se encuentra atravesada, como Florencia, por el río Arno, y la actividad de sus habitantes se ha vinculado desde siempre a este brazo de agua que domina esta ciudad etrusca originariamente, romana luego y finalmente independiente en el siglo IX, cuando tuvo su momento de gloria como pilar defensivo ante los ataques corsarios y una considerable expansión económica por el comercio de especias y textiles con Oriente.

El poder se disputaba entre las ciudades italianas y Pisa no fue ajena a la rivalidad con Lucca y Florencia; primero vencida por los genoveses y luego por los florentinos resurgió con los Médici a partir de 1406: en la Piazza del Cavalieri se pueden ver varios palazzos que hoy son edificios públicos, entre los que se destaca el Palazzo della Carovana así como la iglesia de Santo Stefano, erigidas por Giorgio Vasari por encomienda de Cosimo I.

Obviamente la Piazza del Miracoli y el fabuloso conjunto arquitectónico que conforman la torre inclinada, la Catedral, el Baptisterio y el Camposanto componen la imagen de Pisa que ha dado la vuelta al mundo y que despierta el interés de millones de turistas al año. Conviene arribar y adquirir la entrada inmediatamente porque el número de personas que puede subir cada vez a lo alto de la torre es limitado; las visitas están bien organizadas y no hay demoras significativas. Quien quiera disfrutar de la vista de la ciudad desde lo más alto del campanario del Duomo, conocido como torre inclinada, debe estar dispuesto a subir una larga serie de escalones que bien valen la pena el esfuerzo.

Se dice que Galileo lanzó desde lo alto del monumento varias bolas de cañón para probar su teoría sobre masa y velocidad: sea o no cierto, la peculiar inclinación de la torre, su color marmóreo recortado sobre el cielo en consonancia con la Catedral y el conjunto que conforman con el Camposanto y el Baptisterio sella su destino turístico de manera irrefutable. Confieso que fui sin demasiadas expectativas al encuentro de este particular campanario: sin dudas, recomiendo la visita y, si el estado físico lo permite, abordar sus 294 escalones desgastados por las pisadas de tantos viajeros seducidos por su historia.

El Baptisterio

Del latín baptisterium, así se denomina al lugar donde se encuentra emplazada dentro de un templo la pila bautismal, o bien al edificio contiguo que se emplea únicamente con ese fin. Hasta el siglo XVII era común que los baptisterios se construyeran fuera de las iglesias; luego comenzaron a integrarse a la construcción principal.

El actual Baptisterio de Pisa fue erigido en el año 1152 y su construcción demandó dos siglos; el edificio previo erigido a tal fin era menos imponente en forma y tamaño. Su interior remite al Santo Sepulcro y si bien no resulta tan fastuoso como el florentino, la pila bautismal data de 1246 y el púlpito del año 1260 fue esculpido por Nicolás Pisano.

Dedicado a San Juan Bautista, el arte que reflejan sus paredes representa las distintas etapas de la vida del santo, bañadas por la luz que se filtra discretamente entre las ventanas. Se puede subir a la segunda planta sin demasiado esfuerzo para contemplar la perfecta alineación con el Duomo y el magnífico conjunto arquitectónico en perspectiva, siendo una alternativa posible para aquellas personas a las que les resulte dificultoso el ascenso al inclinado campanario.

El Camposanto

Un muro imponente de mármol que mide 42 metros de largo señala el sitio donde se emplaza el Camposanto monumentale, formidable edificio cuya construcción comenzó en el año 1278 y concluyó dos siglos después. Estaba destinado a albergar viejos sarcófagos de la época romana que luego emplearon utilitariamente los descendientes de ilustres pisanos; las galerías interiores fueron ocupadas por los restos de ciudadanos de menor jerarquía.

Los monumentos funerarios comenzaron a rivalizar en diseño y opulencia para destacar la importancia social de quienes habrían de dormir el sueño eterno en su interior. Los muros de las galerías fueron decorados con pinturas alusivas como El triunfo de la muerte o El juicio universal, que debieron recuperar su antiguo esplendor en sucesivas ocasiones: el traslado a Francia de varios sarcófagos y frescos, el abandono estatal y una bomba incendiaria arrojada durante la Segunda Guerra Mundial fueron algunos de los acontecimientos que afectaron sólo parcialmente el formidable patrimonio que guarda su interior.

Entre los monumentos mortuorios que allí se encuentran se destaca el sepulcro de don Ottaviano Fabrizio Mossotti, físico, matemático e intérprete de La Divina Comedia muerto en el año 1863, presidido por una sensual alegoría de la Astronomía del escultor Giovanni Duprè.

Palazzo Pitti, el jardín de Bóboli, la gruta de Buontalenti

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Dicen que fue el mismísimo Brunelleschi quien proyectó la obra monumental por encargo de Luca Pitti y que el homónimo del banquero florentino, el arquitecto Luca Fancelli, concluyó la parte principal en 1458 que luego fue ampliada por los sucesivos moradores. Lo cierto es que el Palazzo Pitti ostenta su estampa sin pudor porque es el más importante de los palacios florentinos renacentistas en cuanto a tamaño y arquitectura y ello, sin duda, no es poca cosa.

Cosme I contrajo enlace con Leonor de Toledo a fin de afianzar su posición política en Florencia, motivado no sólo por su estirpe noble sino también por la fortuna que aportaba al matrimonio. Cosme tuvo mucha suerte, porque Leonor no sólo era joven y rica sino también tan hermosa como emprendedora y en el año 1549 adquirió el Palazzo Pitti, que a partir de ese momento fue residencia de los Duques de Toscana. Tres siglos más tarde, los reyes de Italia habitarían la mansión en el período en que Florencia fue capital del país.

Actualmente el impresionante edificio es un museo en el que se pueden pasar horas enteras admirando la colección de arte que alberga la Galería Palatina, visitando los aposentos donde tenía lugar la vida familiar y social de sus moradores y disfrutando las exposiciones temporarias; en nuestro caso, las joyas del Gran Duque se encontraban exhibidas al público y tuvimos acceso a la magnífica colección.

La Galería Palatina no es una pinacoteca más, porque contiene obras maestras de los siglos XV al XVIII que se encuentran a la vista en diversas salas, cada una de las cuales responde al nombre latino de los dioses del Olimpo. Así en la Sala de Venus se encuentran cuadros de Rubens y Tiziano como Ulises en la isla de los feacios y Retrato de dama; en la Sala de Marte Virgen con el Niño y Virgen del Rosario de Murillo, en la Sala de Júpiter Virgen de la Silla de Rafael; en una enumeración que comprende las principales escuelas italianas y europeas de la época debida al impulso inicial de Cosme II y a la afición por el arte de Fernando II.

El Palazzo cuenta con un agradable restaurante para instalarse a recobrar fuerzas antes de visitar la Galería de Arte Moderno y contemplar el patio principal, vislumbrando la belleza del trazado del jardín de Bóboli. Nosotros recorrimos el edificio durante medio día y optamos por volver a cruzar el Ponte Vecchio retornando al centro por la vía Tornabuoni, donde los edificios históricos no han perdido su antiguo esplendor.

Jardín de Bóboli

Cosme I encomendó al arquitecto florentino Raffaello el trazado de un jardín sobre el terreno de una antigua cantera, probablemente adquirida a una familia cuyo apellido ha perdurado en la denominación de este magnífico espacio. Si bien se había casado con Leonor para consolidar su posición política y económica, al poco tiempo se enamoró perdidamente de su esposa y quería obsequiarle un espacio acorde con su belleza. El jardín de Bóboli, desplegado sobre la ciudad de Florencia, hoy es Patrimonio de la Humanidad debido al trazado y diseño que concluyó, luego de la muerte de Raffaello, Bartolomeo Ammannati.

El acceso, detrás del patio del Palazzo Pitti, conduce a una avenida principal que desemboca en un prado en el que se emplaza un obelisco egipcio, en el medio del anfiteatro en forma de herradura donde se han llevado a cabo eventos artísticos hasta la actualidad. Estatuas de diferentes estilos y períodos ornamentan la avenida, que culmina en un lago del que surge la magnífica fuente de Neptuno, réplica de la obra de Giambologna del año 1576.

El jardín cuenta con su propio espacio de arte: el Museo de la Porcelana, situado en lo alto de una colina en un edificio del siglo XVII denominado Casino del Cavaliere. Allí se pueden admirar soberbias piezas provenientes tanto de Florencia y Nápoles como de Viena y Alemania; hay objetos que fueron obsequiados por Napoleón a su hermana y también una pequeña colección que perteneció al último descendiente de la casa Médici, fallecido en 1737.

El diseño del espacio y la serenidad que se respira invitan a pasear sin prisa, imaginando los secretos que deben guardar los árboles que bordean los caminos, testigos mudos de tantas historias que se habrán entretejido en sus recodos. Y aún hay más, porque el jardín guarda misterios vinculados a la alquimia como la gruta de Buontalenti, un espacio mágico que parece suspendido en el mundo entre los mundos.

La gruta de Buontalenti

Bernardo Buontalenti fue un prolífico artista toscano, arquitecto, escultor y pintor, discípulo del maestro Giorgio Vasari, a quien Francisco I de Médici encargó el diseño de una construcción en la que se conjugan características extraordinarias y diversas: tres cámaras con paredes decoradas con estalactitas, estalagmitas y estucos de formas humanas y animales que parecen surgir de manera natural entre las paredes rocosas, con una fachada descomunal presidida por las representaciones de la Paz y la Justicia rodeando el escudo de los Médici mientras Adán y Eva custodian la entrada.

Una gruesa piedra adorna el centro de un pedestal en la primera cámara: quizás significa la evolución geológica del planeta, quizás alude a la piedra filosofal de los alquimistas, pero el efecto es tanto más misterioso por cuanto se encuentra rodeada por los pastores y los elementos marinos que emergen de las paredes como si tuvieran vida propia.

En la segunda cámara se atisban dos estatuas de mármol que representan el rapto de Helena de Troya por el príncipe Paris, aunque a juzgar por la sensualidad que se desprende de la obra del escultor Vincenzo Rossi da Fiesole cuesta imaginar que el troyano haya empleado la fuerza que implica el arrebato; al contrario, el conjunto es más que sugerente respecto de la pasión que los une.

Lamentablemente el acceso se encontraba cerrado y no pudimos acceder a la tercera cámara, en la que se encuentra representado el baño de Venus, de Giambologna: una excusa para comenzar a delinear la próxima visita a Florencia, interminable fuente de arte, historia y misterio.

Todas las fotografías resultan mérito exclusivo de Juan.

En Florencia, la basílica de San Lorenzo, la casa de Dante

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Arribamos a Florencia en tren desde Roma, luego de dormir más de 12 horas entre las sábanas confortables del hotel Piram. El descanso era necesario dada la distancia y el tiempo recorridos desde la salida de nuestra ciudad hasta aterrizar en la urbe del César, con el aditamento del cambio de horario y de clima: cinco horas más tarde y fin del verano boreal, en contraposición a nuestro helado invierno austral.

Florencia se desplegó ante nosotros desde Santa María Novella y luego continuamos grabando sus perfiles en las retinas mientras el taxi nos conducía hasta nuestro alojamiento, a metros de la casa del Dante. Pero esta ciudad es más, si cabe, que la belleza de su arquitectura y el trazado increíble de su centro histórico: el alma florentina remite a los primeros pasos de Maquiavelo y Da Vinci, a la obra descomunal de Brunelleschi, al talento primario de Miguel Ángel y al sello imperecedero de Cosimo de Medici, Pater Patriae por los siglos de los siglos secundado por la nobleza aristocrática de su nieto Lorenzo, el Magnífico.

El centro histórico de Florencia constituye un trazado de la historia de la ciudad: la Piazza della Signoria rinde tributo al Gran Duque Cosme I con una estatua ecuestre situada en el centro, a continuación se encuentra la monumental fuente de Neptuno, acto seguido el imponente Palazzo Vecchio y luego la Gallería degli Uffizi, que alberga una de las colecciones de arte más grandes del mundo. El primero fue durante un período de tiempo hogar de la familia Médici; la última resultó de la inquietud de Cosme i, quien soñaba con reunir en el segundo piso del Palazzo degli Uffizi los tesoros artísticos de la familia, sueño que finalmente plasmaron sus descendientes Francisco y Fernando.

Florencia se encuentra atravesada por el río Arno y no hay mortal que pise sus calles que no se dirija a cruzar el Ponte Vecchio, donde antaño se encontraban los comerciantes exhibiendo sus mercaderías para la venta: la falta de pago de sus deudas autorizaba a los soldados a romper las bancas que cumplían la función de tenderetes y así se habría originado la expresión bancarrota, tan temida por el mundo empresarial.

Una vez más la descendencia de Cosimo atraviesa la historia, porque fue Cosme I luego de su matrimonio con Leonor de Toledo quien adquirió el Palazzo Pitti situado al otro lado del puente, conectando su residencia de verano con el Palazzo Vecchio a través del Corredor Vasariano, que atraviesa la parte superior de las tiendas por la vereda izquierda. Fernando I autorizó luego a los orfebres a instalarse sobre el puente y los comercios conservan hasta hoy el brillo de las joyas que se destacan en sus escaparates y rivalizan, sin éxito, con el paisaje.

La basílica de San Lorenzo

La pequeña iglesia fundada por San Ambrosio en el año 393 fue concebida como una monumental obra religiosa de principios del Renacimiento por Filippo Brunelleschi a instancias de Cosimo y culminada en 1460 por Antonio Manetti, fiel ejecutor del encargo inicial.

La idea del patriarca mediceo era recuperar el clasicismo de las iglesias cristianas, con trazado de cruz latina y capillas adosadas a los costados. En esta magnífica construcción se destaca la capilla original concluída por Brunelleschi en 1422, la cabecera de la nave central con dos púlpitos de bronce de Donatello y la decoración interior debida nada menos que a Miguel Ángel por encargo del papa León X, segundo hijo varón del Magnífico.

El primer miembro de la dinastía Médici descansa en una tumba bajo suelo a la que se accede a través de los jardines de la basílica, en una cripta debajo del altar de la capilla familiar. Un monumental pilar de mármol sostiene el coro en la planta principal y el sarcófago se encuentra custodiado por dos leones sentados: la leyenda tallada consigna que allí yace Cosimo el Viejo, fundador de la familia y puntal del pilar que sostiene el presbiterio de la capilla y la suerte de los Médici, que el monumento fue realizado por Andrea del Verrocchio en 1464 y que un año después la Signoria añadió a la tumba la inscripción Pater Patriae. Todo un símbolo.

La casa de Dante

Cuando el poeta de los poetas falleció en el exilio en Rávena en el año 1322, su hermano vendió la mitad de la casa familiar en la que había nacido Dante. Con el tiempo, su hijo abandonó la ciudad acuciado por las necesidades económicas y el resto del inmueble también fue enajenado, sirviendo para fines diversos como depósito o baulera y perdiendo en consecuencia condiciones de habitabilidad.

No obstante, la tradición popular continuó viva y los vecinos señalaban el sitio como “la casa de Dante”, en alusión al lugar donde el padre de la lengua italiana había abierto los ojos por primera vez. Recién en el año 1960 el Ayuntamiento de Florencia decidió recuperar el inmueble y construir un edificio similar al que había albergado a la familia Alighieri, que hoy es la sede del museo dedicado al insigne florentino y dista pocos metros de la iglesia de Santa Margherita dei Cerchi, donde Dante quedó prendado de Beatriz al verla por primera vez.

La casa de Dante se estructura en tres pisos que dan cuenta de los diversos estadios de la vida del poeta. En el primer piso, su niñez y juventud se amalgaman con la  impronta florentina del siglo Xiii: un muy joven Dante contrae matrimonio a los 12 años y evoluciona desde el empleo público hasta involucrarse en la vida política de la ciudad. En la segunda planta la exposición se centra en su rol como embajador ante los estados pontificios, la multa impuesta por el papa Bonifacio VIII conjuntamente con el exilio por dos años y la imposibilidad de hacer frente a la suma dineraria que lo condenaría a exilio perpetuo.

En el último tramo se pueden observar documentos relativos a su obra cumbre, como una copia de La Divina Comedia del Codice Trivulziano de 1337 y la más pequeña de sus ediciones que data de 1899. El museo se encuentra engalanado con algunas esculturas de Dante, por ejemplo la que ha registrado la fotografía de Juan cuyo autor es el artista ruso Stepan Mokrousov y fue donada en ocasión del 750 aniversario del nacimiento del ilustre florentino.

Para visitar el pequeño santuario en el que Beatriz y Dante contrajeron matrimonio con sus respectivos cónyuges, donde tanto la esposa como el amor imposible del poeta fueron enterradas, hay que tener en cuenta que sólo se encuentra abierta entre las 10,30 y las 12,30 horas y armarse de paciencia ante los grupos de turistas que se instalan para escuchar aplicadamente las explicaciones de sus guías. Cada contingente no permanece más que unos minutos, y en el breve lapso entre unos y otros es posible sentarse, respirar e imaginar el sentimiento que inspiró al Summo Poeta allá por el siglo XIII, vigente como el primer día.